La difusión del conocimiento y la tecnología en todo el mundo en las últimas décadas ha traído cambios importantes al panorama global de la innovación. Pero esos cambios podrían ser mucho más profundos si los países crearan entornos de inversión más favorables.
WASHINGTON, DC – La globalización ha sido objeto de críticas en los últimos años, ya que en algunos países la población se siente cada vez más frustrada por la distribución desigual de sus beneficios. Pero no se debe permitir que las deficiencias en la gestión o en la ejecución oscurezcan los amplios beneficios potenciales de la globalización, entre ellos su impulso a la transferencia de tecnología que mejora la productividad y a la innovación en todo el mundo.
Según el número de abril de 2018 de la publicación del Fondo Monetario Internacional Perspectivas de la economía mundial señala que la globalización —que engloba un comercio más libre, un aumento de la inversión extranjera directa y el uso internacional de patentes y derechos de autor— ha impulsado de forma considerable la difusión del conocimiento y la tecnología. La mayor competencia internacional asociada a la globalización también puede contribuir a la prosperidad general, ya que fortalece los incentivos para adoptar nuevas tecnologías e innovar.
Al impulsar la productividad, todo esto puede aumentar la producción media a un costo relativamente bajo. El WEO estima que, en las economías de mercados emergentes, el conocimiento extranjero representó alrededor de 0,7 puntos porcentuales del crecimiento anual de la productividad laboral entre 2004 y 2014, y un total del 40 % del crecimiento observado de la productividad sectorial. En 1995-2003, esa tasa fue de apenas 0,4 puntos porcentuales. Estos resultados se mantienen sólidos incluso cuando se excluye a China, lo que indica que los efectos de la globalización sobre la productividad fueron de alcance amplio.
Además, la difusión global del conocimiento y la tecnología genera efectos de red positivos mediante la polinización cruzada, ya que permite a los países receptores de tecnología avanzar en sus propias actividades de investigación y desarrollo. Esta dinámica explica en buena medida por qué, en China, los gastos en I+D se han disparado, y por qué en Corea del Sur se acumulan las patentes internacionales. Estos países se han unido a los líderes tradicionales en sectores como el de los equipos eléctricos y ópticos y, en el caso de Corea del Sur, el de la maquinaria.
Mientras tanto, desde principios de la década de 2000, las economías de frontera se han enfrentado a una desaceleración del crecimiento tanto de la productividad laboral como de la productividad total de los factores (que mide la eficiencia con la que se utilizan los insumos en el proceso productivo). Estas economías también han experimentado un crecimiento más lento de las patentes y, en cierta medida, una disminución de la inversión en I+D.
Algunos sostienen que la desaceleración de la innovación en las economías de frontera es una situación temporal. Según este punto de vista, el impacto de la oleada más reciente de innovación importante (resultante de los avances en la tecnología de la información y la comunicación) se está desvaneciendo, mientras que el impacto de la nueva oleada (impulsada por la inteligencia artificial, la automatización y el aprendizaje automático) aún no se ha materializado por completo.
Otros son menos optimistas y señalan que los avances transformadores son cada vez más difíciles de lograr con el tiempo, lo que conduce a una disminución secular del crecimiento de la productividad. Pero incluso en este escenario, las brechas tecnológicas persistentes implican un amplio margen de oportunidades para que las economías emergentes se pongan al día mediante la adopción de tecnologías, y para participar en la adaptación y la innovación propias.
Por supuesto, la interconexión por sí sola no genera automáticamente aumentos de la productividad ni innovación local. Para ello, los agentes económicos deben combinar las tecnologías recibidas con contenidos específicos de su ubicación, que no pueden adquirirse ni transferirse a través de canales estándar, como los libros de texto, y por lo tanto no pueden difundirse de forma perfecta ni como información pública ni como propiedad privada.
Aprovechando el conocimiento idiosincrásico y las capacidades locales, los países pueden sacar el máximo provecho de la difusión tecnológica, empezando a menudo por la adopción, para luego pasar a la adaptación y, más adelante, a la invención. Ese ha sido el enfoque adoptado en Corea del Sur y China, que ahora llevan a cabo innovación propia. Según el WEO, mientras que Corea del Sur y China aún se consideran receptoras de los flujos globales de conocimiento, se encaminan a convertirse en fuentes importantes.
Para cualquier economía emergente o en desarrollo, el éxito depende de la presencia de un amplio conjunto de factores complementarios: acceso al financiamiento, infraestructura de calidad, mano de obra calificada suficiente y prácticas gerenciales y organizativas sólidas. No se debe permitir que los fallos de mercado socaven el incentivo para acumular conocimiento. Y los costos de transacción asociados a hacer negocios —como comerciar a través de las fronteras y contratar y hacer cumplir contratos— deben mantenerse bajo control. Sin este entorno favorable, es probable que la inversión en el desarrollo de capacidades de innovación genere bajos rendimientos.
Sin embargo, un entorno de este tipo existe en relativamente pocos lugares. Esto explica por qué, aunque el panorama global de la innovación está cambiando sin duda, la transformación no ha sido tan rápida ni tan profunda como cabría esperar. También explica lo que los economistas del Banco Mundial Xavier Cirera y William Maloney han denominado «paradoja de la innovación»: a pesar de los enormes rendimientos potenciales de la inversión en innovación en los países en desarrollo, estos invierten mucho menos en ella que sus homólogos avanzados.
Ya se ha demostrado que la globalización tiene un enorme potencial para impulsar la innovación, la productividad y el crecimiento en todo el mundo. En lugar de oponerse a ella, más países deberían fortalecer su capacidad para aprovecharla.





