Los esfuerzos por lograr cadenas de suministro socialmente sostenibles no solo son un imperativo moral, sino también indispensables por razones ecológicas, jurídicas y económicas.
Esto se debe a que la sostenibilidad social es una piedra angular de las iniciativas medioambientales.
Además, la sostenibilidad social tiene sentido desde el punto de vista empresarial.
Desde hace algunos años, la evolución de las condiciones laborales en el mundo se ha estancado y, en cierta medida, incluso ha retrocedido. Este informe de 2023 sobre Perspectivas Sociales y del Empleo en el Mundo: Tendencias de la Organización Internacional del Trabajo indica que, en 2022, la tasa de pobreza laboral extrema en los países de bajos ingresos era la misma que en 2019. En todo el mundo, 27,6 millones de personas eran sometidas a trabajo forzoso en un día cualquiera de 2021. Algunos sostienen que los objetivos contrapuestos nos impiden mejorar esta situación atroz.
Las disrupciones causadas, entre otros factores, por la pandemia de COVID-19, la guerra, la inflación y el cambio climático exigen medidas decisivas por parte de los líderes empresariales. Por ello, no sorprende que las conversaciones con miembros de consejos de administración indiquen que no se está prestando suficiente atención a la dimensión social de la sostenibilidad empresarial. Sin embargo, estos desafíos no tienen por qué formar parte de un juego de suma cero.
Los esfuerzos por lograr cadenas de suministro socialmente sostenibles no solo son un imperativo moral, sino también indispensables por razones ecológicas, jurídicas y económicas. He aquí por qué:
1. La sostenibilidad social como piedra angular de las iniciativas medioambientales
Recientemente, los efectos de las iniciativas medioambientales sobre la sostenibilidad social se han examinado de forma más crítica. El enfoque global en la sostenibilidad ha virado hacia la acción climática; sin embargo, las Naciones Unidas enumeran otros 16 Objetivos de Desarrollo Sostenible. Estos objetivos pueden entrar en conflicto. En particular, la electrificación mundial de la industria automotriz multiplica enormemente la demanda de materias primas en las próximas décadas. Esto contribuye a la acción climática como objetivo de desarrollo de la sostenibilidad medioambiental, pero aumenta la dependencia de industrias con malos antecedentes en materia de derechos humanos y otros problemas medioambientales.
No podemos ignorar estos problemas y debemos adoptar enfoques integrales que incorporen todos los Objetivos de Desarrollo Sostenible. En este sentido, un factor clave será entender que las relaciones entre los factores de sostenibilidad social y medioambiental suelen caracterizarse por interdependencias. Este conocimiento nos alertará sobre efectos no deseados en otros aspectos de la sostenibilidad. Además, al aprovechar estas conexiones, las medidas de sostenibilidad serán más eficaces en su conjunto y gozarán de mayor aceptación.
La extracción de bauxita es un ejemplo de interdependencia. La bauxita es la principal fuente mundial de aluminio y galio. Se sabe que el proceso de extracción provoca graves problemas de salud y seguridad. Al mismo tiempo, genera contaminación del aire, el agua y el suelo. Por tanto, proteger a los trabajadores y residentes de los efectos nocivos de la extracción y el almacenamiento de bauxita también favorecería los objetivos medioambientales, como la conservación del suelo. Estas medidas benefician a más partes interesadas que un enfoque unidimensional y pueden aumentar su aceptación. Si tenemos en cuenta que las mayores reservas de bauxita del mundo se encuentran en África Occidental, donde la aplicación de normas de derechos humanos y derechos ecológicos sigue siendo parcialmente débil, esta interdependencia resulta aún más evidente.
Por tanto, la sostenibilidad social no suele estar reñida con los objetivos medioambientales. Si se refleja debidamente la relación entre estos objetivos, ambos pueden perseguirse de manera mucho más eficaz.
2. Los legisladores estrechan el cerco
Al observar las iniciativas legislativas actuales, queda claro que la época de la autorregulación ha terminado. Los Principios Rectores de las Naciones Unidas sobre las Empresas y los Derechos Humanos, las Directrices de la OCDE para Empresas Multinacionales y la Agenda 2030 de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible sentaron bases importantes para establecer normas comunes. Sin embargo, solo fueron el punto de partida de una transición de normas de derecho indicativo a normas jurídicas vinculantes.
Esto es especialmente cierto en el caso de las iniciativas regulatorias de la UE. El Reglamento de la UE sobre los minerales de conflicto está en vigor desde 2021. Armoniza los requisitos para los importadores de la UE de minerales que presentan riesgos especiales para la sostenibilidad medioambiental y social, como el oro, el estaño, el tantalio y el tungsteno. Se aplican requisitos reforzados de diligencia debida a las importaciones procedentes de zonas de conflicto y de alto riesgo donde prevalece una «situación frágil». La Directiva de la UE sobre diligencia debida en materia de sostenibilidad empresarial prevista tiene por objeto establecer normas para toda la UE sobre obligaciones sociales y de derechos humanos, así como deberes medioambientales a lo largo de la cadena de valor. Otra iniciativa relacionada es el Reglamento de la UE sobre el trabajo forzoso, cuyo objetivo es prohibir los productos fabricados mediante trabajo forzoso.
A nivel nacional, Alemania ha aprobado la Ley de la cadena de suministro. Esta prevé, entre otras medidas, como último recurso, poner fin a las relaciones comerciales en caso de violaciones graves de los derechos humanos. Por tanto, si las empresas ya incorporan normas sociales en sus decisiones empresariales y relaciones comerciales, serán mucho menos vulnerables a sanciones o a la necesidad de reorganizar sus relaciones comerciales en el futuro.
3. La sostenibilidad social tiene sentido desde el punto de vista empresarial
Sería una simplificación excesiva afirmar que aplicar normas sociales y de derechos humanos conduce siempre a mejores resultados económicos. Sin embargo, aunque se trate, por supuesto, de un imperativo moral, hay tres aspectos que ilustran las posibles ventajas económicas de la sostenibilidad social. En primer lugar, al evaluar las cadenas de valor, las empresas pueden tomar decisiones basándose en información más completa y detallada. La recopilación, el análisis y el procesamiento continuos de datos relacionados con la cadena de valor generan transparencia, que puede ser fundamental para identificar a la competencia, los riesgos futuros (por ejemplo, disturbios sociales o conflictos entre Estados) y las oportunidades comerciales. Conocer la cadena de valor también ayuda a evitar daños a la reputación (por ejemplo, acusaciones en los medios de comunicación sobre el uso de trabajo forzoso en la industria de los vehículos eléctricos).
En segundo lugar, la sostenibilidad social está estrechamente vinculada a la diversificación de las cadenas de suministro. La búsqueda de relaciones comerciales complementarias que cumplan las normas sociales suele dar lugar también a cadenas de suministro más resilientes. Por tanto, la estabilidad social constituye una salvaguarda adicional. Por último, una estrategia de sostenibilidad social puede fomentar la innovación. Esto no se limita a la identificación de riesgos (por ejemplo, soluciones de cadena de bloques para la trazabilidad del aluminio). Cuando las empresas afrontan desafíos estructurales en sus cadenas de suministro, la adopción de nuevas tecnologías (por ejemplo, soluciones de economía circular), materias primas alternativas y una mayor cooperación también puede abrir nuevas perspectivas comerciales.
Inversores, empleados, consumidores y reguladores exigen que se tomen más medidas para reforzar las cadenas de suministro socialmente sostenibles. En el futuro, estas exigencias no harán sino intensificarse. Aunque a corto plazo esto implicará más burocracia e inversiones para ampliar o incluso crear capacidades, ser un referente y un pionero puede brindar una ventaja competitiva a largo plazo.
Se trata de un proyecto global que las empresas no deberían abordar por su cuenta. Además, mejorar la transparencia en las cadenas de suministro globales requerirá un enfoque coherente de las normas, así como una estrecha relación entre los actores públicos y privados. Asimismo, las empresas deberían fomentar alianzas con ONG, innovadores y partes interesadas locales para compartir y ampliar sus conocimientos."
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