El futuro del comercio podría ser bueno, malo o sencillamente feo

'Inward-looking trade policies invite retaliation' - Arancha Gonzales Laya, ITCImage: REUTERS/Carlos Jasso
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Las perspectivas de cooperación en el comercio mundial se están ensombreciendo. En medio de la lenta recuperación tras la crisis financiera mundial de 2008-09, en muchas economías avanzadas el comercio y la globalización se han convertido en focos de inquietud pública por el deterioro de las perspectivas económicas, el rápido cambio tecnológico, la inmigración y, en términos más generales, la incomodidad ante el ritmo del cambio social.

En estos países, la licencia social en la que se apoyan los mercados abiertos se ha vuelto frágil. El resultado: una presión sostenida sobre el sistema económico internacional que ha sustentado siete décadas de paz y una prosperidad sin precedentes. Hoy corremos el riesgo de pasar de un sistema comercial basado en normas a otro basado en acuerdos y en la política del poder.

Parte del sentimiento contrario al comercio se debe al aumento de la desigualdad de la riqueza y al estancamiento de los salarios reales. Las élites políticas y empresariales no hablaron con franqueza sobre la distribución desigual de los beneficios del comercio y no acompañaron adecuadamente la apertura de los mercados con buenas políticas nacionales que ayudaran a los trabajadores desplazados a adquirir nuevas competencias, adaptarse y aprovechar las nuevas oportunidades que se estaban creando. Sin embargo, el cambio tecnológico es responsable de muchas más pérdidas de empleo que las importaciones de bienes y servicios: el comercio simplemente se ha convertido en un chivo expiatorio más fácil de identificar.

Por impopular que pueda ser el comercio en algunos sectores, lo cierto es que, en conjunto, sí mejora la productividad y el crecimiento. Si los gobiernos empiezan a actuar por su cuenta en materia comercial, será más difícil, no más fácil, generar los empleos y el aumento de los ingresos que desean los electorados enfadados. Las políticas comerciales unilaterales e introspectivas provocan represalias. La economía mundial abierta ha hecho posible la mayor reducción de la pobreza extrema jamás registrada. Cerrar los mercados cerraría las perspectivas de los países pobres de salir de la pobreza mediante el comercio. Y la lección singular de la década de 1930 es que los enfoques de suma cero en las relaciones económicas conducen a guerras comerciales, estancamiento económico y, en última instancia, conflictos.

Un consejo del Foro Económico Mundial centrado en el futuro del comercio internacional ha identificado tres escenarios posibles sobre cómo podrían desarrollarse los próximos años. Inspirándonos en Sergio Leone, los llamamos «el bueno, el malo y el feo». Los riesgos apuntan claramente a un empeoramiento, pero aún no es tarde para que gobiernos, empresas y sociedad civil trabajen juntos para frenar el deterioro: elegir la razón en lugar de la fricción, la cooperación en lugar del conflicto y el multilateralismo en lugar del unilateralismo. Es posible adoptar políticas comerciales y de inversión receptivas y responsables, pero hará falta trabajar arduamente en el ámbito nacional y en el escenario mundial.

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