Hace algunos años, el distinguido economista Richard Baldwin dijo: «La liberalización del comercio regional se extiende por el mundo como un incendio forestal». Tenía razón. Los acuerdos comerciales preferenciales (ACP) aumentaron de 20 en 1990 a cerca de 300 en la actualidad, y se han convertido en un elemento clave del panorama de la política comercial internacional.
Todos los países del mundo forman parte de al menos un ACP; Mongolia fue el último en sumarse, al firmar un acuerdo con Japón en 2016. Pero el Brexit, la retirada de Estados Unidos de la Asociación Transpacífica (TPP) y la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) han supuesto una gran conmoción para el sistema de comercio mundial.
¿Cuál será el resultado de esta conmoción? ¿Se avecina una pausa, un retroceso o una renovación de la integración comercial regional? Mucho depende de cómo respondan a esta conmoción otros actores clave.

Aunque los ACP suelen ser difíciles de vender políticamente, los gobiernos los promueven porque aumentan la productividad y benefician a los consumidores; impulsan la reforma de las políticas económicas; sustentan las cadenas de suministro; y tienen otras repercusiones positivas para la paz y la seguridad regionales. Además, aunque las estimaciones del impacto comercial de los ACP varían, los economistas coinciden en que aumentan el comercio entre sus miembros y, por tanto, tienen efectos positivos en el crecimiento.
En 2016, las negociaciones sobre la TPP, que abarcaba a Estados Unidos, Japón y otros 10 países de América y la región de Asia-Pacífico, y sobre la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (TTIP) entre Estados Unidos y la Unión Europea dominaron los titulares.
Las expectativas eran altas, ya que estos acuerdos cubrirían una parte significativa del comercio mundial. También había motivos de preocupación. Un informe del Consejo de la Agenda Global sobre Comercio e Inversión Extranjera Directa del Foro Económico Mundial abordó estas preocupaciones desde el principio.
¿Cómo darían forma estos acuerdos megarregionales al sistema comercial mundial? ¿Cambiarían las reglas del juego o serían distracciones costosas? ¿Qué repercusiones tendrían para los países que no eran miembros y cómo reaccionarían estos?
Avancemos hasta 2018: la situación es muy distinta. El sistema ha sufrido una conmoción debido al cambio de posicionamiento de Estados Unidos y el Reino Unido. Estados Unidos se ha retirado de la TPP, ha suspendido las negociaciones de la TTIP, ha iniciado la renegociación del TLCAN —con amenazas de retirarse— y ha comenzado a revisar algunos compromisos específicos del ACP entre Corea y Estados Unidos.
El reposicionamiento del Reino Unido tras el Brexit implica deshacer un esquema de integración comercial muy profundo con la UE y acordar nuevas reglas de participación para una futura asociación económica, al tiempo que se replican o renegocian unos 40 ACP que acompañaban a la pertenencia a la UE; no es una tarea menor.
¿Cómo reorientarán otros países sus políticas para responder a las conmociones actuales? ¿Se avecina una pausa, un riesgo de retroceso o una renovación de los ACP? Estas son las preguntas de hoy, muy distintas de las de hace apenas un año y medio.
Entre los desafíos, hay noticias interesantes. La UE está liderando una amplia expansión y modernización de su ya extensa red de ACP, con acuerdos recientes con Vietnam, Canadá y Japón, y quizá pronto con Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay (Mercosur), entre los más destacados. Con la estrategia de que la mejor defensa es un buen ataque, la UE está aportando mayor previsibilidad al comercio mundial.
En Asia, los países también avanzan. Japón ha asumido el liderazgo en lo que parecía la improbable resurrección de la TPP tras la retirada de Estados Unidos. Con la suspensión de solo unas pocas disposiciones, la TPP, ahora rebautizada como Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP), será firmada el próximo marzo por los 12 miembros originales, menos Estados Unidos, lo que generará de facto 18 nuevos ACP entre los miembros del CPTPP.
Al mismo tiempo, el ACP entre la UE y Japón —que también se firmará en marzo— constituye un compromiso de cooperación económica muy significativo entre estos dos líderes del comercio mundial. También están en curso otras negociaciones, entre ellas la Asociación Económica Regional Integral (RCEP), el ACP entre Japón, China y Corea, y otras.
La Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) de China va más allá de los ACP. Es la iniciativa más ambiciosa para mejorar la integración y la conectividad económicas regionales a escala transcontinental: incluye infraestructura «dura» a lo largo de seis corredores terrestres y la Ruta Marítima de la Seda del Siglo XXI; infraestructura «blanda», como el sistema financiero, para mejorar la eficiencia y facilitar los flujos económicos; y reformas de políticas y creación de instituciones para promover el comercio y la inversión extranjera directa entre los cerca de 70 países de la BRI. Ahora se habla de ampliarla a América Latina o a las rutas marítimas que atraviesan el Ártico, denominadas «Ruta Polar de la Seda». La RCEP, el ACP entre Japón, China y Corea y otros acuerdos también avanzan.
Otras regiones también participan activamente. Los países africanos firmarán el Acuerdo Continental de Libre Comercio (CFTA) el próximo marzo, aprovechando las comunidades económicas regionales para liberalizar el comercio.
Asia sigue mejorando y profundizando los ACP existentes y participando en nuevos acuerdos con socios no asiáticos; en América Latina, hay gran entusiasmo por el posible acuerdo entre Mercosur y la UE y por el continuo fortalecimiento de la Alianza del Pacífico, integrada por Colombia, Chile, México y Perú, que ahora negocian la «membresía asociada» con Australia, Canadá, Nueva Zelanda y Singapur.
A la luz de lo anterior, no se avecina un abandono total de los ACP en el mundo. Aunque algunas negociaciones se han suspendido, se están deshaciendo acuerdos comerciales importantes y la participación de Estados Unidos en la negociación de acuerdos comerciales está marcada por la incertidumbre, la UE, Japón, China y otros han tomado el relevo y están guiando al mundo hacia una mayor cooperación comercial.
Esto es señal de los nuevos tiempos. Su liderazgo es bienvenido. Ya está haciendo mucho bien por sí mismo, pero también es fundamental para mantener la puerta abierta por si otros están dispuestos a regresar. Además, el coste de quedar al margen es mayor en un mundo cooperativo que en uno dividido, por lo que aumenta la probabilidad de que otros estén dispuestos a volver a participar mañana.





