¿Deben las empresas invertir en zonas propensas a los conflictos, con todos los riesgos e incertidumbres que ello conlleva? Cuando lo hacen, ¿pueden ser una fuerza para el bien? Y, si es así, ¿cómo se puede lograr que más empresas inviertan en zonas frágiles que pueden aprovechar la creación de empleo y el estímulo económico resultantes para fomentar la paz?
El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, quien ganó el Premio Nobel de la Paz por poner fin a los 50 años de guerra civil en Colombia, habló de la experiencia de su país y señaló que el sector privado puede aprovechar la oportunidad de crecimiento para invertir en zonas prácticamente inexploradas y actuar con rapidez gracias a la tecnología y los conocimientos especializados. Citando el ejemplo de Nestlé, presente en Colombia desde hace mucho tiempo, afirmó que el sector privado aporta el dinero y la tecnología necesarios, puede asociarse con el gobierno y todos salen beneficiados.
Para las empresas que pueden obtener grandes beneficios al invertir en zonas frágiles, «no hacer daño» es un enfoque bastante minimalista, afirmó Sipho M. Pityana, presidente de AngloGold Ashanti en Sudáfrica, y sostuvo que el objetivo de su empresa es dejar a las comunidades en mejores condiciones que cuando inicia sus actividades. Dijo que su empresa suele trabajar en países donde los marcos regulatorios están poco desarrollados. En esos casos, el enfoque consiste en comprender los desafíos del desarrollo, utilizar marcos que hayan dado buenos resultados en economías más avanzadas y trabajar codo con codo con los gobiernos. En países como la República Democrática del Congo, intentan crear una infraestructura socioeconómica para abordar cuestiones como el desarrollo de competencias, sin traer expertos del extranjero, sino formando a ingenieros locales y ayudando a las empresas locales mediante las compras a proveedores del país. Para no restar legitimidad a los pequeños mineros artesanales y tradicionales, su empresa los incorpora para trabajar con ellos, al tiempo que se asegura de que acepten y adopten las normas ambientales y de seguridad establecidas.
Mucho depende de que el gobierno establezca un marco regulatorio, dijo Pityana, al citar la experiencia de su empresa en Ghana, donde obtuvo apoyo para recuperar una mina ocupada por mineros ilegales gracias a sus sólidas relaciones con la comunidad local, que veía los beneficios que obtenía de que la mina funcionara sin contratiempos, como la creación de empleos.
Invertir en zonas frágiles no es solo filantropía, sino que también ayuda a crear valor para los accionistas y la sociedad, afirmó Peter Brabeck-Letmathe, presidente de Nestlé, Suiza. Dijo que es difícil convencer al sector privado: el riesgo se puede gestionar, pero el problema es la incertidumbre; y las empresas no pueden hacerlo solas. Solo pueden trabajar en asociación con instituciones internacionales, gobiernos y comunidades. Al referirse a la experiencia de Nestlé trabajando con agricultores en Sudán, explicó que, cuando estalló el conflicto y a la empresa le resultó imposible operar en el país, esta siguió en contacto con los agricultores en las redes sociales para asegurarles que volvería en cuanto fuera físicamente posible.
Philippe Le Houérou, vicepresidente ejecutivo y director ejecutivo de la Corporación Financiera Internacional (IFC), dijo que su organización concede préstamos sin garantía gubernamental, por lo que atraer al sector privado a lugares como Afganistán e Irak no es fácil. Hace falta nada menos que pasar de acceder a un mercado a crearlo, de aprobar un proyecto a diseñarlo y de trabajar localmente con emprendedores sobre el terreno. Al hablar de un proyecto en Myanmar, dijo que la IFC tardó dos años en prestar asistencia técnica en materia de contabilidad, gobernanza y normas ambientales y laborales, entre otros aspectos, antes de que el proyecto pudiera comenzar.
Le Houérou defendió la reanudación del uso de la ayuda oficial al desarrollo —o lo que ahora se denomina financiación combinada— para que más emprendedores estén dispuestos a invertir allí. También destacó la necesidad de establecer relaciones con las comunidades y citó la experiencia de la IFC en la financiación de una red de transmisión eléctrica que llevaría energía desde Kirguistán y Tayikistán, con excedentes de energía hidroeléctrica, hasta Pakistán, donde esta escasea, atravesando Afganistán, asolado por conflictos. A lo largo de toda la ruta, señaló, se han llevado a cabo programas de desarrollo para las comunidades locales a fin de garantizar su apoyo y la seguridad de las líneas de transmisión.
Rania A. Al Mashat, asesora del Fondo Monetario Internacional (FMI), señaló que la fragilidad no se debe únicamente a la violencia y los conflictos, sino también a una gestión deficiente de la política económica. Los Estados deben formular políticas transparentes y estables, con objetivos y procedimientos claros y expresamente definidos que no agraven la fragilidad, dijo. En esos casos, añadió, el sector privado puede contribuir a legitimar al Estado y sus esfuerzos para combatir la fragilidad.





