El último debate sobre el Brexit ha llevado a muchos a recordar otro episodio histórico en el que el Partido Conservador del Reino Unido se dividió por una cuestión controvertida. En 1846, el primer ministro Robert Peel cambió de opinión y derogó las Leyes de Cereales, que habían dividido a su partido. ¿Se repetirá la historia?
Las Leyes de Cereales habían protegido a los terratenientes al resguardar los granos producidos en el país de la competencia extranjera mediante aranceles elevados. Fueron necesarios los argumentos de los grandes economistas como David Ricardo y de quienes siguieron sus ideas para acabar con una creencia mercantilista arraigada, según la cual los países debían lograr superávits comerciales, incluso mediante el proteccionismo.
Al trabajar con los whigs de la oposición, sir Robert Peel logró derogar las Leyes de Cereales pese a la división del Partido Conservador. También hay ecos de la historia en este caso: la actual primera ministra, Theresa May, necesita trabajar con el Partido Laborista de la oposición para lograr que se apruebe su acuerdo de retirada del Brexit antes de la nueva fecha límite del Brexit, fijada para el 31 de octubre.
La derogación de las Leyes de Cereales a mediados del siglo XIX anunció un periodo de globalización que acompañó la creciente prosperidad de una Gran Bretaña en proceso de industrialización. Condujo al primer acuerdo de libre comercio de la historia entre el Reino Unido y Francia, firmado en 1860, concebido para establecer vínculos comerciales entre estas naciones, que antes habían estado en guerra.
Pero dividió a los tories. El mandato de sir Robert Peel como primer ministro terminó poco después de la derogación de las Leyes de Cereales. Su partido se dividió cuando los disidentes se unieron a los whigs.
La primera ministra Theresa May ya ha admitido que su mandato terminará cuando el Parlamento apruebe su acuerdo de retirada del Brexit. Su intento de negociar un acuerdo con el Partido Laborista de Jeremy Corbyn está profundizando las divisiones en su propio partido, ya que el resultado del Brexit que prefiere la oposición es un acuerdo aduanero con la UE. Esto contribuiría a resolver la frontera terrestre irlandesa – el principal escollo del acuerdo del Brexit de la primera ministra, que ha sido rechazado tres veces en la Cámara de los Comunes.
Pero, al compartir un arancel exterior común, Gran Bretaña no podría negociar sus propios acuerdos comerciales, una ventaja importante para definir la política económica del Reino Unido. La propuesta laborista consistiría en que el Reino Unido tuviera un papel consultivo en los acuerdos comerciales internacionales de la UE. Aún queda por negociar si eso es viable, pero el presidente francés Emmanuel Macron ya ha expresado su oposición.

Como las dos rondas de votaciones indicativas celebradas en el Parlamento no han revelado una mayoría a favor de un acuerdo alternativo sobre el Brexit, y los diputados han descartado la opción de una salida «sin acuerdo», un pacto entre conservadores y laboristas busca elaborar un acuerdo capaz de reunir apoyos. Pero si ese pacto incluye el acuerdo aduanero, ¿podrían profundizarse aún más las divisiones dentro del Partido Conservador? Hay tories que prefieren salir sin acuerdo, por lo que privar a Gran Bretaña de la capacidad de negociar sus propios acuerdos comerciales podría dar lugar a una controversia que recuerde a la del siglo XIX, cuando las Leyes de Cereales provocaron divisiones tan profundas.
Al fin y al cabo, para que Gran Bretaña abandone la Unión Europea de forma ordenada hará falta un acuerdo de retirada. La primera ministra intenta conseguirlo, pero podría costarles el cargo a los conservadores.
Quizá haya algo de verdad en la observación atribuida a Mark Twain: «La historia no se repite, pero a menudo rima».






