Así reiniciamos el comercio digital para el siglo XXI

Shipping containers in a dockyard.
The cross-border consumer e-commerce market is projected to reach $1 trillion next year – but its laws are dated.Image: Unsplash
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Cuando se habla de los titulares sobre el comercio mundial, el debate gira en torno a la geopolítica y los aranceles; pero, al margen de todo ese ruido, la tecnología está impulsando un cambio sísmico en qué, dónde y cómo comercia el mundo.

La disrupción no es algo nuevo. El buque portacontenedores cambió las reglas del juego a partir de la década de 1950. Las rápidas mejoras en la infraestructura de transporte durante la segunda mitad del siglo XX hicieron del mundo un lugar más pequeño y eliminaron barreras comerciales de larga data.

Pero nunca antes el ritmo del cambio había sido tan rápido o vertiginoso. En el pasado, las grandes innovaciones y los avances tecnológicos han estado acompañados de normas y reglamentos para encauzar su uso y regular su desarrollo, con grados de éxito variables.

Los responsables políticos se enfrentan ahora a un serio desafío para actualizar las normas que regulan la rápida expansión del comercio digital. Ya se han iniciado conversaciones entre bastidores sobre un acuerdo que dará forma al futuro del comercio digital y, quizá, del comercio en sí, durante los próximos años.

Setenta y seis miembros de la Organización Mundial del Comercio (OMC), que en conjunto representan el 90 por ciento del comercio mundial, debaten cómo actualizar las normas comunes que rigen el comercio digital, que ha sido el tipo de comercio de más rápido crecimiento. Si bien su atención se centrará en el comercio electrónico, también abordarán cuestiones más amplias relacionadas con el flujo de datos y con los bienes y servicios habilitados por datos.

El vertiginoso ritmo del cambio tecnológico ha vuelto obsoletas muchas de las normas vigentes. En algunos casos, hacen falta normas completamente nuevas. Pese a que se prevé que el mercado transfronterizo de comercio electrónico para consumidores alcance los USD1 billón el próximo año, muchas normas que rigen el comercio digital datan de 1998, cuando solo 1 de cada 32 personas en todo el mundo tenía acceso a internet.

Si los negociadores tienen éxito, los beneficios podrían ser enormes. Aprovechados de la manera adecuada, los servicios comerciales y los flujos transfronterizos de datos pueden impulsar el crecimiento del comercio mundial y contribuir de forma significativa al PIB mundial. Para ayudar a materializar ese potencial, los responsables políticos y los negociadores harían bien en centrarse en tres ámbitos.

Reescribir el manual de normas

El primero consiste en equilibrar los beneficios del flujo transfronterizo de datos con las preocupaciones sobre la seguridad y la privacidad de los datos. Los análisis de enormes volúmenes de datos permiten mejorar los productos y personalizar las experiencias. Pero esas mismas conclusiones también pueden utilizarse para que la información esté más protegida y sea más segura. Tomemos como ejemplo los servicios de computación en la nube. Gracias a la libre circulación de datos, la computación en la nube permite a las empresas llevar a cabo actividades a escala, de forma rentable, ágil y orientada a garantizar la seguridad.[1]

Para ser inclusivo y duradero, un acuerdo debe ganarse la confianza de los consumidores mediante protecciones adecuadas que respeten los datos personales y evite requisitos indebidos de localización de datos, que corren el riesgo de dar lugar a una nueva forma de proteccionismo electrónico. Lograr el equilibrio adecuado será difícil.

El segundo consiste en normalizar los aranceles para los productos y servicios digitales a través de las fronteras nacionales. Así se garantizará que los aranceles no obstaculicen el crecimiento del comercio digital. Esta disposición ya figura en acuerdos comerciales recientes de gran perfil entre la UE y Japón y en el Acuerdo Integral y Progresista de Asociación Transpacífico. La OMC ha renovado periódicamente una moratoria temporal sobre la aplicación de derechos de aduana a la transmisión de datos y productos digitales como software, música y películas. Hacerla permanente aportaría una certidumbre bienvenida.

Image: HSBC

En tercer lugar, facilitar que más envíos de comercio electrónico pasen por la aduana sin cargos. Elevar los umbrales libres de impuestos simplificaría los procesos y evitaría la frustración de los compradores al pagar tasas inesperadas antes de que los bienes adquiridos en el extranjero puedan entregarse. Por ello, los negociadores podrían seguir el ejemplo de Estados Unidos, donde el umbral pasó de $200 a $800 en 2015.

Más en general, también será necesario que los países implicados analicen normas y marcos para el comercio digital, incluida la validez jurídica de los contratos electrónicos y el uso de firmas digitales.

Liberar el potencial del comercio electrónico

Tanto los consumidores como las empresas deberían esperar un resultado satisfactorio de las negociaciones. Los consumidores se beneficiarían de bienes y servicios más baratos, mientras que la reducción de costes permitiría a las pymes exportar a un número mucho mayor de mercados, lo que favorecería empleos con salarios más altos y el crecimiento económico. Un comercio electrónico fácil y eficiente también facilitaría el comercio entre mercados emergentes, impulsando el desarrollo económico y la reducción de la pobreza.[

No debemos hacernos ilusiones: alcanzar un consenso entre países llevará tiempo. Pero merece la pena el esfuerzo. En un momento de tensiones comerciales mundiales, la cooperación internacional en torno al comercio digital puede ayudar a dar un impulso a la economía mundial y demostrar que es posible alcanzar acuerdos sobre cuestiones difíciles y complejas. Esto es crucial en una época en la que los flujos de datos ya representan una mayor parte del crecimiento económico que el comercio de mercancías. Y cada vez lo serán más. Necesitamos que estas conversaciones tengan éxito.

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