Mientras la nieve se asienta en Davos tras otro Foro Económico Mundial, han comenzado los preparativos para la edición de este año de la Future Investment Initiative (FII) en Riad. Algunos periódicos la han bautizado como el «Davos del desierto»; la FII 2017 fue escenario de varios anuncios importantes.
Por primera vez, se concedió la ciudadanía humana a un robot. Se anunciaron inversiones transformadoras en sectores que van desde las infraestructuras de Estados Unidos hasta el turismo espacial. Vimos el lanzamiento de Neom, una ciudad transnacional situada entre Arabia Saudí, Jordania y Egipto, la primera de su tipo en el mundo, que promete reunir a las mentes y los talentos más destacados del mundo y hacer realidad ideas pioneras.
Pero, para mí, lo que realmente puso de manifiesto el éxito y la magnitud del evento fue la dimensión del cambio que ha experimentado el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) en los últimos años, y lo vital que es poder conectar a los inversores con las oportunidades que está creando este cambio.
La caída del precio del petróleo y sus repercusiones en las seis economías productoras de petróleo del Golfo ya no son noticia, pero resulta interesante ver cómo cada país ha afrontado este desafío y lo ha aprovechado como una oportunidad para cambiar.
Los gobiernos se han visto obligados a preguntarse qué deben hacer para acelerar la reforma económica, permitir que el sector privado se convierta en un motor de crecimiento de la economía y alejarse de la dependencia del petróleo. Esto sencillamente no habría ocurrido a este ritmo si el barril de petróleo costara 100 dólares.
Las reformas que hemos visto hasta ahora abarcan varias áreas y están creando nuevas oportunidades para que los inversores internacionales desempeñen un papel en un momento increíblemente emocionante.
Hemos visto anunciarse planes para privatizar grandes empresas. Esto contribuirá a mejorar la gobernanza y atraer nuevas fuentes de capital, al tiempo que dará a inversores de todo el mundo la oportunidad de participar en el crecimiento de la región. La más destacada es Saudi Aramco, y hay muchas otras.
Se han llevado a cabo varias reformas regulatorias destinadas a fomentar la competencia, entre ellas nuevas leyes que, por primera vez, abren sectores a la propiedad extranjera en varios países del CCG, así como reformas para facilitar la creación y el desarrollo de empresas.
Hemos visto nuevos mecanismos —como las asociaciones público-privadas— concebidos para permitir una mayor participación del capital privado en los grandes proyectos de infraestructura que se llevarán a cabo en los próximos años.
Y seguimos viendo inversiones en la tecnología que necesitamos para impulsar la innovación y el emprendimiento. Por ejemplo, Amazon Web Services anunció recientemente su primera región de Oriente Medio, que estará ubicada en Baréin.
Al mirar hacia el año que viene junto con mi equipo de la Junta de Desarrollo Económico, volvemos una y otra vez a la misma pregunta: ¿qué podemos hacer para conectar a las empresas, los inversores y los emprendedores del mundo con las oportunidades que se están creando?
Ahora más que nunca, los gobiernos y el sector privado deben trabajar juntos para avanzar hacia un modelo de desarrollo impulsado por las empresas y abierto al mundo, a fin de liberar el apasionante potencial que nuestra región ofrece a los inversores, tanto locales como internacionales.
Eso significa que el gobierno debe implementar reformas, pero también escuchar y dialogar. Queremos conocer los obstáculos que la gente sigue afrontando y poder ayudar a las empresas a entender sus opciones y trabajar con ellas para resolver sus desafíos. Solo así podremos convertir nuestras ambiciones en realidad y crear una economía verdaderamente innovadora que desarrolle plenamente su potencial.






