Ha llegado el momento de que Estados Unidos y sus principales socios de América del Norte y del Sur restablezcan un acuerdo comercial hemisférico. El mundo ha cambiado mucho, particularmente en las Américas, lo que abre nuevas posibilidades para una idea propuesta inicialmente por el presidente George Bush padre y luego impulsada con energía por el presidente Bill Clinton, a partir de 1994, en la primera Cumbre de las Américas.
En una cumbre celebrada en 2005 en Mar del Plata, Argentina, la idea pareció morir, en gran medida porque Estados Unidos ya había empezado a impulsar otros acuerdos regionales, incluidos CAFTA-DR, y cedió ante los esfuerzos de Venezuela, Brasil y Argentina por hacer fracasar el acuerdo. Desde entonces, se han producido varios cambios importantes que hacen viable un acuerdo hoy. En primer lugar, ha cambiado el contexto de los acuerdos comerciales mundiales: se están negociando varios acuerdos clave fuera de la región (la Asociación Transpacífica y la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión) que, de concretarse, alterarían el equilibrio competitivo mundial. En particular, Brasil quedaría en desventaja frente a los competidores incluidos en la TPP.
El próximo acuerdo de Facilitación del Comercio de la Organización Mundial del Comercio (OMC) también busca eliminar muchos de los obstáculos mecánicos y procedimentales que frenan el comercio intrarregional, que representa solo el 27 % del comercio total de América Latina, frente al 63 % en la Unión Europea y el 52 % en Asia. En la región, la Alianza del Pacífico vigente, CAFTA-DR y los acuerdos bilaterales (incluidos los de Estados Unidos con Colombia y Panamá) pueden servir de pilares para renovar el impulso hemisférico.
El lenguaje de la Alianza del Pacífico también podría servir como punto de partida para un acuerdo hemisférico de este tipo, dado que sus miembros actuales representan más de un tercio del PIB total de América Latina. Canadá tiene actualmente estatus de observador en la Alianza del Pacífico, pero se lo ha considerado un posible candidato a miembro.
Los recientes cambios políticos y económicos de la región subrayan aún más la necesidad inmediata de un acuerdo de este tipo. Desde la perspectiva de Estados Unidos, en 2005 los «obstructores» del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) eran Venezuela, Argentina y Brasil. Los tres están experimentando cambios de postura, de peso económico o de liderazgo político. La desaceleración de la economía brasileña ha llevado a la presidenta Dilma Rousseff a reconsiderar sus perspectivas contrarias al libre comercio y, a veces, contrarias a Estados Unidos. En su discurso de toma de posesión para un segundo mandato, en enero, Rousseff pareció adoptar un tono distinto, al señalar la importancia de la relación entre Estados Unidos y Brasil y el valor de aumentar el comercio bilateral. Brasil también firmó recientemente dos nuevos acuerdos bilaterales de inversión con Angola y Mozambique. Estas nuevas experiencias de Brasil auguran buenas perspectivas para renovar el impulso comercial en el hemisferio.
A esto se suman las dificultades económicas de Venezuela, que han limitado su capacidad para brindar generosa ayuda a los países vecinos a través de PetroCaribe y otros mecanismos, y queda claro que las dinámicas económicas y políticas de América Latina están cambiando. Las dificultades de Venezuela no terminarán pronto y, por tanto, su capacidad de «participar» a escala regional estará muy restringida. En cuanto a Argentina, es probable que las próximas elecciones creen condiciones propicias para revitalizar el ALCA. Es probable que ambos candidatos principales, Daniel Scioli y Mauricio Macri, procuren una política exterior y económica adecuada para un miembro del G20.
¿Por qué le conviene este acuerdo a Estados Unidos? Más allá del comercio, Estados Unidos y sus otros socios podrían utilizar un ALCA para impulsar varias iniciativas de desarrollo en torno a la capacitación laboral, la energía, la infraestructura y el Estado de derecho. Desde la perspectiva estadounidense, parte de la justificación de la TPP ha sido que nos permitiría establecer las reglas económicas del juego en Asia. Impulsar el ALCA transmitiría un mensaje similar sobre el compromiso con nuestra propia región, tal como hicimos con el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y Colombia en 2011.
El éxito dista mucho de estar garantizado. El clima político actual de Estados Unidos es muy distinto al de 1993, cuando el presidente Clinton logró aprobar el TLCAN con un fuerte respaldo del Partido Demócrata. En la Cámara de Representantes, solo 15 demócratas votaron a favor de CAFTA-DR en 2005 y solo 31 demócratas votaron a favor del acuerdo entre Estados Unidos y Colombia.
Más recientemente, muchos senadores demócratas se han opuesto con vehemencia a conceder al presidente Obama la autoridad de promoción comercial que probablemente será necesaria para finalizar la TPP. No ayuda que Hillary Clinton, quien calificó la TPP como el «patrón oro de los acuerdos comerciales» cuando era secretaria de Estado, no haya querido mantener su apoyo a la asociación por motivos políticos. Los republicanos siguen apoyando en gran medida un comercio más libre, y los posibles candidatos para 2016 parecen estar firmemente a favor de nuevos acuerdos comerciales.
Estados Unidos no podrá impulsar esta agenda por sí solo. Canadá, Colombia, Costa Rica, México y Perú vienen a la mente como los socios iniciales más probables. Si Steven Harper es reelegido más adelante este año, Canadá podría ayudar a poner en marcha el proceso mientras Estados Unidos atraviesa las elecciones de 2016. Los nuevos acuerdos comerciales siempre son asuntos políticos complicados, pero, si hay algún rayo de esperanza para el ALCA, los amigos de la región deberían aprovechar esta oportunidad.
Autor: Daniel Runde ocupa la cátedra William A. Schreyer de Análisis Global y es director del Proyecto sobre el Liderazgo de Estados Unidos en el Desarrollo en el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales. Daniel también es miembro del Consejo de la Agenda Global sobre Estados Unidos.
Imagen: Contenedores de carga listos para su transporte en el puerto de Los Ángeles, 27 de octubre de 2014. REUTERS/Bob Riha Jr.





