6 maneras en que China y Estados Unidos podrían impulsar las reformas comerciales

U.S. President Donald Trump welcomes Chinese President Xi Jinping at Mar-a-Lago state in Palm Beach, Florida, U.S., April 6, 2017. REUTERS/Carlos Barria - RC16F9FCDB30
The G20 in Argentina offers Presidents Xi and Trump a rare chance to talk.Image: REUTERS/Carlos Barria
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Sean nuevos mejores amigos o compañeros distanciados, el presidente Donald Trump y el presidente Xi Jinping han confirmado su reunión bilateral en el G20 de noviembre en Buenos Aires, Argentina. Será un encuentro de alto riesgo, ya que el futuro de las relaciones entre Estados Unidos y China no había sido tan incierto desde la visita del presidente Nixon a China en 1972.

Para que esta reunión no se desperdicie, es fundamental que los presidentes Trump y Xi no se centren en las escaramuzas para buscar concesiones recíprocas, sino que ofrezcan apoyo político para una resolución duradera de sus diferencias. La revisión y actualización de las normas y acuerdos multilaterales y plurilaterales, mediante las reformas de la Organización Mundial del Comercio (OMC), lo haría posible. Los presidentes no solo ayudarían a las economías del otro, sino, y lo que es más importante, preservarían la economía globalizada de los peligros de la fragmentación y de un retorno a la ley de la selva.

Las dificultades de China

A pesar de la presión de Washington, es poco probable que el presidente Xi acepte concesiones bilaterales en la reunión del G20, por dos razones.

En primer lugar, el presidente Xi entiende que los acuerdos bilaterales con esta administración estadounidense son políticamente vulnerables. En mayo, el enviado de Xi, el viceprimer ministro Liu, regresó con una declaración conjunta en la que ambas partes acordaron seguir con un diálogo de alto nivel y buscar la resolución de las disputas de una “manera proactiva”, sin imponer aranceles durante las negociaciones en curso. Pero Trump desechó esa tregua en un abrir y cerrar de ojos e impuso aranceles del 25 % a productos chinos por valor de 250 000 millones. La retórica estridente contra China durante las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos puede haber agravado la preocupación de China por sufrir nuevas humillaciones.

En segundo lugar, desde una perspectiva jurídica, China no puede ofrecer concesiones bilaterales exclusivamente en favor de los exportadores estadounidenses. Si lo hiciera, vulneraría el principio de no discriminación de la OMC. Cuando China reduce sus aranceles, liberaliza el sector de servicios o refuerza la normativa sobre protección de la propiedad intelectual, debe hacerlo de manera universal para los otros 163 miembros de la OMC, incluido Estados Unidos.

¿Por qué las reformas de la OMC?

El reloj avanza. Mientras gran parte del sector empresarial estadounidense contiene la respiración tras la carrera arancelaria entre Washington y Pekín, otros países no escatiman esfuerzos para acceder al mercado chino. La popularidad de la Exposición Internacional de Importaciones de China, celebrada en Shanghái en noviembre, lo demostró.

En cuanto al presidente Trump, se ha agarrado al tigre de la guerra arancelaria por la cola. No puede sujetarlo ni soltarlo sin riesgo. Si continúa con estos aranceles, seguramente se volverán en su contra. Es solo cuestión de cuántos trimestres más puede esperar antes de su campaña de reelección. Los economistas creen ampliamente que las guerras arancelarias pueden provocar inflación en los precios de los productos de consumo en Estados Unidos, afectar a la eficiencia y reducir los beneficios de las empresas estadounidenses que participan en cadenas de valor transfronterizas, haciendo que Estados Unidos resulte menos atractivo para los inversores extranjeros.

Cómo soltar al tigre

La OMC ofrece un espacio para que Estados Unidos y China resuelvan su disputa de una manera “no politizada”, como sugirió su director general, Roberto Azevêdo. Para eso está diseñada la OMC: para abordar las diferencias comerciales entre sus miembros dentro de una arquitectura de derecho internacional que equilibre derechos y obligaciones, y que sirva de “válvula de seguridad” para mantener la política alejada en la medida de lo posible. La OMC es, a la vez, una plataforma permanente para negociar nuevas normas y la liberalización de los mercados, y un sistema para resolver disputas.

Ya, el resto del mundo ha comenzado los preparativos para persuadir a sus homólogos estadounidenses y chinos de participar en el debate sobre las reformas de la OMC, como muestra la comunicado ministerial de Ottawa de octubre. Canadá, la UE, Japón y otros 10 miembros de la OMC en diversos niveles de desarrollo se sumaron a este importante ejercicio.

La reunión ministerial del G20 sobre comercio e inversión, celebrada en septiembre, también allanó el camino para el debate entre los presidentes Xi y Trump sobre la revitalización del sistema comercial internacional. En su declaración, los ministros “recomiendan a nuestros líderes que consideren estos temas importantes”, incluido cómo “mejorar la OMC para afrontar los desafíos actuales y futuros”; qué puede hacer el G20 para abordar la situación actual “de manera colaborativa”; y cómo presentar ideas para “garantizar que la OMC siga siendo pertinente”.

6 enfoques a considerar

Para equilibrar los intereses de Estados Unidos, China y los demás miembros, los presidentes Trump y Xi podrían considerar las siguientes seis medidas clave para las reformas de la OMC.

1. Revisar las normas sobre subvenciones

Deberían ser más claras y estrictas respecto de todas las formas de subvenciones industriales. Debe prestarse atención a: las insuficiencias del acuerdo vigente para nivelar el terreno de juego de las empresas públicas (EP); normas más estrictas sobre las subvenciones a la pesca que contribuyen a la sobrecapacidad y a la sobrepesca; y las subvenciones distorsionadas concedidas a la agricultura.

2. Reforzar el seguimiento y la transparencia

Un sistema basado en normas difícilmente puede ser eficaz cuando opera en la oscuridad. Además, la legitimidad de la gobernanza del siglo XXI dependerá cada vez más de eliminar las asimetrías de información. Debe explorarse toda vía posible para ofrecer plena transparencia sobre las medidas y políticas que afectan a las normas comerciales y que permiten negociaciones más eficaces.

Estados Unidos y China harían bien en incorporar nuevas tecnologías de la información y a las partes interesadas clave en los procesos de examen de la política comercial; respaldar una reforma profunda de las disposiciones pertinentes y de los medios para garantizar el cumplimiento de las obligaciones de notificación; y fomentar la contranotificación.

3. Propiciar un debate real, basado en pruebas y más profundo sobre la transferencia de tecnología y el papel de los derechos de propiedad intelectual

En particular, revisar la gobernanza del siglo XX para adaptarla al nuevo contexto de las redes y prácticas de innovación global que impulsan el avance y la transferencia tecnológicos. Deben establecerse normas claras sobre el grado en que los gobiernos participarán o no en la exportación e importación de tecnología.

4. Impulsar el establecimiento de normas nuevas o adaptadas para el comercio digital

Desde diciembre de 2017, cerca de la mitad de los miembros de la OMC participan en trabajos exploratorios orientados a futuras negociaciones sobre los aspectos del comercio electrónico relacionados con el comercio. Es imperativo articular nuevas disposiciones transversales que permitan a los agentes económicos utilizar la digitalización para aprovechar al máximo las normas vigentes sobre bienes, servicios y propiedad intelectual. Igualmente urgente es elaborar nuevos marcos para hacer frente al creciente auge de las tendencias proteccionistas unilaterales ante la ausencia de una competencia adecuada, y redactar normativas fiscales y de facilitación que garanticen condiciones de mercado más previsibles e inclusivas en la era de la Cuarta Revolución Industrial.

5. Arrojar nueva luz sobre el desarrollo, incluidas mayores responsabilidades para las economías emergentes

Se ha vuelto urgente abandonar las comparaciones insuficientes del PIB que definen la elegibilidad de un país para recibir trato especial, y diseñar normas inteligentes y dinámicas basadas en umbrales sectoriales y definidos según su finalidad. Deben resolverse cuestiones pendientes, como los picos arancelarios que lastran a las economías desarrolladas y la actualización de las normas que rigen el comercio de servicios. Estados Unidos y China también podrían compartir ideas sobre cómo reconfigurar las políticas nacionales y los contratos sociales para ayudar a quienes se han visto perjudicados por la globalización.

6. Acordar un mecanismo eficaz de solución de diferencias

Esto es imprescindible para una buena gobernanza de las condiciones de participación en la economía mundial. Los desacuerdos fundamentales sobre el funcionamiento del Órgano de Apelación de la OMC no pueden dejar a sus miembros sin recurso a la justicia.

Alternativamente, podría desarrollarse un nuevo sistema bifurcado con dos vías paralelas: una para los casos de medidas correctivas y normas comerciales, y otra para todas las demás cuestiones. Los casos de medidas correctivas requieren conocimientos jurídicos y contables adicionales. En el centro de la reacción de Estados Unidos contra el sistema actual se encuentra un desacuerdo de 20 años sobre las resoluciones de la OMC relacionadas con las investigaciones antidumping. Estados Unidos y China podrían liderar un debate sustantivo sobre el uso de las medidas correctivas en la nueva economía.

En una época en que los halcones acaparan los titulares, el encuentro del G20 ofrece a los presidentes Xi y Trump una valiosa oportunidad para mantener una conversación distendida. Se les debería recordar las responsabilidades de sus respectivas superpotencias para con sus pueblos, con la economía mundial en dificultades y con la Agenda 2030.

Las normas, y no las concesiones, son fundamentales para resolver sus disputas de manera sostenible. Las reformas de la OMC ofrecen una plataforma oportuna para que ambas partes salgan del atolladero sin ser mordidas por el tigre arancelario.

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