El voto sobre el Brexit de 2016 fue un poderoso recordatorio de que los avances en la integración económica pueden revertirse. Y los encendidos debates en el Parlamento británico sirven como un recordatorio igualmente poderoso de que el Brexit nunca fue la opción fácil que sugerían sus defensores. Ser o no ser nunca es una pregunta fácil, y menos aún en un mundo interconectado.
El Brexit no es solo un asunto regional. Cuando el Reino Unido deje atrás a sus 27 socios de la Unión Europea (UE), cambiará la capacidad de los países que no pertenecen a la UE para exportar al Reino Unido. No es un asunto menor. En 2018, el Reino Unido era el quinto mayor importador dentro de la UE, con bienes por valor de casi 680.000 millones de dólares, la mitad de los cuales procedía de la UE, y es un socio comercial importante para los países en desarrollo.
La forma en que el Brexit afecte a otros países dependerá, ante todo, de cómo se produzca la salida. A corto plazo, un Brexit ordenado sería menos perturbador. Por ejemplo, podría haber un período de implementación de casi dos años, durante el cual el Reino Unido sería tratado como miembro de la UE a efectos de los acuerdos comerciales internacionales. Este período también daría tiempo al Reino Unido y a terceros países para definir nuevos acuerdos.
Sin embargo, un Brexit sin acuerdo alteraría significativamente las condiciones de acceso al mercado del Reino Unido. En ese escenario, los acuerdos comerciales preferenciales de la UE con terceros países dejarían de aplicarse de forma abrupta. Y las importaciones al Reino Unido podrían acabar realizándose en condiciones de nación más favorecida (NMF): el principio de la OMC según el cual deben aplicarse los mismos aranceles a todos los socios comerciales, salvo que exista una excepción establecida en un acuerdo comercial vigente. Ya hay indicios de que algunos aranceles NMF se reducirán, pues el Gobierno británico quizá quiera contener las presiones inflacionarias derivadas de unos aranceles de importación más elevados.
En una situación sin acuerdo, los países que disfrutan de acceso preferencial al mercado británico, como los miembros de la UE, verían erosionada su ventaja, ya que se enfrentarían a los mismos aranceles NMF que sus competidores. En cambio, los países que se enfrentan a aranceles relativamente más altos se beneficiarían de posibles reducciones de los aranceles NMF.

Investigaciones recientes de la UNCTAD estiman que las mayores pérdidas recaerían en los países más integrados con el Reino Unido. El gráfico siguiente muestra a los principales ganadores y perdedores. Se prevé que la UE pierda unos 35.000 millones de dólares en exportaciones al mercado británico. También es probable que disminuyan las exportaciones de otros países, como Turquía, Corea del Sur, Pakistán, Noruega, Islandia, Camboya y Suiza. Otros, que actualmente se enfrentan a aranceles más altos, saldrán ganando, en particular China, Estados Unidos y Japón.
El Brexit no solo afectará a las grandes economías, sino aún más a los países pequeños cuyo nivel de exportaciones al mercado británico es relativamente elevado. Para minimizar las consecuencias negativas para ellos, el Reino Unido debería acelerar la firma de acuerdos de continuidad comercial y mantener las preferencias unilaterales. Más importante aún, los aranceles NMF del Reino Unido sobre exportaciones que suelen ser clave para los países de bajos ingresos, como la caña de azúcar o los plátanos, no deberían reducirse sustancialmente.
La región del Caribe es un buen ejemplo de cómo los acuerdos de continuidad pueden reducir sustancialmente los efectos negativos del Brexit. CARICOM y el Reino Unido firmaron recientemente un acuerdo de continuidad para reproducir el Acuerdo de Asociación Económica CARIFORUM-UE. Este acuerdo permite a los países de CARICOM acceder libremente al mercado británico y evita una caída drástica de las exportaciones de la región al Reino Unido en caso de un Brexit sin acuerdo. De no existir tal acuerdo, Guyana habría registrado la mayor caída de sus exportaciones al Reino Unido, superior al 80 %. Se observan efectos similares en la mayoría de los países de CARICOM.
En cambio, se prevé que los numerosos países que aún no han firmado acuerdos de continuidad soporten altos costos a causa del Brexit. Países como Nicaragua, Ghana y Honduras verían caer sus exportaciones al Reino Unido casi un 40 % si no se firmara un acuerdo de continuidad.
Aun así, el acceso preferencial a los mercados británicos quizá no sea suficiente para muchos países de bajos ingresos. En el caso de Camboya, los cambios en los aranceles NMF del Reino Unido podrían afectar negativamente a sus exportaciones, incluso si el país conserva el acceso libre al mercado británico debido a su condición de país menos adelantado (PMA). La reducción del arancel NMF del Reino Unido erosionaría la competitividad de Camboya frente a sus competidores extranjeros, lo que provocaría una disminución sustancial de sus exportaciones al Reino Unido, de alrededor del 12 % .
Y este no es un caso aislado. Las exportaciones de otros PMA al Reino Unido podrían disminuir en caso de un Brexit sin acuerdo: Madagascar (-14 %), Mozambique (-32 %), Myanmar (12 %) y Nepal (-20 %).
Un Brexit sin acuerdo tendría repercusiones inmediatas en las exportaciones de muchos países en desarrollo. Sin embargo, también existen motivos de preocupación válidos incluso en el caso de un Brexit más ordenado. Las exportaciones de terceros países al Reino Unido dependerán del nuevo régimen comercial británico, tanto en relación con los países que actualmente disfrutan de preferencias en el mercado de la UE como en relación con los posibles nuevos aranceles NMF.
El Reino Unido ha expresado su disposición a reproducir las concesiones comerciales de la UE y a negociar acuerdos bilaterales para sustituir los de la UE. Pero la voluntad no sustituye a la realidad. La UE tiene más de 70 acuerdos comerciales y, a marzo de 2019, el Reino Unido había firmado acuerdos de continuidad con relativamente pocos países.
En estas circunstancias, la mejor respuesta de los países en desarrollo es acelerar las negociaciones para sustituir los acuerdos, sobre todo en cuestiones candentes que van más allá de los aranceles, como las reglas de origen, las medidas no arancelarias o los contingentes. Esto quizá sería un poderoso recordatorio, no solo para el Reino Unido, sino también para el resto del mundo, de que deshacer la integración económica no solo es complejo, sino que hacerlo por completo es una mala idea.





