Las empresas que participan en el comercio internacional son, en promedio, más grandes, más productivas y con mayor frecuencia de propiedad extranjera que las empresas que solo atienden al mercado local. No obstante, las pymes de servicios tienen enormes oportunidades para participar en el comercio internacional.
Atender a los mercados internacionales requiere una escala considerable. Pero en la economía digital, el costo adicional de incorporar a un nuevo cliente puede ser mínimo, e incluso las empresas emergentes de servicios pueden entrar en los mercados internacionales, al nacer globales. La música, el cine, el software, los videojuegos y otros productos similares suelen producirse para el mercado mundial por pymes jóvenes. Sin embargo, la mayoría de los mercados de servicios dependen también del mundo físico, además de la economía digital. En estos casos, las empresas emergentes de servicios pueden ampliar su alcance mediante la participación en cadenas de valor internacionales.
Otra forma de que las pymes de servicios participen en el comercio internacional es mediante franquicias con empresas multinacionales, a menudo del sector manufacturero. Los franquiciadores aportan una marca comercial, know-how y, en ocasiones, crédito. Las pymes también pueden participar en el comercio internacional utilizando plataformas de internet extranjeras para conectar con clientes locales a quienes prestan el servicio fuera de línea.
Aunque las oportunidades son numerosas, y se ha argumentado que el siglo XXI pertenece a la microempresa multinacional, los desafíos y obstáculos también son muchos. En primer lugar, siempre resulta más difícil para las pymes absorber regulaciones onerosas y trámites burocráticos que para las empresas más grandes. En segundo lugar, la capacidad de permanencia en el mercado exige estar al día con tecnologías y gustos de los consumidores que cambian rápidamente, lo que requiere importantes recursos humanos y financieros.
Las empresas nacen pequeñas, y unas pocas también nacen globales. La gran mayoría de las empresas de servicios que logran sobrevivir en los mercados internacionales crecen rápidamente hasta alcanzar una escala sostenible. Algunas crecen orgánicamente, otras se integran en redes internacionales y muchas son adquiridas por empresas más grandes.
La política debe, ante todo, eliminar los obstáculos innecesarios al emprendimiento y las barreras de acceso a los mercados extranjeros. Las reformas de la regulación interna que beneficiarían especialmente a las empresas emergentes y a las pymes son: reducir al mínimo la carga de los requisitos de licencia y armonizar con los socios comerciales cuando sea posible; no estigmatizar la quiebra; garantizar mercados de telecomunicaciones y financieros competitivos y bien funcionales, incluido el capital de riesgo; no proteger a los operadores establecidos frente a las empresas emergentes que utilizan tecnologías disruptivas; y proteger los derechos de propiedad intelectual.
Las medidas de política comercial más importantes serían facilitar el flujo de personas físicas que prestan servicios a través de las fronteras, eliminar las barreras al establecimiento de sucursales y oficinas de representación; permitir la libre circulación transfronteriza de datos; autorizar el financiamiento colectivo transfronterizo (crowdfunding); y adecuar los derechos de autor y los derechos conexos a la economía digital.
No se recomienda el apoyo gubernamental a las exportaciones de servicios de las pymes mediante subsidios explícitos o implícitos. No hay evidencia de que estas políticas mejoren el bienestar, estimulen la generación de empleo o la productividad, mientras que sí existe cierta evidencia de que desperdician recursos y se convierten en un obstáculo para el crecimiento a mayor escala.
Este artículo se publica en colaboración con ICTSD. La publicación no implica el respaldo de los puntos de vista por parte del Foro Económico Mundial.
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Autora: Hildegunn Kyvik Nordås es analista senior de política comercial en la OCDE.
Imagen: Un buque portacontenedores sale de Burrard Inlet, en Vancouver, Columbia Británica, el 6 de marzo de 2009. REUTERS/Andy Clark.





