Cuatro escenarios futuros para el comercio y la inversión. ¿Cuál prevalecerá?

A rainbow is seen over the container ship 'Maersk Genoa' as it sails off the northern coast of Tunisia in the central Mediterranean December 1, 2018. REUTERS/Darrin Zammit Lupi - RC1B72830B50
Bright prospects - or storm clouds? It's a turbulent time for trade policyImage: REUTERS/Darrin Zammit Lupi
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Las perspectivas de las políticas mundiales en materia de comercio e inversión se han ensombrecido durante el último año. Los conflictos comerciales se multiplican mientras se agravan los desafíos estructurales. La confianza empresarial va en descenso. Los aranceles han vuelto como herramienta para gestionar las relaciones comerciales y han desencadenado represalias recíprocas. La Organización Mundial del Comercio (OMC) podría estar en riesgo.

La dependencia de mecanismos intergubernamentales unilaterales y bilaterales conlleva el riesgo de que el mundo adopte un enfoque basado en el poder en lugar de en las reglas. Las incertidumbres asociadas a estas tensiones ya han afectado la confianza de las empresas y los inversores. Podrían producirse grandes perturbaciones en las operaciones de las cadenas de valor mundiales.

¿Adónde podrían conducirnos estas fuerzas? ¿Nos encaminamos hacia la normalización de las guerras comerciales o encontrarán los líderes la manera de cooperar? ¿Adoptarán los acuerdos de cooperación la forma de marcos abiertos o de clubes exclusivos? ¿Cómo podría interactuar el cambio tecnológico con dinámicas geopolíticas más amplias para configurar el futuro del comercio y la inversión mundiales?

El Consejo del Futuro sobre Comercio e Inversión del Foro Económico Mundial describe cuatro escenarios en los que podría adentrarse el mundo, según factores geopolíticos y económicos clave. En el plano geopolítico, ¿elegirán los principales países cooperar en materia de comercio e inversión u optarán por una vía «unilateral»? En el plano económico, ¿las empresas se enfrentarán a una mayor o menor facilidad para comerciar?

(1) Normas internacionales abiertas: En el escenario más optimista, los países se unen para cooperar y los flujos comerciales circulan con facilidad a través de las fronteras. Las principales economías se comprometen conjuntamente a abordar los puntos de conflicto y colaboran para revitalizar la OMC mediante negociaciones «plurilaterales», con importantes contribuciones tanto de las economías avanzadas como de las grandes economías emergentes. La agenda mundial es abrumadora, pero se actúa en cuestiones importantes: modernizar las reglas comerciales; minimizar las distorsiones creadas por subsidios injustos; regular el comercio digital; abordar cuestiones pendientes en agricultura y servicios; y fortalecer las funciones de supervisión y solución de diferencias de la OMC.

Los actores públicos y privados también colaboran para fortalecer los mecanismos de gobernanza de la inversión en distintas plataformas internacionales. Asimismo, quienes formulan las políticas comerciales crean mecanismos de cooperación con otras comunidades de políticas públicas para abordar cuestiones pertinentes como los flujos de datos, la ciberseguridad y el medioambiente, sentando bases coherentes para la gobernanza mundial que impulsen la innovación, el crecimiento y las mejoras de productividad.

(2) Coaliciones en pugna: Aquí, los países cooperan, pero gran parte de esa cooperación está condicionada por profundas divisiones estructurales emergentes sobre el papel del Estado en la gobernanza de los flujos de datos, la inversión y la tecnología industrial avanzada con aplicaciones de seguridad nacional. En medio de estas diferencias, los flujos comerciales y de inversión se rigen por intervenciones políticas en lugar de por señales de precios, y se presiona a las empresas multinacionales para que reestructuren y localicen sus cadenas de valor.

Se vuelve imposible avanzar en la OMC y la gobernanza multilateral es sustituida por bloques regionales cerrados. La creciente preocupación por las implicaciones geopolíticas y de seguridad de la inversión provoca la bifurcación de los flujos de inversión (China frente a Estados Unidos, la UE y Japón). El movimiento de información a través de las fronteras también queda sujeto a regímenes de gobernanza divergentes.

Algunas regiones —como África subsahariana, el Sudeste Asiático y América Latina— y las empresas mundiales quedan atrapadas entre distintas esferas de influencia. En una dinámica de suma cero, se presiona a cada país para que se incline por un bloque en lugar de otro, con repercusiones negativas para la estabilidad geopolítica, el desarrollo económico y la gobernanza mundial.

(3) Perturbación tecnológica: En el tercer escenario, los países actúan unilateralmente en lugar de cooperar, pero la innovación tecnológica avanza a toda velocidad y deja atrás a la regulación. Para algunos se crea un mundo sin fronteras, mientras que otros afrontan una incertidumbre generalizada e ineficiencias. La perturbación impulsada por las empresas crea focos de innovación radical con potencial para generar beneficios en los que el ganador se lo lleva todo. Sin embargo, las pequeñas y medianas empresas podrían quedar en desventaja por las altas barreras de entrada en algunas tecnologías y una mayor fragmentación de la economía mundial.

Aunque las ventajas de ser pionero en cualquier sector podrían ser desproporcionadas, combinadas con la falta de normas sólidas de protección mundial de la propiedad intelectual (PI), generan incentivos para el robo y otras formas de espionaje económico. Los marcos regulatorios fragmentados para gobernar los flujos de datos elevan los riesgos y costos de ciberseguridad.

Es probable que se debiliten los flujos de inversión que dependen de la previsibilidad a largo plazo. Las pequeñas empresas y los consumidores de las economías más débiles podrían perder acceso a las últimas tecnologías y servicios. También podrían aumentar los conflictos entre gobiernos. Sin opciones multilaterales para la solución de diferencias basada en reglas, las discrepancias se resolverán atendiendo a consideraciones de poder, lo que generará aún más incertidumbre y mayores costos para las empresas.

(4) La soberanía ante todo: En este escenario más desfavorable, la acción unilateral y la alta frecuencia de conflictos económicos normalizan las guerras comerciales entre las principales economías. Las cuestiones de comercio e inversión se convierten en armas políticas dentro de una competencia geopolítica más amplia. La incertidumbre y la inestabilidad asociadas a un conflicto económico arraigado agotan los flujos de inversión y la confianza empresarial. Sin inversión y ante grandes obstáculos para el intercambio de conocimientos, las empresas no pueden innovar. Se producen graves perturbaciones en las cadenas de valor mundiales, que podrían llevar a la relocalización de la producción o a la desglobalización.

La economía mundial entra en un declive prolongado, no visto desde la Gran Depresión, que crea grandes desafíos internos para la mayoría de los países. Estos incluyen mayores costos para los consumidores y un aumento del desempleo, así como disturbios internos. Cuando las grandes potencias se repliegan para hacer frente a las crisis internas, los sentimientos populistas y proteccionistas elevan los riesgos de conflicto internacional. Las opciones limitadas para resolver las diferencias de manera ordenada a nivel internacional agravan los riesgos de un declive económico duradero.

Aunque estos escenarios se han planteado en términos contundentes para poner de relieve los riesgos y las disyuntivas que entrañan, es urgente reflexionar sobre las posibles consecuencias de cada uno. Necesitamos liderazgo mundial para evitar un posible deslizamiento hacia una recesión económica global de la que podrían hacer falta generaciones para recuperarse.

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