Estas son las lecciones que podemos aprender para el futuro de la Ayuda para el Comercio

A worker walks in a shipping container area at the Port of Shanghai April 10, 2012. China returned to an export-led trade surplus of $5.35 billion in March, heralding the prospect that a rebound in the global economy is lifting overseas orders just in time to compensate for a slowdown in domestic demand. REUTERS/Aly Song (CHINA - Tags: BUSINESS TRANSPORT) - RTR30JOK
Aid-for-Trade: supporting economic growth and development.Image: REUTERS/Aly Song
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Esta semana, mis colegas y yo del Grupo Banco Mundial participaremos en el sexto Examen Global de la Ayuda para el Comercio de la Organización Mundial del Comercio. Las reuniones bienales, que se celebran en la sede de la OMC en Ginebra, reúnen a ministros de comercio, representantes de la sociedad civil, instituciones de desarrollo internacional y el sector privado para hacer un seguimiento de los avances en la integración de los países en desarrollo en el sistema comercial mundial. Las reuniones también ofrecen la oportunidad de movilizar recursos que ayuden a los países a abordar las limitaciones relacionadas con el comercio. El tema del examen de este año es «Promover el comercio, la inclusión y la conectividad para el desarrollo sostenible».

Como mayor proveedor multilateral de Ayuda para el Comercio, el Grupo Banco Mundial apoya a los países mediante diversas iniciativas que promueven la conectividad y la inclusión, entre ellas nuestro Programa de Apoyo a la Facilitación del Comercio. El Programa respalda directamente reformas concretas para facilitar el comercio en 34 países y moviliza financiación adicional de donantes y otros asociados.

Sabemos que la Ayuda para el Comercio desempeña un papel fundamental para garantizar que los beneficios de un comercio transfronterizo más amplio y menos costoso lleguen a todas las personas, en todas partes. Sin embargo, al hacer balance de los 10 años transcurridos desde el primer Examen Global de la Ayuda para el Comercio, es importante repasar las lecciones aprendidas e identificar algunas prioridades para el futuro. Estos son los cinco ámbitos clave en los que, a mi juicio, debemos centrarnos:

1. La conectividad de la infraestructura es importante. Mejores carreteras y ferrocarriles, puertos y aeropuertos modernizados, e inversiones en infraestructura de TIC son esenciales para impulsar el comercio. Sin embargo, cada vez se reconoce más que el déficit de infraestructura de los países en desarrollo supera con creces lo que puede cubrirse mediante los canales tradicionales de financiación para el desarrollo. Quienes contribuimos a ayudar a los países a financiar el comercio debemos asegurarnos de que cada dólar rinda más y de utilizar nuestros recursos con la mayor eficacia posible para atraer financiación privada. Esto también implica intensificar nuestro apoyo para mejorar el clima de inversión en los países en desarrollo y reducir los riesgos que afrontan los inversores privados.

2. Las políticas, la regulación y las instituciones son importantes. Solo podremos aprovechar al máximo la mejora de la conectividad física si también mejoramos la «infraestructura blanda» del comercio mediante reformas que lo agilicen, promuevan la competencia, mejoren la transparencia y eleven la calidad del diseño de las políticas y de quienes las implementan. La facilitación del comercio, una de las áreas de la Ayuda para el Comercio que más rápido ha crecido en los últimos años, ofrece un ejemplo destacado de cómo las nuevas normas comerciales pueden servir de poderoso anclaje para movilizar recursos destinados al desarrollo. En Camboya, por ejemplo, donde el Grupo Banco Mundial participa en una alianza de más de 10 años, las reformas para facilitar el comercio, mejorar la transparencia y fortalecer la coordinación entre los organismos fronterizos han contribuido a reducir los tiempos de despacho en la frontera de seis días a 1,4 días en apenas unos años. Esto ha impulsado la creciente competitividad exportadora de Camboya en el sector manufacturero, especialmente en el de la confección, donde el 85% de la fuerza laboral son mujeres.

3. Mejorar la competitividad es importante. Esto abarca diversos ámbitos de política «detrás de la frontera», como la innovación y el emprendimiento, así como las competencias y la educación. Aunque no siempre consideramos que estos ámbitos formen parte de la «Ayuda para el Comercio», invertir en ellos es esencial para aumentar la productividad, promover la igualdad de género y garantizar que las empresas puedan aprovechar las oportunidades que ofrece la apertura.

4. Las normas son importantes. El sistema multilateral sustentado por la OMC proporciona un bien público mundial de importancia crucial: un entorno previsible y basado en normas que permite prosperar al comercio transfronterizo. La falta de estabilidad y de normas socavaría considerablemente los esfuerzos por proteger a los más débiles y vulnerables. Esos esfuerzos deben orientarse a elaborar normas que respondan a las nuevas dimensiones del comercio y la inversión, en constante evolución, y que también aborden distorsiones de larga data en ámbitos como la agricultura.

5. Gestionar el proceso de ajuste es importante. La liberalización del comercio y la inversión suele tener consecuencias distributivas adversas, y algunas personas de países en desarrollo y desarrollados sienten que se han quedado «atrás». Si no se abordan, esos costos pueden erosionar el apoyo público a las políticas de apertura. Hasta la fecha, la asistencia para el ajuste relacionado con el comercio ha representado una parte muy pequeña del total de la Ayuda para el Comercio. A mi juicio, la comunidad internacional debe ampliar el apoyo en este ámbito y desarrollar un enfoque del ajuste que no se limite a gestionar los costos, sino que ayude a fortalecer la resiliencia de las economías y los trabajadores para participar en una economía mundial abierta. Las competencias, la educación y la infraestructura son ingredientes esenciales. La experiencia nos ha enseñado que las economías abiertas y en crecimiento, donde se crean nuevos empleos, están mucho mejor preparadas para afrontar el ajuste que aquellas que carecen de competitividad y se estancan.

Mediante acciones en cada una de estas cinco áreas, no por parte de una sola institución, sino como parte de un esfuerzo de las organizaciones internacionales a escala mundial y regional, la comunidad de donantes, el sector privado y muchos otros actores clave del mundo académico y la sociedad civil, creo que la Ayuda para el Comercio seguirá respaldando el crecimiento económico y el desarrollo durante mucho tiempo y, al mismo tiempo, fomentará la inclusión.

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