Por qué una relación positiva entre China y Estados Unidos importa para el trabajador medio

U.S. President Donald Trump welcomes Chinese President Xi Jinping at Mar-a-Lago state in Palm Beach, Florida, U.S., April 6, 2017. REUTERS/Carlos Barria - RTX34GJ2
There is one key challenge that both leaders have in common: jobs.Image: REUTERS/Carlos Barria
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El ascenso de Donald Trump al poder en Estados Unidos incluyó no pocas críticas a China. Sin embargo, con la visita del presidente chino Xi Jinping a la residencia de Trump en Florida a principios de este mes, parece que se mantendrá el statu quo en la relación bilateral, crucial para el comercio, el crecimiento y la estabilidad mundiales. Esto podría ser una muy buena noticia tanto para los trabajadores chinos como para los estadounidenses.

En la cumbre, Xi reiteró el compromiso de China de mantener una relación positiva con Estados Unidos. «Tenemos mil razones para lograr que las relaciones entre China y Estados Unidos funcionen», dijo, «y ni una sola razón para estropearlas». Por su parte, Trump aceptó la invitación de Xi para visitar China pronto.

En materia comercial, Trump y Xi acordaron un plan de 100 días para debatir cómo reducir el déficit comercial de Estados Unidos con China. Además, Estados Unidos aceptó la propuesta china de renovar el marco de cooperación bilateral mediante la creación del Diálogo Integral entre Estados Unidos y China, compuesto por cuatro subdiálogos: diplomacia y seguridad, asuntos económicos, aplicación de la ley y ciberseguridad, y asuntos sociales y culturales.

El entendimiento entre Xi y Trump reflejó un reconocimiento sobrio de los riesgos internos e internacionales a los que se enfrentan sus países. Ambos parecían reconocer que una relación estable entre Estados Unidos y China es necesaria para que puedan centrarse en sus respectivos desafíos.

Para Xi, esos desafíos incluyen reformas estructurales por el lado de la oferta para abordar la corrupción, la contaminación, el aumento de la deuda, el exceso de capacidad y la baja productividad. En cuanto a Trump, la principal prioridad es superar los obstáculos políticos e institucionales para cumplir sus promesas, entre ellas reducir los impuestos e invertir en infraestructura.

Pero ambos líderes comparten un desafío fundamental: el empleo. Los avances tecnológicos, especialmente en automatización y robótica, están poniendo bajo presión un número creciente de puestos de trabajo. En Estados Unidos, esa presión fue un factor determinante en la elección de Trump (aunque a menudo se atribuyó de manera desproporcionada a los inmigrantes y a los exportadores de países en desarrollo, incluida China). Pero también en China la inseguridad laboral impulsada por la tecnología podría amenazar la estabilidad política.

Según un informe publicado el año pasado por la administración del presidente estadounidense Barack Obama, entre el 9 % y el 47 % de los empleos estarán amenazados por la automatización durante la próxima década. Más recientemente, McKinsey publicó su propio informe sobre el tema, en el que estima que alrededor del 60 % de todas las ocupaciones podrían automatizarse en un 30 % o más de las actividades que las componen.

Ahora, los líderes mundiales —empezando por Trump y Xi— deben encontrar la manera de sostener el empleo a medida que desaparecen los puestos de trabajo existentes. El estudio de la administración Obama recomendó un enfoque de tres frentes: invertir en inteligencia artificial (para aprovechar sus beneficios); educar y capacitar a los trabajadores para los empleos del futuro; y ayudar a los trabajadores en transición. Todo esto está muy bien, pero falta una prioridad: garantizar que realmente se creen suficientes puestos de trabajo nuevos.

Tanto en China como en Estados Unidos, las disrupciones laborales están sujetas a desequilibrios sectoriales y geográficos. Por ejemplo, los vehículos sin conductor amenazarán unos 2-3 millones de empleos en Estados Unidos. Esas pérdidas afectarán con especial dureza a los trabajadores de algunos sectores, empezando por el transporte de pasajeros y de mercancías.

Del mismo modo, los efectos de la automatización en los trabajadores fabriles tienden a concentrarse en regiones específicas. El cinturón industrial de Estados Unidos, que antaño contaba con un potente sector manufacturero, ya sufre las consecuencias de la automatización. En China, la región nororiental es la más afectada por la pérdida de empleos, debido al exceso de capacidad y al cierre de industrias pesadas contaminantes y deficitarias.

Pero la asimetría más importante para el desafío de crear empleo podría ser la que existe entre las instituciones y las políticas. Los fuertes aumentos del empleo público suelen ser fiscalmente insostenibles e incluso contraproducentes, ya que pueden desplazar al sector privado. Sin embargo, las grandes empresas, tanto privadas como estatales, están reduciendo puestos de trabajo, ya sea por presiones para obtener beneficios o para mejorar la eficiencia. Esto deja a las pequeñas y medianas empresas (pymes) la tarea de cubrir el déficit.

Las pymes chinas son perfectamente capaces de hacerlo. De hecho, incluso si las grandes empresas no estuvieran despidiendo trabajadores en este momento, estarían en desventaja frente a pymes más eficientes e innovadoras en una economía transformada por plataformas interactivas de Internet.

Pensemos en el comercio electrónico. Como señala un reciente informe del Instituto de Investigación de Alibaba, el comercio electrónico está transformando la relación entre clientes y empresas. Lo que antes era un modelo de suministro y distribución de empresa a consumidor se ha vuelto mucho más interactivo: los clientes ofrecen constantemente comentarios a los que las empresas deben adaptarse continuamente.

Las grandes plataformas de Internet, como Alibaba, pueden usar macrodatos y análisis inteligentes para detectar esos cambios. Pero las grandes empresas consolidadas no pueden responder a ellos —por ejemplo, ajustando qué producen o cómo lo distribuyen— con la misma rapidez y flexibilidad que sus homólogas pymes.

Sin embargo, pese al potencial de las pymes para generar innovación valiosa y crear empleo, los responsables políticos han desatendido enormemente al sector. Por ejemplo, los incentivos fiscales no tienen en cuenta las externalidades positivas de las pymes en materia de creación de empleo e innovación. Además, debido al riesgo de que fracasen individualmente, las pymes suelen afrontar mayores costes de crédito bancario, sobre todo en China.

Como los dos mayores mercados de consumo del mundo y socios comerciales principales, China y Estados Unidos pueden hacer mucho para ayudarse mutuamente a superar los obstáculos a una creación de empleo más amplia, inclusiva y de alta calidad. Estados Unidos cuenta con la tecnología, el talento y la experiencia regulatoria para seguir liderando la innovación y apoyar la creación de empleo en industrias y actividades nuevas y orientadas al futuro. Y es probable que el avance de China hacia una economía impulsada por el consumo, sustentada en un sector de servicios cada vez más moderno, aumente la demanda de bienes y servicios estadounidenses de alta calidad e innovadores.

El resultado sería una relación comercial mucho más equilibrada y, potencialmente, una nueva alianza mundial para el desarrollo. Con esto en mente, solo cabe esperar que Trump mantenga el espíritu de cooperación demostrado en la reciente cumbre de Florida.

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