Olvidemos lo que dicen los críticos: aún podemos hacer que el TLCAN funcione

A driver leans out the cabin window while waiting in a queue for border customs control to cross into U.S. at the World Trade Bridge in Nuevo Laredo, Mexico, November 2, 2016.
‘Free trade in NAFTA has truly been a win-win-win for the NAFTA countries’Image: REUTERS/Daniel Becerril
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Intentar renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) desde una perspectiva proteccionista —como ha sugerido el presidente de Estados Unidos, Donald Trump— solo tendrá consecuencias destructivas. Los costos aumentarán y las empresas y los ciudadanos cargarán con ellos. La ventaja competitiva disminuirá. Y la riqueza general caerá en la mayoría de los sectores y regiones de Canadá, México y Estados Unidos.

Entonces, ¿cómo podemos hacer que funcione el TLCAN? Modernizándolo. Eso significa transformarlo en un acuerdo que refleje las principales tendencias empresariales y económicas, entre ellas los avances tecnológicos, la digitalización, el trabajo y el medioambiente.

Los aranceles tendrían un efecto perjudicial

El libre comercio en el marco del TLCAN ha sido realmente beneficioso para los tres países miembros. Por ejemplo, la inversión extranjera directa de Estados Unidos en México ha alcanzado los 244.000 millones de dólares desde 1990, una gran parte de la cual se ha destinado a crear y consolidar cadenas de suministro transfronterizas estadounidenses. En otras palabras, buena parte de la inversión estadounidense en México se ha convertido en producción para las exportaciones de Estados Unidos. Además de las oportunidades de generar riqueza, México ha adoptado una perspectiva global, con instituciones funcionales y un conjunto de normas que promueven la transparencia.

Los aranceles amenazarían este equilibrio en casi todos los sentidos. Los costos aumentarían. Si los países del TLCAN pasaran a aplicar los aranceles de nación más favorecida (NMF) de la Organización Mundial del Comercio, los costos subirían y, casi con toda seguridad, eso encarecería los bienes para los consumidores de los países importadores o reduciría las exportaciones y perjudicaría a los productores locales de los países exportadores.

Para México, un aumento de los aranceles a las exportaciones hacia Estados Unidos supondría la pérdida de unos 63.800 empleos y del 0,4 % del PIB por cada aumento de 10 puntos porcentuales en los aranceles. El efecto dominó sería drástico: probablemente subirían los tipos de cambio, lo que elevaría los precios y la inflación y acentuaría la distorsión en la distribución de la riqueza. Por otra parte, los aranceles NMF afectarían especialmente a estados como Texas (caída del 0,17 % del PIB), Iowa (-0,15 %) y Nebraska (-0,14 %).

La competitividad regional está en juego

Es imposible pasar por alto el déficit comercial de Estados Unidos, equivalente a cerca del 3 % del PIB, que ha provocado desequilibrios financieros considerables, pues no se ha financiado mediante entradas netas de capital. Un dólar más fuerte ha propiciado grandes tenencias extranjeras de dólares y títulos estadounidenses. Y esa fortaleza del dólar ha alimentado un optimismo exagerado, reflejado en mayores niveles de crédito y alzas de los precios de los activos (principalmente acciones e inmuebles): condiciones similares a las que condujeron a la recesión de 2008. Cualquier acontecimiento imprevisto que aumente la incertidumbre puede provocar pánico, reducir el flujo de recursos necesario y desencadenar una crisis económica que se transmitiría directamente a los socios del TLCAN.

Además, el enorme déficit de Estados Unidos con China —y las igualmente cuantiosas tenencias chinas de moneda y títulos estadounidenses— crea condiciones peligrosas para la región del TLCAN si esta emprende una guerra comercial proteccionista, pues una economía china que ya es fuerte ganaría aún más competitividad de costos a escala mundial.

Un buque portacontenedores atracado en el puerto de Oakland, California Image: REUTERS/Beck Diefenbach

Construir un TLCAN más sólido

Es necesario adoptar un enfoque equilibrado y creativo para reducir el déficit comercial de Estados Unidos y la fortaleza del dólar, y así limitar los riesgos de los desequilibrios financieros actuales. Esto permitirá un flujo sostenible de recursos, mejorará el equilibrio entre los precios relativos de los activos y evitará una posible crisis financiera y económica.

Impulsar la transferencia tecnológica y la integración trinacional en capital humano, energía, medioambiente y otros ámbitos pertinentes permitirá crear una región generadora de riqueza y competitiva a escala mundial.

La integración regional de estos factores de producción generaría fortalezas complementarias para los países del TLCAN, impulsaría la productividad de forma sostenible mediante un enfoque común y mejoraría su capacidad para generar riqueza.

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