Apenas unos meses después del inicio de 2015, el mundo está a punto de reconfigurar el escenario del comercio internacional. Una nueva agenda de negociación está cobrando impulso. Los líderes están entablando conversaciones importantes sobre la apertura comercial y avanzando en los acuerdos comerciales megaregionales.
En los últimos 20 años, el comercio mundial ha experimentado un crecimiento espectacular: nuevos países se han incorporado al mercado global, creando oportunidades en lugares que, de otro modo, quizá seguirían sumidos en la pobreza. La Organización Mundial del Comercio (OMC) ha contribuido a impulsar el crecimiento y reducir la pobreza de maneras que habrían sido difíciles de imaginar cuando se fundó hace 20 años.
Sin embargo, hoy el comercio mundial es frágil. Antes de la crisis de 2007-08, el comercio crecía a un ritmo casi dos veces superior al del crecimiento del PIB mundial real. Hoy, el crecimiento del comercio va a la zaga del crecimiento del PIB mundial y se sitúa en el 3% o menos. Las causas son complejas. Van más allá de la desaceleración del crecimiento mundial y están relacionadas con cambios más fundamentales y de largo plazo. El crecimiento del comercio aumentó en las décadas de 1980 y 1990, cuando se redujeron los aranceles y la producción se fragmentó en cadenas de suministro globales. Disminuyó en la década de 2000, al ralentizarse el ritmo de este proceso.
Pero 2015 podría marcar un punto de inflexión. La decepción ante el motor comercial, que pierde impulso, puede propiciar condiciones favorables para la acción política. De hecho, ya hay señales de una nueva energía.
Por un lado, está el acuerdo de Bali de la OMC, el más significativo desde que se estableció la organización hace 20 años y un firme respaldo al multilateralismo. La piedra angular de este logro —el Acuerdo sobre Facilitación del Comercio— promete reducir los costos comerciales en países de todo el mundo.
También ha habido recientemente señales significativas de que Estados Unidos, la mayor economía del mundo, respalda el comercio global. Una de ellas es el debate en torno a la Trade Promotion Authority (TPA), que aceleraría la capacidad del país para aprobar acuerdos comerciales.
Otra señal es la creciente energía en torno a la Asociación Transpacífica (TPP), un acuerdo comercial preferencial emblemático. La TPP establecería las reglas comerciales para una zona que representa el 40% de la producción mundial y fijaría un nuevo estándar. Es probable que los países que negocian otros acuerdos comerciales preferenciales intenten igualar la calidad y la profundidad de la integración codificadas en la TPP. Esta dinámica daría un nuevo impulso a las conversaciones entre Estados Unidos y la Unión Europea sobre la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (TTIP), y a las negociaciones sobre la Asociación Económica Integral Regional (RCEP), un acuerdo comercial en el que participan 16 países de Asia-Pacífico, incluida China.
Un avance muy importante en América Latina es la Alianza del Pacífico, un esquema de integración ambicioso y orientado al futuro entre Colombia, Chile, México y Perú, cuyo objetivo es liberalizar la circulación de bienes, servicios, personas y capital entre los países participantes. También es una buena plataforma para fortalecer aún más las relaciones comerciales con los países de Asia-Pacífico. Su visión y audacia han atraído la atención de naciones de todo el mundo.
La nueva energía que los acuerdos megaregionales podrían inyectar en la economía mundial es una buena noticia para los países latinoamericanos y para el mundo en general, aunque muy pocos participen realmente en la mayoría de estas negociaciones. Su potencial para desarrollar nuevas reglas en ámbitos como la coherencia regulatoria, las empresas estatales y el comercio digital, entre otros, podría abrir camino en áreas cada vez más relevantes para el comercio global.
Sin embargo, el impacto en cada país puede variar, dependiendo de los propios acuerdos, pero también de sus condiciones iniciales y de su estructura comercial. Dependerá de hasta qué punto un país esté conectado a las cadenas globales de valor, de cuánto dependa de las exportaciones de recursos naturales o de su propio mercado interno. La decisión de resistirse a estos cambios o adoptarlos también determinará su posición futura en el comercio global.
Todos los países de la región se beneficiarían de una OMC fortalecida y eficaz, que ayude a mitigar las fricciones y la fragmentación que podrían derivarse de los acuerdos megaregionales. La aplicación pronta e íntegra del Acuerdo sobre Facilitación del Comercio y de los demás puntos acordados en Bali es clave para consolidar la centralidad de la OMC en el futuro. También son esenciales un programa de trabajo renovado que incluya tanto las cuestiones de la Ronda de Doha como nuevos temas pertinentes para la economía mundial, y una función reforzada de seguimiento y vigilancia de la OMC. A América Latina le interesa contribuir de manera decisiva a impulsar esta agenda.
El Foro Económico Mundial sobre América Latina 2015 se celebra en la Riviera Maya, México, del 6 al 8 de mayo.
Autora: Anabel González, directora sénior de la Práctica Global de Comercio y Competitividad del Grupo Banco Mundial y presidenta del Consejo de la Agenda Global sobre Competitividad del Foro Económico Mundial Consejo de la Agenda Global sobre Competitividad
Imagen: Contenedores apilados en un buque en el puerto de Lázaro Cárdenas, México, 21 de noviembre de 2013. REUTERS/Edgard Garrido





