Para estimar los efectos de las tensiones comerciales en el crecimiento mundial, creamos una simulación económica. Primero, calculamos el impacto directo de los aumentos arancelarios en el PIB. Nuestra simulación supone que Estados Unidos impondrá un arancel del 25 % a los bienes por valor de 505.000 millones de dólares importados de China, y que China responderá con el 50 % del aumento arancelario estadounidense.
A continuación, estimamos los efectos indirectos mundiales de los aumentos arancelarios mediante iteraciones de los canales comerciales y financieros globales. La elasticidad se obtiene de un modelo econométrico del PIB (autorregresión vectorial) para Estados Unidos, China y la eurozona, y de dos índices de condiciones financieras, con el fin de captar los cambios en los tipos de interés y en las condiciones financieras mundiales en general.
Por último, nuestra simulación supone que la Reserva Federal tendrá menos margen de política económica para absorber una perturbación en esta fase tardía del ciclo. Estimamos que una guerra arancelaria a gran escala entre Estados Unidos y China podría reducir el crecimiento del PIB mundial en 0,7 puntos porcentuales (pp), hasta el 2,8 % en 2019. El impacto sería mayor en el crecimiento de China (-0,9 pp), debido a los efectos directos del comercio, y en Europa (-0,8 pp), debido a los efectos indirectos del comercio y a los vínculos financieros (véase la tabla). El PIB de Estados Unidos se desaceleraría menos (-0,4 pp), debido a una menor exposición a los efectos directos del comercio y a los vínculos financieros indirectos.
El crecimiento de América Latina se desaceleraría significativamente en un escenario de guerra comercial a gran escala. El impacto se produciría por dos vías: un menor crecimiento mundial (y su efecto resultante en el comercio internacional) y condiciones financieras más restrictivas. El impacto final en cada país dependerá de la vulnerabilidad de su economía a las condiciones financieras mundiales —en concreto, de si presenta desequilibrios externos o internos— y de su exposición al comercio con cada una de las principales economías.
Argentina tiene mucho que perder con unas condiciones financieras mundiales más restrictivas. Sus exportaciones de productos básicos (en particular, la soja), que representan una parte importante de las exportaciones del país (alrededor del 60 %), podrían beneficiarse de las barreras o los aranceles impuestos por China a los productos agrícolas estadounidenses. Sin embargo, el déficit fiscal del país sigue siendo elevado (un déficit nominal de alrededor del 4,8 % del PIB), las fuentes internas de financiación son insuficientes y el país tiene los índices de reservas internacionales más bajos de la región.
Para empeorar las cosas, los mercados se preguntan si habrá continuidad de la política económica después de las elecciones presidenciales de octubre de 2019, por lo que el acceso a los mercados de capitales ha sido difícil incluso sin una guerra comercial en toda regla. Aunque el programa del FMI garantiza la financiación del sector público hasta 2019, será crucial que el país recupere después el acceso a la financiación de mercado. Por tanto, pese a la posibilidad de que los exportadores argentinos ganen cuota de mercado en China con la escalada de la guerra comercial, estimamos que el conflicto comercial podría reducir el crecimiento del país en casi 1,8 pp.
La economía de México debería verse menos afectada. Estimamos que el impacto negativo en el PIB sería de 0,5 pp, ya que compite con las exportaciones manufactureras chinas en el mercado estadounidense, que absorbe el 75 % de las ventas externas de bienes de México, y porque ya ha alcanzado un acuerdo con los gobiernos de Estados Unidos y Canadá, pendiente de aprobación legislativa, para renegociar el TLCAN (ahora rebautizado como T-MEC).
Además, los fundamentos económicos del país son sólidos, con déficits fiscales y por cuenta corriente reducidos (se prevé que sean del 2,0 % y el 1,6 % del PIB en 2018, respectivamente), reservas elevadas (175.000 millones de dólares) y deuda pública estable en niveles moderados (deuda neta del 46 % del PIB). Aunque la economía mexicana ha afrontado mucha incertidumbre en los últimos años, debido a la renegociación del TLCAN y a señales erráticas sobre las políticas económicas internas, el crecimiento sigue cerca de su potencial: prevemos un 2,0 % para 2018.
Es probable que el crecimiento se desacelere en Chile, Colombia y Perú. Chile y Perú —donde el cobre representa una gran proporción de las exportaciones (el 49 % y el 31 %, respectivamente)— están más expuestos a China, pero sus fundamentos económicos son muy sólidos. La deuda pública neta está por debajo del 10 % del PIB en ambos países y sus activos externos públicos son cuantiosos. Esto da margen para aplicar políticas anticíclicas, aunque la dolarización parcial de la economía peruana es una limitación.
Colombia es menos sensible a China. El petróleo representa el 40 % de las exportaciones totales y la economía está relativamente cerrada —la suma de las exportaciones y las importaciones equivale al 28 % del PIB—, pero los fundamentos económicos del país son más débiles que los de Chile y Perú, dado que los déficits fiscal y por cuenta corriente siguen siendo elevados (se prevé que ambos sean de alrededor del 3,0 % del PIB en 2018).
La economía brasileña está relativamente cerrada al comercio internacional, pero aun así se desaceleraría junto con la economía mundial. Las exportaciones y las importaciones representan apenas el 24 % del PIB, frente a un promedio del 53 % del PIB en los demás países del G20. Sin embargo, el ciclo económico de Brasil suele estar muy correlacionado con la economía mundial. Además del comercio, existen otros canales por los que la economía mundial afecta la actividad brasileña.
En primer lugar, el país recibe grandes flujos de inversión extranjera directa (IED), que podrían desplomarse en caso de una guerra comercial. En segundo lugar, dada la debilidad fiscal del país, es especialmente vulnerable a los flujos de capital extranjero, que pueden volverse negativos en períodos de mayor aversión al riesgo. En tercer lugar, el empeoramiento de las condiciones financieras derivado de un menor crecimiento mundial tendría un fuerte impacto en la economía brasileña, dado el desarrollo relativamente avanzado de sus mercados financieros internos. Por tanto, el impacto de una guerra comercial en el PIB de Brasil sería de alrededor de 0,7 pp.





