Pese a los denodados esfuerzos de los responsables políticos de todo el mundo, han pasado ocho años desde la crisis financiera mundial y todavía no hemos disfrutado de la recuperación generalizada que necesitamos para crear un mundo más seguro y próspero. Sí, el estímulo de los bancos centrales ayudó a estabilizar las economías occidentales, pero ¿dónde está el catalizador que nos devolverá al sólido crecimiento del que disfrutamos en décadas anteriores?
No hace falta buscar muy lejos: el catalizador está en los contenedores que entran y salen de un puerto cercano. En pocas palabras, la forma más sencilla de expandir la economía mundial es ampliar el comercio global.
Sí, el libre comercio ha sido objeto de críticas en Occidente por parte de populistas que lo culpan de cada empleo fabril perdido. En realidad, el comercio eliminó menos puestos de trabajo que la automatización, una fuerza mucho más difícil de revertir. Así que, aunque el comercio se ha convertido en un chivo expiatorio fácil, lo cierto es que el comercio transfronterizo ha desempeñado un papel poco reconocido en la prosperidad mundial inclusiva de la que hemos disfrutado durante los últimos 60 años.
Un estudio tras otro ha demostrado que, durante el último medio siglo, el comercio desempeñó un papel importante en el aumento del empleo, los ingresos y la esperanza de vida, así como en las consiguientes reducciones de la pobreza, el trabajo infantil y esclavo e incluso los conflictos militares. Un estudio de 40 economías también concluyó que el comercio aumentó en cerca de dos tercios el poder adquisitivo de los hogares de menores ingresos, ya que las personas pobres gastan más en bienes objeto de un intenso comercio, como alimentos y ropa.
Pese a esas pruebas en sentido contrario, es poco probable que las críticas desaparezcan. Y, si quienes defendemos el libre comercio fuéramos sinceros, admitiríamos que el sistema comercial mundial no ha seguido el ritmo de los cambios en el comercio global. También reconoceríamos que los beneficios a largo plazo han sido sustanciales a nivel macroeconómico, pero que las pérdidas a corto plazo se han sentido en el plano personal.
Para convencer a quienes lo critican, el comercio mundial necesita una renovación importante. Podemos empezar por cuatro ámbitos:
Reformar la OMC
Desde su creación en 1995, la Organización Mundial del Comercio ha recibido numerosas críticas: los casos tardan demasiado y demasiados países ignoran las normas de notificación, por mencionar dos. Pero es fácil olvidar que, antes de su fundación, se percibía el sistema comercial mundial como un club controlado por las mayores economías del mundo, que se resistía a cualquier cambio del statu quo. La creación de la OMC aceleró la liberalización del comercio y proporcionó a los países, grandes y pequeños, un sistema de solución de diferencias regido por la ley, no por el poder. Como resultado, más países han estado dispuestos a llevar sus reclamaciones ante la OMC.
La OMC no es perfecta, pero el sistema comercial mundial necesita un órgano de gobierno sólido en su núcleo. Además, el sistema de normas de la OMC ofrece la previsibilidad y la rendición de cuentas que las empresas necesitan antes de invertir. Por eso, la OMC debe reformarse, no sustituirse. El primer paso sería reformar el sistema de transparencia y notificación de la OMC y acelerar el proceso de solución de diferencias.
Adaptar las leyes comerciales a la era digital y de los servicios
Ya sean regionales, mundiales o bilaterales, muchos de los acuerdos comerciales actuales se redactaron en una época en la que la manufactura impulsaba la economía mundial. Hoy, el sector de los servicios tiene mucha más fuerza, y servicios como la tecnología de la información, la logística, la arquitectura, el derecho y la contabilidad se comercian fácilmente a través de las fronteras.
Además, muchas formas de comercio, incluido el minorista, están pasando a lo digital. Para 2020, se prevé que el comercio electrónico transfronterizo alcance casi 1 billón de dólares, pero la normativa comercial no ha seguido el ritmo. Solo el 20 % de los acuerdos comerciales regionales aborda cuestiones del comercio electrónico como la transparencia, la protección de datos y las transacciones sin papel, y es imperativo que las leyes comerciales se pongan al día.
Agilizar las aduanas
Aunque los aranceles reciben la mayor atención, lo que realmente encarece el comercio son las medidas no arancelarias, como las ineficiencias aduaneras innecesarias y las cuotas, licencias y leyes sobre contenido local diseñadas para proteger a los productores nacionales. El Acuerdo sobre Facilitación del Comercio, ratificado a principios de 2017, podría ayudar a reducir los trámites burocráticos que aumentan innecesariamente el costo del comercio.
Si se aplica con criterio, el AFC podría reducir los costos comerciales hasta en un 15 %, facilitando una expansión de 1 billón de dólares del comercio mundial. Pero para ello, los responsables políticos de todo el mundo deberán actuar de buena fe al aplicar estas reformas aduaneras. Y eso exigirá que quienes defendemos el libre comercio, como nosotros, presionemos a los gobiernos de todo el mundo para que hagan lo correcto.
Hacer que el comercio sea más inclusivo
Si existe alguna crítica válida al sistema comercial actual, es que el comercio crea ganadores y perdedores a corto plazo. Por eso, aunque el comercio haya sido abrumadoramente positivo a largo plazo, debemos prestar más atención a los trabajadores desplazados por el comercio o por las eficiencias tecnológicas, así como a las pequeñas empresas que podrían comerciar más. La verdad es que un sistema comercial solo es sostenible si todos comparten sus beneficios. Por lo tanto, debemos garantizar que el comercio sea más inclusivo y contribuya al desarrollo sostenible.
Los gobiernos también deben crear mejores redes de protección para los trabajadores que pierden sus empleos debido a los flujos comerciales o a la tecnología. La forma de esa asistencia variará según el país, dadas las diferencias culturales que existen en todo el mundo. En algunos países, esta asistencia puede subsidiar el costo de la reconversión laboral mediante cursos o prácticas en el puesto de trabajo. En otros, puede incluir seguro salarial y de salud, e incluso asistencia especial para empresas y agricultores afectados. Los países deben adaptar estos enfoques a sus políticas sociales, pero la OMC y la comunidad empresarial pueden promover las mejores prácticas.
Durante la última década, los acuerdos comerciales regionales e incluso bilaterales se han vuelto más populares, reflejo de las dificultades para alcanzar un consenso entre las 164 naciones que pertenecen a la OMC. Pero, para que el comercio impulse el crecimiento mundial y para que sus beneficios se compartan más ampliamente, los gobiernos, las empresas, las ONG y otros deben hacer un esfuerzo concertado por trabajar juntos.
Quienes defendemos el comercio comprendemos los beneficios económicos de permitir que los bienes y servicios circulen libremente a través de las fronteras. Un sistema comercial del siglo XXI también permitirá a los gobiernos mejorar las normas ambientales ylas normas laborales. Pero, antes de poder defender el comercio mundial, debemos argumentar de manera convincente que un mundo comercial del siglo XXI requiere un marco normativo del siglo XXI, en el que el libre comercio beneficie a todos.
Por David Abney, presidente y director ejecutivo de UPS, Estados Unidos; Sudipta Bhattacharya, director de tecnología de Adani Group, India; Weixing Cui, presidente y director de Deppon Logistics, República Popular China; Tarek Sultan Al Essa, director ejecutivo de Agility, Kuwait; Badr Jafar, director ejecutivo de Crescent Enterprises y presidente de Gulftainer, Emiratos Árabes Unidos; Thomas Klühr, director ejecutivo de Swiss International Airlines, Suiza; Andreas Renschler, miembro del consejo de administración de Volkswagen, Alemania; Shashi Kiran Shetty, presidente de Allcargo Logistics, India; Søren Skou, director ejecutivo de A.P. Møller Mærsk, Dinamarca; H. E. Sultan Ahmed bin Sulayem, presidente del grupo y director ejecutivo de DP World, Emiratos Árabes Unidos.





