El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, busca imponer aranceles de hasta 60.000 millones de dólares a las importaciones chinas y apuntará a los sectores de la tecnología y las telecomunicaciones, dijeron el martes dos personas que habían hablado del asunto con la administración Trump.
Una tercera fuente, que conocía directamente el parecer de la administración, dijo que los aranceles, vinculados a una investigación sobre propiedad intelectual al amparo de la «Sección 301» de la Ley de Comercio de Estados Unidos de 1974, iniciada en agosto del año pasado, podrían entrar en vigor «en un futuro muy próximo».
Aunque los aranceles se dirigirían principalmente a las tecnologías de la información, los productos electrónicos de consumo y las telecomunicaciones, podrían abarcar mucho más y la lista podría llegar con el tiempo a incluir 100 productos, dijo esta persona.
La Casa Blanca declinó comentar el alcance o el calendario de cualquier medida.
En Pekín, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de China, Lu Kang, dijo que las relaciones comerciales entre China y Estados Unidos no deberían ser un juego de suma cero y que ambos países deberían recurrir a medios «constructivos» para gestionar las tensiones.
«Hemos dicho muchas veces que China se opone rotundamente a cualquier tipo de medida comercial proteccionista unilateral», dijo Lu a los periodistas.
«Si Estados Unidos toma medidas que perjudiquen los intereses de China, China tendrá que tomar medidas para proteger firmemente nuestros derechos legítimos».
Trump apunta a las empresas chinas de alta tecnología para castigar a China por sus políticas de inversión, que en la práctica obligan a las empresas estadounidenses a entregar sus secretos tecnológicos a cambio de que se les permita operar en el país, así como por otras prácticas relacionadas con la propiedad intelectual que Washington considera injustas.
La administración Trump también está considerando imponer restricciones a las inversiones de empresas chinas, además de las mayores restricciones de seguridad nacional, pero de inmediato no se conocían detalles al respecto. Una portavoz del Tesoro de Estados Unidos no respondió de inmediato a las solicitudes de comentarios.
Sin embargo, grupos de presión en Washington expresaron su preocupación por que el ambicioso plan arancelario de Trump también incluyera otros sectores de bienes de consumo que requieren mucha mano de obra, como la ropa, el calzado y los juguetes.
Unos aranceles más altos para estos productos «perjudicarían a las familias estadounidenses», dijo Hun Quach, cabildera comercial de la Asociación de Líderes de la Industria Minorista.
«No hablamos de elegantes jerséis de cachemira, sino de camisetas de algodón, vaqueros y zapatos que llevan los niños al volver a clase», añadió. «Las señales de alarma están sonando».
China tiene un superávit comercial de 375.000 millones de dólares con Estados Unidos y, cuando el principal asesor económico del presidente Xi Jinping visitó Washington recientemente, la administración le presionó para que propusiera una manera de reducir esa cifra.
Trump llegó al poder con la promesa de proteger a los trabajadores estadounidenses de las importaciones, y su primera medida como presidente fue retirar a Estados Unidos del acuerdo comercial de la Asociación Transpacífica, integrado por 12 países.
Su administración está negociando la renovación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y la semana pasada anunció la imposición de aranceles a las importaciones de acero y aluminio.
Aunque los aranceles al acero y al aluminio que Trump anunció la semana pasada se consideran relativamente insignificantes en cuanto a importaciones y exportaciones, las medidas dirigidas directamente contra China entrañan el riesgo de una respuesta directa y contundente de Pekín.
«Si esto va en serio, los chinos tomarán represalias. La pregunta clave es si Estados Unidos responderá a esas represalias», dijo Derek Scissors, experto en comercio con China del American Enterprise Institute, un centro de estudios favorable a las empresas.
Eso inquietaría a los mercados bursátiles, pero Scissors dijo que cuanto más grave se volviera el conflicto, peor sería la posición de China, dada la importancia de su superávit comercial con Estados Unidos.
«Su incentivo para negociar es evitar que lleguemos a un conflicto comercial importante».
No era suficiente
El sitio web de noticias Politico informó anteriormente que la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos había presentado a Trump la semana pasada un paquete de aranceles por 30.000 millones de dólares, pero Trump dijo a sus asesores que no era suficiente.
Una fuente empresarial de Washington que había hablado del asunto con la Casa Blanca dijo que la cifra había aumentado hasta unos 60.000 millones de dólares y que se estaban considerando posiblemente muchos más productos.
Una segunda persona, cabildera de un sector industrial en Washington y familiarizada con el parecer de la administración, dijo que Peter Navarro, proteccionista declarado, y el representante comercial de Estados Unidos, Robert Lighthizer, quien también considera los aranceles una herramienta para reequilibrar el comercio, encabezaban el proceso.
Al hablar con los periodistas en el Capitolio, el presidente de la Comisión de Medios y Arbitrios de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Kevin Brady, recalcó que Trump se tomaba en serio abordar el problema del robo de propiedad intelectual por parte de China.
«Se toma en serio exigirles cuentas por esto y, según entiendo, están estudiando una amplia gama de opciones para hacerlo», dijo Brady.
Aunque les inquieta provocar represalias chinas, los grupos empresariales estadounidenses han presionado cada vez más a Washington para que actúe contra las políticas industriales de Pekín, como las restricciones al acceso al mercado y el plan «Hecho en China 2025», cuyo objetivo es sustituir las tecnologías extranjeras por tecnologías nacionales.
Poco después de que Trump llegara al poder, la Information Technology & Innovation Foundation (ITIF), un centro de estudios tecnológicos estadounidense cuya junta incluye representantes de empresas líderes como Apple, Amazon, Cisco, Google e Intel, pidió que se coordinara la presión internacional sobre Pekín.
Aunque las denuncias por el abuso de los derechos de propiedad intelectual por parte de China no se limitan a Estados Unidos, los aranceles globales al acero y al aluminio que Trump anunció la semana pasada al amparo de la sección 232 de la Ley de Expansión Comercial de 1962 complican los esfuerzos de Estados Unidos por sumar aliados para presionar a China.
Un alto diplomático europeo en Pekín dijo que China se sentiría aliviada al ver a Europa y Washington enfrentados por los aranceles a los metales.
«La mayor preocupación de China siempre ha sido la respuesta conjunta de sus principales socios comerciales occidentales», dijo el diplomático.
Una fuente empresarial radicada en China, al tanto de las conversaciones entre altos cargos europeos, dijo que durante los últimos seis meses el Gobierno de Estados Unidos había hecho un «esfuerzo claro» por introducir un enfoque coordinado hacia la política industrial china, pero que los aranceles de Trump a los metales habían socavado el apoyo europeo.
«Altos cargos de la administración Trump se habían acercado directamente a líderes europeos de alto nivel. Había disposición a hacer algo juntos respecto a China. Ahora eso es imposible. No se puede cooperar cuando te están dando golpes», dijo la persona a Reuters.






