La mediana de la tasa de inflación en los 24 países del Índice MSCI de Mercados Emergentes fue del 2,5 % en 2025, una cifra inferior a la de muchas economías desarrolladas.
Los inversores que se basan en clasificaciones obsoletas de mercados emergentes corren el riesgo de pasar por alto las oportunidades más dinámicas de la próxima década.
Taiwán y Corea lideran, por ejemplo, la producción mundial de semiconductores, y Brasil lleva 14 años fabricando el avión ejecutivo más vendido del mundo.
¿Qué distingue a un mercado emergente de uno desarrollado? La pregunta parece sencilla, pero no lo es. Además, con el paso del tiempo, responderla resulta cada vez más difícil, a medida que la línea que separa ambas categorías se va difuminando. Para los inversores, esto tiene graves implicaciones.
A nivel mundial, los inversores llevan mucho tiempo recurriendo a un puñado de proveedores de índices, principalmente MSCI para renta variable y JP Morgan para renta fija y divisas, con el fin de responder a esta pregunta. Hoy en día, billones de dólares siguen estos índices de mercados emergentes.
Estos proveedores utilizan marcos propios para categorizar los países, pero los inversores empiezan a cuestionar si dichas clasificaciones reflejan realmente el mundo tal como es hoy.
Cuestionar la división entre mercados desarrollados y emergentes
Cuando se les pregunta, los observadores suelen citar el PIB per cápita o las tasas de pobreza como las principales variables que separan a los mercados desarrollados de los emergentes.
Sin embargo, pronto se dan cuenta de que países como los Emiratos Árabes Unidos, Corea del Sur y Chequia siguen clasificados como mercados emergentes, a pesar de tener niveles de ingreso comparables, o incluso superiores, a los de países de mercados desarrollados como España, Italia o Nueva Zelanda.
La atención se desplaza entonces a la estructura de la economía. Persiste la idea errónea de que los mercados emergentes son reliquias del pasado, caracterizadas por bajos niveles de industrialización. Pero el liderazgo de Taiwán y Corea en semiconductores impulsa la revolución mundial de la inteligencia artificial, sin que los países competidores se acerquen siquiera. La avanzada industria aeroespacial de Brasil ha producido durante los últimos 14 años el avión ejecutivo más vendido del mundo. El parque operativo de China, de unos 2 millones de robots industriales, es casi cinco veces mayor que el de Japón. Turquía se ha convertido en uno de los principales exportadores de drones militares del mundo.
Estas historias de éxito demuestran que la idea de que las economías emergentes son desiertos de innovación o de éxito competitivo está completamente superada.
Responsabilidad fiscal en los mercados emergentes
¿Qué ocurre con la inestabilidad macroeconómica y la inflación elevada? La mayoría de los mercados emergentes han aprendido de errores pasados y hoy se toman mucho más en serio la independencia de los bancos centrales y, en cierta medida, la responsabilidad fiscal.
En materia de política monetaria, cuando la inflación se disparó tras la COVID-19, los bancos centrales de los mercados emergentes reaccionaron de forma proactiva, subiendo los tipos de interés mucho antes que sus homólogos de los mercados desarrollados y consolidando su credibilidad en la lucha contra la inflación. Los bancos centrales latinoamericanos, en particular, con recuerdos todavía frescos de episodios inflacionarios pasados, siguen figurando entre los más proactivos del mundo. Figuras como Julio Velarde, presidente del banco central de Perú, son considerados de forma sistemática como uno de los mejores banqueros centrales de su generación.
En cuanto a la dinámica fiscal, propongo un experimento mental: tomemos dos listas de países, una de mercados llamados «emergentes» y otra de mercados «desarrollados», que abarquen América, Europa y Asia. Ahora pregunte a su herramienta de IA favorita: ¿qué grupo es más responsable en materia fiscal? Dicho de otro modo, ¿qué países tienen finanzas públicas más sostenibles: Chile, Polonia y Malasia, o Estados Unidos, Francia y Japón?
Cuando hice este ejercicio, el modelo de IA ofreció un análisis exhaustivo y concluyó: «Ganadores en síntesis: Chile, Malasia y Polonia».
¿Cómo llegó la IA a esa conclusión? Ponderando las mismas variables que mi equipo sigue a diario: deuda sobre PIB, déficit sobre PIB, intereses sobre ingresos, vencimiento de la deuda y composición por divisas, la credibilidad de las instituciones fiscales, el acceso a los mercados, los costes de endeudamiento y mucho más.
Por supuesto, Chile, Polonia y Malasia tienen calificación de grado de inversión. Pero incluso en el segmento de alto rendimiento, los mercados emergentes sorprenden por su disciplina fiscal. Tomemos como ejemplo Argentina: el FMI estima que este año registrará un superávit fiscal primario del 1,4 % del PIB. Hoy en día, los superávits fiscales son casi imposibles de encontrar en la mayor parte del mundo desarrollado.
Este cambio ha contribuido a frenar los ciclos de auge y caída de las décadas anteriores y ha propiciado tasas de inflación más estables. Por ejemplo, la mediana de la tasa de inflación de los 24 países del Índice MSCI de Mercados Emergentes fue de apenas alrededor del 2,5 % en 2025.
Históricamente, la elevada incertidumbre política era un rasgo definitorio de los mercados emergentes. Sin embargo, una mirada rápida a los acontecimientos mundiales recientes muestra que esa incertidumbre se extiende hoy por todas las regiones. Las elecciones en América del Norte y Europa se han vuelto muy reñidas y generan movimientos bursátiles.
Mercados de capitales en evolución
Un ámbito en el que las diferencias entre mercados desarrollados y emergentes siguen siendo significativas es la profundidad de los mercados de capitales y la volatilidad de los precios de los activos. La mediana de los países de mercados emergentes representa apenas el 0,1 % de la capitalización bursátil mundial, y el mayor de ellos solo alrededor del 3 %. Los mercados de capitales menos profundos tienden a registrar mayores oscilaciones de precios, y la volatilidad bursátil en los mercados emergentes sigue siendo superior a la de los mercados desarrollados.
Aun así, incluso en este ámbito, el panorama se vuelve más matizado. Tomemos, por ejemplo, las divisas. Desde comienzos de 2025, la volatilidad de las divisas de los mercados emergentes ha tendido a la baja y, de media, se sitúa por debajo de la de las divisas del G7.
El mundo ha cambiado, y las fronteras entre mercados desarrollados y emergentes se están difuminando con rapidez. Los inversores que se aferran a definiciones obsoletas corren el riesgo de pasar por alto las oportunidades más dinámicas de nuestro tiempo. La próxima década pertenecerá a quienes reconozcan este cambio, abracen nuevas realidades y posicionen sus carteras para un mundo en el que los mercados que ayer eran «emergentes» son los líderes de mañana.




