En el comercio bilateral, las ganancias y las pérdidas se distribuyen de forma asimétrica entre la economía más grande y la más pequeña. En el mejor de los tiempos, eso ya serían malas noticias para el Reino Unido, que busca nuevos acuerdos comerciales con la Unión Europea y otros países. Y estos no son los mejores tiempos.
La teoría económica predice que levantar nuevas barreras comerciales perjudica a ambas partes. Pero los principios económicos también sugieren que es probable que la economía más grande de las dos pierda menos.
En el caso de un arancel, por ejemplo, la menor demanda de la economía más grande tenderá a hacer bajar los precios de los bienes que importa. Es poco probable que la economía más pequeña tenga suficiente influencia en la demanda general de los bienes que importa y, por tanto, en sus precios.
La ventaja de la economía más grande es aún mayor cuando se trata de barreras no arancelarias, que suelen derivarse de diferencias en las regulaciones y normas de los países que comercian. En la mayoría de los casos, el país más pequeño simplemente debe aceptar las reglas del más grande.
Por este motivo, los partidarios del Brexit se equivocan al afirmar que el Reino Unido, como importador neto, estará en una posición sólida en las negociaciones comerciales con la UE. Lo que cuenta es el tamaño relativo, no los flujos comerciales netos.
Varios estudios lo confirman y concluyen que el Reino Unido asumirá la mayor parte de los costos del Brexit. Si el Reino Unido y la UE acuerdan una nueva relación comercial basada en las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC), los estudios predicen que el Reino Unido perderá unos 110.000 millones de euros (119.000 millones de dólares), mientras que la UE perderá solo unos 50.000 millones de euros. Dado que la economía de la UE es aproximadamente cinco veces mayor que la del Reino Unido, esto implica que la pérdida para el Reino Unido, como proporción del PIB, sería unas diez veces mayor.
Si no se alcanza un acuerdo, surgirá el mismo desequilibrio, pero los costos para el Reino Unido serán aún mayores: una realidad que la primera ministra británica, Theresa May, se niega a reconocer cuando declara que el Reino Unido abandonará las negociaciones si no obtiene lo que quiere. Más allá de la retórica política, un «mal acuerdo» es en realidad mejor para el Reino Unido que ningún acuerdo.
Pero las conversaciones con la UE son solo el comienzo. El Reino Unido también tendrá que negociar acuerdos comerciales con otros socios, incluidas las dos mayores economías del mundo: Estados Unidos y China.
A primera vista, las negociaciones con Estados Unidos podrían parecer algo de lo que no hay que preocuparse. Al fin y al cabo, el presidente Donald Trump ha indicado que el Reino Unido estaría «el primero en la fila» para un acuerdo comercial con Estados Unidos. Además, ha elogiado el Brexit e incluso ha animado a otros Estados miembros de la UE a seguir al Reino Unido y salir del bloque.
Pero Trump también se ha comprometido a poner a «Estados Unidos primero» en todos los acuerdos que alcance y en las medidas que adopte, especialmente en materia comercial. Esto plantea dudas sobre si Trump estará dispuesto a abrir los mercados estadounidenses en los pocos sectores en los que el Reino Unido todavía puede competir, como la industria aeroespacial y la automotriz. Aunque lo haga, es poco probable que sea gratis. Como mínimo, el Reino Unido tendrá que cumplir las normas y regulaciones estadounidenses.
May sabe que, para obtener un acuerdo aceptable de Trump, debe seguir sus reglas. Así que, cuando Trump firmó una orden ejecutiva para prohibir durante 90 días la entrada a Estados Unidos de cualquier persona procedente de siete países de mayoría musulmana y para cerrar indefinidamente la puerta a los refugiados de Siria, ella evitó hacer declaraciones contundentes. En cambio, sus homólogos de la UE, confiados en el tamaño y la fortaleza de la UE como bloque comercial, condenaron la medida sin reservas.
Esto pone de relieve un desafío que los partidarios del Brexit no previeron. Esperaban que el Brexit se produjera en el marco del sistema multilateral de comercio basado en normas. Con marcos comerciales globales como el de la OMC en vigor, parecía que incluso el peor escenario para el Reino Unido no era tan malo y, por tanto, que las consecuencias de abandonar la UE serían menores.
Pero desde entonces el mundo ha cambiado considerablemente. El ascenso de Trump al poder se vio impulsado por promesas de sacudirse las ataduras de la OMC —y, de hecho, de todas las organizaciones internacionales— y de tomar decisiones unilaterales basadas en los intereses propios de Estados Unidos. Incluso las negociaciones comerciales con la UE les parecen demasiado multilaterales a algunos de los colaboradores de Trump, porque involucran a 27 países miembros.
Sin la participación de Estados Unidos, el sistema internacional basado en normas sería mucho menos seguro, entre otras cosas porque otros podrían seguir pronto el ejemplo de Trump y optar por acuerdos bilaterales en lugar de la cooperación multilateral. A medida que el sistema comercial mundial se volviera menos abierto, todos saldrían perdiendo, pero no por igual. Estados Unidos, China y la UE (si logra sobrevivir) estarían mucho mejor que las economías más pequeñas, como la del Reino Unido.
Está por verse si Estados Unidos, con su poderío económico, puede permitirse el enfoque proteccionista de Trump. Pero parece claro que el Reino Unido asumirá costos elevados durante el proceso del Brexit. Si más países siguen el ejemplo de Trump y el sistema mundial basado en normas continúa deteriorándose, esos costos no harán más que aumentar.





