Los flujos de capital tradicionales, dominados por las economías occidentales, están evolucionando: surgen centros financieros en toda Asia que desempeñan un papel cada vez mayor en la inversión global.
El nuevo orden mundial emergente se caracteriza por la creciente influencia de los «factores de atracción» internos, como un sólido crecimiento económico.
Los fondos soberanos de inversión impulsan las inversiones en los mercados nacionales, fortalecen las cadenas de suministro, fomentan la autosuficiencia y posicionan a las economías emergentes como líderes financieros mundiales.
«Policéntrico» y «multipolar»: ambos términos se utilizan cada vez más para describir el mundo cambiante en que vivimos.
El cambio hacia un orden mundial distinto no es solo un fenómeno geopolítico, sino también económico, que repercute significativamente en los flujos transfronterizos de capital, comercio e ideas. En resumen, el policentrismo está creando un sistema financiero global más cohesionado e interconectado.
Históricamente, los flujos de capital han estado dominados por unas pocas economías importantes, principalmente Estados Unidos y Europa occidental. Sin embargo, esta influencia ha disminuido en los últimos quince años.
Los orígenes y destinos de los flujos de capital son cada vez más diversos, y surgen centros globales en toda Asia, también en India y Oriente Medio. Podría decirse que estos nuevos patrones han empezado a cambiar el orden económico mundial: hoy, varios de los mercados más dinámicos del mundo importan y exportan capital.
Las fuerzas que están reconfigurando los flujos de capital
Entonces, ¿qué factores impulsan este cambio? Tradicionalmente, se habría considerado que actuaban los fundamentos macroeconómicos, fiscales y de políticas globales —conocidos como «factores de empuje»—, encabezados por las economías avanzadas.
Sin embargo, en este nuevo orden mundial emergente hay indicios de una influencia creciente de los «factores de atracción» internos, como un sólido crecimiento económico, una infraestructura de mercado robusta y una mayor capacidad para absorber inversiones.
La estabilidad política y económica, la responsabilidad fiscal y la certidumbre regulatoria son fundamentales para atraer a inversores sofisticados. Sin embargo, los países con visión de futuro están reforzando activamente su atractivo mediante la creación de centros financieros internacionales, zonas francas y sólidas redes de inversión y comercio: iniciativas clave que atraen capital y posicionan a estos países como centros competitivos de la economía global.
Esto se observa en los Emiratos Árabes Unidos, donde centros financieros como Abu Dhabi Global Market y Dubai International Financial Centre se han convertido en centros globales para instituciones de servicios financieros, oficinas familiares y empresas de tecnología financiera que buscan un entorno favorable para establecer sus operaciones.
Economías en crecimiento que atraen inversiones
En un informe reciente — Una nueva era de los flujos de capital en un mundo policéntrico — publicado por ADQ junto con Abu Dhabi Global Market y la Escuela de Negocios Stern de NYU Abu Dhabi, algunas de las figuras más destacadas del mundo de la inversión compartieron perspectivas que confirman que este fenómeno ya empieza a materializarse. Sin embargo, los datos disponibles aún no lo reflejan plenamente.
En un mundo donde los inversores sopesan el potencial de obtener altos rendimientos frente a los riesgos de entrar en nuevos mercados, las economías en crecimiento resultan cada vez más atractivas. Por ejemplo, los Emiratos Árabes Unidos y Singapur, donde reformas estructurales integrales y medidas específicas para mejorar el atractivo de los mercados han dado lugar a entradas récord de inversión extranjera directa en los últimos tiempos.
Los Emiratos Árabes Unidos buscan duplicar la inversión extranjera directa acumulada (IED) hasta alcanzar los 354.000 millones de dólares y llegar a un saldo total de IED de 600.000 millones de dólares para 2031. La doble función del país como importador y exportador de capital ha creado un entorno de inversión dinámico, en el que la IED mantiene una trayectoria ascendente.
De manera similar, otras economías en crecimiento, como Malasia, también se están beneficiando, ya que sus sectores de servicios y producción prosperan gracias al respaldo de importantes inversiones de países como Japón y Estados Unidos.
En este nuevo orden global emergente, la influencia económica podría distribuirse entre varias regiones, en lugar de concentrarse en unas pocas potencias tradicionales.
El capital soberano como catalizador
La entrada de capital en estos países se debe en parte al rápido crecimiento de la riqueza soberana. Los inversores soberanos están reasignando fondos que antes invertían en el extranjero para impulsar el desarrollo económico interno y, así, crear un entorno propicio para la inversión.
Estas inversiones respaldadas por capital soberano fortalecen estratégicamente las cadenas de suministro, crean plataformas empresariales nacionales con alcance global y amplían industrias clave.
A su vez, este enfoque genera un efecto multiplicador: reduce la dependencia de los mercados externos y, al mismo tiempo, atrae inversión extranjera, ahora dirigida a sectores de alto crecimiento con perspectivas de éxito a largo plazo, y respalda objetivos a largo plazo como la diversificación y la autosuficiencia.
El capital fluye más allá de los destinos tradicionales
A medida que el capital se desplaza más allá de los destinos tradicionales, el cambiante panorama financiero global presenta una oportunidad clara: las economías en crecimiento que aprovechen estratégicamente estos cambios están en condiciones de moldear el futuro y propiciar un mundo más interconectado, dinámico y resiliente.
Al aprovechar sus ventajas particulares —como un sólido crecimiento económico, una infraestructura avanzada y un clima de inversión favorable—, estas economías contribuyen a un mundo más policéntrico.
En este nuevo orden global emergente, la influencia económica podría distribuirse entre varias regiones, en lugar de concentrarse en unas pocas potencias tradicionales. Para las empresas, los inversores y los responsables de formular políticas, esto ofrece una oportunidad excepcional para impulsar un crecimiento sostenible a largo plazo, diversificado, resiliente y adaptable a los futuros cambios económicos.





