Mejorar el comercio: cómo los países en desarrollo pueden agilizar las importaciones y exportaciones

Automated guided vehicles (AGV) operate at an automated container terminal in Qingdao Port, Shandong province, China
Automated guided vehicles (AGV) at an container terminal in Qingdao, China. However, new technology brings cyber-security risks.Image: Reuters
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Que la tecnología está afectando al comercio no es nada nuevo, pero la velocidad, el alcance y el impacto sistémico de la Cuarta Revolución Industrial en los mecanismos del comercio no tienen precedentes. Sus profundos efectos deberían sentirse en todas las industrias y en todas las naciones.

Pero ¿en qué medida se benefician los países en desarrollo? ¿Se está reduciendo la brecha digital?

La entrada en vigor del Acuerdo sobre Facilitación del Comercio (AFC) de la OMC en febrero de 2017 ha centrado más la atención en eliminar los obstáculos al cruce de fronteras por parte de las mercancías en los países en desarrollo. Sin embargo, a menudo parece que el progreso sigue siendo terriblemente lento.

Para el importador y el exportador promedio, los obstáculos comerciales siguen siendo muy importantes. En un entorno rebosante de tecnología de vanguardia, las tasas de inspección física en las aduanas siguen siendo elevadas, el contenido de los contenedores aún desaparece bajo control aduanero durante el tránsito terrestre y sigue siendo una práctica generalizada mover documentos en papel para obtener múltiples sellos de caucho y que las mercancías puedan pasar por la aduana.

Muchos países en desarrollo tienen dificultades para aprovechar el potencial de las nuevas tecnologías, ya que a menudo sencillamente no están preparados en cuanto a infraestructura, gobernanza, conocimientos especializados y marco jurídico.

Aplicación de la tecnología

Consideremos el Internet de las cosas (IoT) y la inteligencia artificial (IA) en el contexto del comercio. Estas tecnologías permiten rastrear en tiempo real las mercancías que se transportan por los océanos y cruzan fronteras. Los cargamentos con atmósfera controlada y la supervisión a distancia hacen que las cadenas mundiales de suministro de frutas y verduras sean más seguras y transparentes que nunca. Por ejemplo, Ericsson y Maersk instalaron sistemas de supervisión en tiempo real en 300.000 contenedores,combinados con tecnología de comunicación móvil y satelital que transmite datos esenciales, como la temperatura, la ubicación y el suministro eléctrico.

Pero la aplicación de esta tecnología en los largos corredores de tránsito de África cuenta una historia distinta. Muchos gobiernos han adoptado el uso de precintos inteligentes para garantizar la integridad de las mercancías a efectos aduaneros durante su tránsito hacia países sin litoral. Esta estrategia tiene todo el sentido, pues elimina la necesidad de escoltas aduaneras complicadas y costosas. Sin embargo, su eficacia es limitada cuando los datos obtenidos no son analizados correctamente por funcionarios sin la formación adecuada, cuando no se puede actuar ante las alertas de manipulación por falta de vehículos de interceptación o cuando no se puede llevar ante la justicia a quienes presuntamente cometen fraude por falta de un marco regulatorio apropiado. El resultado es una tecnología ultramoderna y costosa que no cumple sus promesas y frustra a la comunidad comercial.

Otro ejemplo de tecnología que facilita el comercio son los permisos electrónicos. Los sistemas estandarizados de intercambio electrónico de datos, mantenidos por organismos de las Naciones Unidas, ya permiten que los países intercambien certificados sanitarios y fitosanitarios electrónicos, como los que se exigen para la mayor parte del comercio de productos agrícolas. Una herramienta globalizada y armonizada de permisos electrónicos entre empresas y gobiernos aceleraría enormemente la liberación y el despacho aduanero de esas mercancías y, en última instancia, integraría tecnologías como las firmas electrónicas, los permisos electrónicos y los pagos electrónicos en un único proceso. En este ámbito, la cadena de bloques y otras formas de tecnología de registros distribuidos prometen convertirse en la nueva frontera.

El papel de la cadena de bloques

Los contratos inteligentes de transporte marítimo —acuerdos entre partes— almacenados en una plataforma de cadena de bloques permitirán reembolsar depósitos, pagar impuestos y elaborar informes regulatorios con gran rapidez. Aplicada a la financiación del comercio, se espera que esta tecnología reduzca de siete días a cuatro horas el proceso de las cartas de crédito en papel, acelerando enormemente la interacción entre el comprador y el vendedor. Se eliminará el intermediario que siempre fue necesario en el sistema basado en papel.

Pero la desmaterialización de documentos no es nada nuevo. Las llamadas soluciones de ventanilla única, cuyo objetivo es conectar electrónicamente a las partes interesadas para reducir el uso de papel, han surgido en todo el mundo durante los últimos 20 años. En ningún lugar ha sido tan rápido como en algunos de los países menos adelantados que buscan saltarse generaciones de tecnología, tal como lo hizo eficazmente el teléfono móvil hace algunos años.

La tecnología por sí sola, sin medidas complementarias, no simplifica las cosas: las complica y aumenta los riesgos.

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La cruda realidad es que estos proyectos de software gubernamental requieren una preparación enorme en materia de infraestructura, capacidad, planificación y gobernanza. Comprar, alojar y, algo fundamental, mantener el software puede ser costoso. Se necesita un suministro eléctrico y una conectividad estables, incluso en los cruces fronterizos remotos, y para su funcionamiento se requieren conocimientos avanzados de gestión de datos.

A esto se suma la creciente conciencia de los riesgos de ciberseguridad —especialmente subestimados en los países en desarrollo— y la exposición política que supone que la economía se paralice de golpe porque «el sistema no funciona»; entonces se comprenderá que en este ámbito no existe una solución de instalar y usar. Una avería de la ventanilla única puede paralizar la economía de un país. La tecnología por sí sola, sin medidas complementarias, no simplifica las cosas: las complica y aumenta los riesgos.

Reconocer la complejidad

Si reconocemos las complejidades existentes y actuamos ante ellas de manera disciplinada y estructurada, la tecnología acabará dando resultados y se reducirán los obstáculos al comercio.

Para que los países en desarrollo utilicen la tecnología como una herramienta eficaz para facilitar el comercio, es fundamental dedicar tiempo y recursos a establecer la infraestructura y los procesos adecuados, capacitar a los funcionarios públicos y centrarse en la relación entre costos y beneficios.

Es esencial que la tecnología responda a una necesidad definida, se ajuste a las posibilidades financieras para sostenerla a largo plazo y no prometa más de lo que puede cumplir. Es fundamental involucrar tanto a los importadores como a los exportadores, pues serán los usuarios finales y conocen el pragmatismo y el rendimiento de la inversión. Al adoptar nuevas tecnologías e iniciar reformas ambiciosas, hay que procurar que se integren de forma segura en los entornos locales. No existe una solución universal ni un atajo para embarcarse en la nave de la Cuarta Revolución Industrial en materia de facilitación del comercio.

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