El crecimiento de las cadenas globales de valor (CGV) en las dos últimas décadas ha sido uno de los principales acontecimientos del comercio internacional. A medida que siguen disminuyendo los costes de coordinación y comercio, a las empresas les resulta cada vez más atractivo deslocalizar determinadas etapas de su producción. Esto, a su vez, ha dado lugar a la formación de redes de producción regionales y globales, que se manifiestan en una rápida expansión del comercio de productos intermedios y en un aumento del contenido de valor añadido extranjero en las exportaciones (Johnson y Noguera 2012). La figura 1 ilustra esta evolución entre 1995 y 2008.
Figura 1. El auge de las CGV

Fuente: cálculos del autor basados en las tablas interpaíses de insumo-producto de la OCDE.
Al comienzo de esta llamada revolución de las cadenas globales de valor, tanto los responsables de las políticas públicas como los académicos elogiaron las oportunidades de crecimiento y desarrollo que estas ofrecen a los países de ingresos bajos y medios. Estos países quedan liberados de la necesidad de construir cadenas de suministro completas en el ámbito nacional para industrializarse. En cambio, pueden incorporarse más fácilmente a cadenas de suministro existentes y especializarse en tareas específicas de acuerdo con sus capacidades tecnológicas (p. ej., Baldwin 2012, OCDE 2013 y UNCTAD 2013).
Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que surgieran detractores de esta visión tan optimista de las CGV. Les preocupa que estas cadenas sean simplemente una nueva forma de impulsar viejas políticas de comercio liberal que dan a los países desarrollados acceso libre a los mercados en desarrollo (Dalle et al. 2013). También existe la posibilidad de que los países en desarrollo queden atrapados en la trampa de los ingresos medios, estancados en actividades de bajo valor añadido (UNCTAD 2013). Del mismo modo, los responsables de las políticas públicas en los países de ingresos altos actúan movidos por el temor a que los empleos manufactureros se trasladen al extranjero.
Nuevas pruebas basadas en datos detallados de insumo-producto
Nuevas investigaciones muestran ahora que las CGV pueden beneficiar, y de hecho benefician, a la economía nacional si se cumplen una serie de requisitos previos. A partir de un nuevo conjunto único de datos interpaíses de insumo-producto, con amplia cobertura de países y proporcionado por la OCDE, encuentro una relación positiva y sólida entre la participación en las cadenas globales de valor y el valor añadido nacional (Kummritz 2014). Este hallazgo se mantiene para los indicadores basados tanto en los vínculos hacia atrás (es decir, el valor añadido extranjero en las exportaciones nacionales) como en los vínculos hacia delante (es decir, el valor añadido nacional en las exportaciones extranjeras), que reflejan distintas etapas de la cadena de valor.
El resultado encaja bien con el creciente trabajo teórico sobre las CGV y su impacto en la economía nacional (p. ej., Li y Liu 2014, Baldwin y Robert-Nicoud 2014 y Zi 2014). Esta literatura analiza CGV establecidas entre un país de salarios bajos y menor sofisticación tecnológica («sur») y un país de salarios altos y alta tecnología («norte»). Las diferencias entre ambos países hacen rentable la deslocalización al combinar la tecnología del norte con los salarios del sur. Esto, a su vez, genera beneficios y pérdidas para los dos países. Las principales fuentes de ganancias para el norte son las mejoras de productividad, similares a las causadas por el cambio tecnológico, que se deben a la reducción de costes y al aumento de la especialización. El sur, por su parte, obtiene beneficios mediante la mejora tecnológica y una mayor especialización, lo que produce efectos positivos en los términos de intercambio y efectos indirectos.
Sin embargo, las nuevas pruebas empíricas revelan un hecho adicional que la teoría no explica. En concreto, muestran que el efecto positivo de las cadenas globales de valor sobre el valor añadido nacional es estadísticamente significativo solo para los países de ingresos medios y altos. A partir de nuevos indicadores de participación en las CGV, diferenciados por país de origen y de uso, presento pruebas de los canales teóricos de transmisión entre las cadenas globales y el valor añadido nacional que explican estos resultados. En particular, hay indicios de efectos que mejoran la productividad mediante el ahorro de costes cuando los países más ricos se abastecen en países de salarios bajos. En cambio, hay pocas pruebas de que los países de ingresos bajos y medios obtengan beneficios mediante la mejora tecnológica. Otras pruebas sugieren que se necesitan niveles suficientes de capacidad de absorción para que se produzcan esos efectos de transferencia tecnológica. En especial, el capital humano y las instituciones jurídicas resultan ser factores fundamentales para que se generen efectos indirectos positivos en la economía nacional. Como los niveles de capacidad de absorción tienden a ser insignificantes en muchos países de ingresos bajos, la ausencia de beneficios derivados de la participación en las CGV para estos países, en promedio, puede explicarse fácilmente.
Opciones de política
Estos nuevos hallazgos conducen a dos conclusiones para los responsables de las políticas públicas.
En primer lugar, integrarse en las CGV es una estrategia sólida. Interactuar con redes globales de producción puede mejorar la productividad y generar efectos indirectos para la economía nacional, como ha demostrado con éxito un gran número de países de ingresos medios (p. ej., la República Checa y Corea del Sur).
En segundo lugar, la materialización de estos beneficios no está garantizada. Los nuevos participantes deben asegurarse de contar con un buen entorno institucional que incentive a las empresas extranjeras a abastecerse de insumos localmente y a externalizar una proporción cada vez mayor de su producción.
Un próximo trabajo del Banco Mundial expone medidas prácticas para que los países de ingresos bajos y medios se incorporen a las cadenas globales de valor y progresen dentro de ellas (Taglioni y Winkler, de próxima publicación). Ofrece un conjunto de herramientas que los responsables de las políticas públicas pueden utilizar, por ejemplo, para identificar los sectores en los que tienen ventajas comparativas y las posibles carencias que deben abordarse antes de integrarse en las CGV. Esto ofrece una vía concreta para avanzar a los países que actualmente se encuentran al margen de las redes de cadenas globales de valor.
Este artículo se publica en colaboración con VoxEU. La publicación no implica el respaldo a las opiniones por parte del Foro Económico Mundial.
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Autor: Victor Kümmritz es candidato a doctorado en Economía Internacional en el Graduate Institute.
Imagen: Una gaviota vuela sobre el muelle del astillero C.C shipyard Co.Ltd, donde se reacondicionó el ferry surcoreano Sewol. REUTERS/Kim Kyung-Hoon





