En Indonesia, donde más de 273 millones de personas están dispersas por miles de islas, casi la mitad de los adultos aún no tiene servicios bancarios o tiene acceso insuficiente a ellos.
Su Banco Central considera que las billeteras digitales son fundamentales para llegar a la población no bancarizada en una sociedad sin efectivo.
El debate global sobre la inclusión financiera puede aprender de modelos como este.
Hoy vuelve a ser un día agotador para Ibu Nurhayati («Ibu» se usa para dirigirse a una mujer mayor o referirse a ella en indonesio), que debe sortear obstáculos para pagar sus facturas mensuales. Su hijo, que trabaja en Yakarta, acaba de enviarle su primer sueldo mediante una transferencia bancaria. Como vive en una isla remota y no tiene una forma cómoda de retirar el dinero, conseguirlo supone un problema para Ibu Nurhayati.
Con varias responsabilidades a su cargo, Ibu Nurhayati va desde su aldea hasta la ciudad más grande para llegar a la sucursal bancaria más cercana. Este ritual se repite cada mes y le cuesta tiempo y dinero que podría dedicar mejor a sus gastos de subsistencia o a gestionar su pequeño negocio.
La historia de Ibu Nurhayati se repite entre innumerables personas en Indonesia. El país tiene más de 273 millones de habitantes repartidos por un archipiélago de más de 17.000 islas. El Banco Mundialcalculó en 2014 que casi el 49 % de la población adulta no tenía servicios bancarios o tenía acceso insuficiente a ellos: un enorme problema económico para el desarrollo real.
La Autoridad de Servicios Financieros de Indonesiaafirma que la mayoría de las sucursales bancarias y los cajeros automáticos se encuentran en Java (el 62,55 % del total), mientras que el resto está distribuido por el país, desde Sumatra hasta Papúa.
La historia de Ibu Nurhayati refleja la realidad de millones de personas corrientes en Indonesia.
La geografía del país exige un enfoque específico que siente las bases para la innovación en tecnología financiera, inclusiva y prudente, con el fin de ofrecer servicios financieros cotidianos a la población.
El acceso a la financiación y la materialización del potencial económico que este podría desbloquear se han convertido en prioridades para el Gobierno de Indonesia al definir su estrategia económica.
La tecnología financiera puede desempeñar un papel crucial. Las empresas de tecnología financiera (fintech), por ejemplo las que ofrecen billeteras digitales, ayudan a las personas a acceder a servicios financieros al facilitar sus transacciones cotidianas. Las billeteras digitales permiten acceder fácilmente a estos servicios desde los teléfonos inteligentes y han cambiado la forma en que las personas reciben y transfieren dinero.
Las billeteras digitales pueden atender a la población más allá de los mercados tradicionales y ofrecer acceso financiero a muchas personas que antes no lo tenían. El Banco Central de Indonesia, en calidad de organismo supervisor de los sistemas nacionales de pago, ha previsto que las billeteras digitales pueden llegar eficazmente a la población no bancarizada y a quienes tienen acceso insuficiente a servicios bancarios. La estrategia nacional del Gobierno para la inclusión financiera concluyó que, gracias a estas soluciones, muchos grupos ahora pueden participar en la economía.
Gracias a la agilidad tecnológica, un panorama de políticas integral y un marco regulatorio con visión de futuro, las billeteras digitales tienen un enorme potencial de crecimiento e impacto en Indonesia. Una encuesta realizada por la Junta Nacional para la Inclusión Financieraen 2021 mostró que la población tendía a usar las billeteras digitales como principal vía de acceso a los servicios financieros.
Ya quedaron atrás los días de recorrer grandes distancias o sortear los obstáculos para abrir una cuenta bancaria. Ahora, con solo un teléfono móvil y acceso a internet, muchas personas en Indonesia tienen a su alcance un mundo de posibilidades financieras. Además, estas billeteras digitales impulsan una mayor alfabetización financiera.
DANA, una plataforma de pagos digitales y servicios financieros, encuestó a sus comerciantes de microempresas y pequeñas y medianas empresas (mipymes). La encuesta reveló que nuestras billeteras digitales tienen un impacto significativo en las mipymes, pues hacen que sus pagos pasen del efectivo a los medios digitales. El costo de gestionar efectivo se ha reducido drásticamente; uno de cada tres comerciantes sufría errores frecuentes de cálculo.
La encuesta revela un cambio en las ideas básicas de las personas y las empresas, y muestra que el crecimiento de la tecnología financiera está transformando las experiencias financieras individuales. Las billeteras digitales ofrecen comodidad mediante servicios simplificados, promueven la inclusión financiera al llegar a poblaciones no bancarizadas o con acceso insuficiente a servicios bancarios y mejoran la accesibilidad con aplicaciones seguras y fáciles de usar. La experiencia de los consumidores evoluciona gracias a transacciones más rápidas, soluciones personalizadas y una mayor transparencia. Todo esto permite que las personas tengan más control sobre sus finanzas.
Persisten tres desafíos: cerrar la brecha de acceso en las zonas rurales, ayudar a quienes tienen acceso insuficiente a servicios bancarios a acceder a los servicios financieros e impulsar la revolución de los servicios financieros digitales. Esto exige políticas y regulaciones con visión de futuro para las billeteras digitales. Este rumbo impulsará el crecimiento económico de Indonesia gracias a una adopción más amplia de las billeteras digitales.
De cara al centenario de la independencia de Indonesia, sus líderes imaginan el archipiélago como una economía desarrollada y esperan que llegue a estar entre las cinco mayores del mundo. Una nueva fórmula basada en la tecnología financiera integrada en las billeteras digitales contribuirá enormemente a hacer realidad esa visión.
Mientras muchos debates sobre inclusión y alfabetización financieras siguen anclados en el nivel macroeconómico, el enfoque adecuado implica impulsar la adopción de billeteras digitales desde las comunidades de base.
No existe una fórmula única que pueda aplicarse a un país concreto, pero se pueden extraer enseñanzas de países como Indonesia y de empresas como DANA.





