Cómo financiar la transición energética en Asia

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  • Para alcanzar los objetivos de cero emisiones netas en 2050, las inversiones deben triplicarse hasta llegar a una inversión anual mundial de 4 billones de dólares para 2030.

  • Asia es la región con el crecimiento más rápido del consumo de electricidad en una previsión a diez años y, aun así, el 70 % de su energía procede de combustibles fósiles.

  • Para cambiar esta situación, se necesitan inversiones en todos los eslabones de la transición energética: desde la generación hasta las cadenas de suministro, los materiales y la fabricación, la reconversión de activos, el almacenamiento y la tecnología.

La reciente dinámica energética mundial ha impulsado una reconsideración del futuro de la seguridad energética y de las ecuaciones de la transición energética. Se reconoce cada vez más la necesidad de desarrollar resiliencia, ya que las distintas regiones deben abordar la transición energética en función del contexto local y de la disponibilidad de recursos, mientras que los países parten de situaciones diferentes en cuanto a asequibilidad, disponibilidad, localización y preparación.

Una transición justa quizá no sea tan justa cuando el acceso a las cadenas de suministro es limitado debido a la escasa capacidad de fabricación, que no responde al aumento de la demanda. Desde la matriz energética actual hasta los precios y la disponibilidad de materias primas, estos factores determinarán el ritmo al que pueden realizar la transición las regiones. La reciente experiencia de la fragilidad de la economía energética y de la complejidad de gestionar las cadenas de suministro —agravada aún más por los altos precios del petróleo, el gas y el GNL en 2022— ha obligado a los países a replantearse la transición con más rapidez de la prevista y a desarrollar resiliencia.

Asia es un importante consumidor de energía y será la región con el crecimiento más rápido del consumo de electricidad durante un período de previsión de diez años. La matriz energética asiática depende en gran medida de los combustibles fósiles: actualmente, el 70 % de la energía de Asia se produce a partir del carbón. Además de las consideraciones climáticas y de asequibilidad, el empleo y el crecimiento económico asociados a la transición energética son poderosos motivos para que los países redoblen sus compromisos con la energía limpia.

Esta semana se debatirá ampliamente cómo logrará Asia este objetivo en Future Energy Asia, que tendrá lugar en Bangkok del 17 al 19 de mayo y servirá de foro para que los líderes energéticos del continente definan la agenda de la transición energética en Asia.

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Energías renovables en Asia

China, India, Japón y Corea del Sur, en conjunto, concentrarán la mayor parte de la inversión en energías renovables en la región asiática durante los próximos diez años, con la instalación de 577 GW de nueva capacidad solar y 408 GW de capacidad eólica.

Oriente Medio seguirá su propia trayectoria de transición energética, en la que el hidrógeno también desempeñará un papel clave. El CCG cuenta con importantes recursos que pueden permitir a la región pasar eficazmente de su posición como importante productor de hidrocarburos a convertirse en líder de la transición energética. Las alianzas clave, como la establecida entre ADNOC y TAQA, con el compromiso común de producir energía limpia, son prueba de los avances tangibles de la región. Arabia Saudí, en el marco de su Visión 2030, puso en marcha su Programa Nacional de Energías Renovables (NREP), una iniciativa estratégica para aumentar la proporción de energías renovables en la producción del Reino y ayudar a cumplir sus obligaciones de reducción de las emisiones de dióxido de carbono.

Un importante apoyo para la transición energética es que muchos países que necesitan cambiar su matriz energética cuentan con las condiciones necesarias: abundantes recursos naturales como tierra, sol y viento. Muchos países asiáticos, entre ellos Pakistán, Sri Lanka, India, Tailandia, Filipinas, Malasia, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Omán, tienen un potencial solar superior a la media. Al mismo tiempo, Japón, Corea del Sur, China e India destacan por el elevado número de patentes e investigaciones relacionadas con la mitigación del cambio climático.

Para hacer posible la transición energética, se necesitan inversiones en todos los aspectos, desde el consumo hasta la producción de energía. Esto abarca áreas como la generación, el desarrollo de cadenas de suministro, la capacidad de fabricación y de producción de materiales, la infraestructura para vehículos eléctricos, el almacenamiento, la investigación, el desarrollo y la innovación en materia energética, y la eficiencia energética. Además, para lograr una vía práctica de descarbonización, también es esencial invertir lo suficiente en las redes eléctricas y los sistemas de transmisión. Según la Agencia Internacional de la Energía, para alcanzar las cero emisiones netas en 2050 será necesario triplicar las inversiones anuales hasta llegar a 4 billones de dólares en 2030.

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Inversiones para la transición

La siguiente tabla muestra las áreas en las que se necesitan inversiones para la transición a fin de posibilitar una acción climática suficiente para 2030:

Image: Grupo de expertos independientes de alto nivel sobre financiación climática

La magnitud de la inversión necesaria para la transición energética es considerable y exige una atención seria tanto de los proveedores de capital público como privado, que invierten en el ecosistema energético y en las tecnologías relacionadas. El compromiso de 130 billones de dólares asumido a través de la Alianza Financiera de Glasgow para el Cero Neto (GFANZ) es, sin duda, un paso importante, pero es fundamental que, junto con estos compromisos, una mayor proporción de la inversión se destine a los mercados emergentes, donde hace mucha falta.

Para la transición energética de Asia se requieren algunas medidas inmediatas y concretas. La primera es ampliar las cadenas de suministro y la capacidad de fabricación: las cadenas de suministro y la capacidad de fabricación actuales a escala mundial no bastan para alcanzar escenarios de cero emisiones netas en 2050, por lo que es preciso invertir una cantidad ingente en este ámbito. Además, la gestión de los materiales para la transición energética también es crucial, junto con el reciclaje y la reutilización; por tanto, financiar estos programas es esencial.

La eliminación gradual de los combustibles fósiles requiere sin duda una atención específica, especialmente para financiar el retiro de los proyectos de combustibles fósiles. El Mecanismo de Transición Energética del Banco Asiático de Desarrollo es un programa eficaz para ayudar a los países a hacerlo. Por ejemplo, en el marco de este mecanismo, Indonesia está acelerando el retiro de Cirebon-1, una planta de 660 megavatios propiedad de CEP en Java Occidental.

Otras iniciativas valiosas incluyen la reconversión de activos, una forma eficaz de reutilizar materiales que permite ahorrar tiempo y costes en comparación con la creación de nuevos proyectos de infraestructura. Esto es esencial para una transición más rápida y asequible. El Fondo de Inversión Climática Programa ReACT para acelerar la transición del carbónofrece orientaciones y herramientas útiles para reconvertir activos de carbón, minas y centrales eléctricas, y proporciona soluciones más rápidas para abordar la seguridad energética, lograr una transición justa y reducir las preocupaciones sobre activos abandonados, además de soluciones de financiación para el capital público y privado que requiere la transición.

Reducción de riesgos

Hay que hacer más: es fundamental reducir los riesgos de los proyectos y los países. Esto puede lograrse aplicando soluciones prácticas, como aportar transparencia a las subastas de energías renovables. En Pakistán, el programa de energías renovables que ha puesto en marcha el Gobierno para sustituir combustibles emplea un método de subasta competitiva. Cabe señalar que el país ha sido importador neto de casi el 60 % de sus necesidades energéticas, lo que ha perjudicado la asequibilidad y la seguridad energética. El programa RenovAr de Argentina demostró que las subastas de energía pueden ser exitosas: se anunciaron cuatro licitaciones públicas internacionales competitivas que movilizaron 7.000 millones de dólares y casi 5 GW en 154 nuevos proyectos de energía renovable.

Asia debe aprovechar las últimas innovaciones verdes. Se necesitan grandes inversiones en tecnología, desde el almacenamiento hasta la innovación, para desplegar de forma inteligente los proyectos de transición y planificar escenarios energéticos complejos. También es importante crear un mecanismo de garantías y marcos que reduzcan el coste del capital, en algunos casos mediante garantías soberanas y mediante proveedores internacionales de garantías como Guarantco, MIGA, etc. La eliminación de los obstáculos normativos y de política pública también sigue siendo importante para atraer capital privado a la transición energética.

Es fundamental aprovechar la fortaleza de las instituciones financieras en la transición energética, ya que son los mayores asignadores de capital de las economías. Esto incluye desarrollar la capacidad de las instituciones financieras locales, pues son las más cercanas a cada proyecto en cada mercado, y serán las primeras proveedoras de fondos, además de tener un mayor conocimiento de sus mercados. También es importante que los organismos financieros sean conscientes del impacto indirecto de las regulaciones bancarias y de las obligaciones fiduciarias sobre sus balances, y que procuren crear herramientas y políticas verdes, que pueden tener un gran impacto en la transición energética.

Debemos sentar las bases para ampliar los mercados voluntarios de carbono, fortalecerlos y reforzar su papel como palanca financiera clave. Por último, hay una razón sencilla para impulsar la transición energética: la innovación y la eficiencia energéticas son una gran oportunidad de negocio que cada vez resulta más imposible ignorar.

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