Con los marcos comerciales multilaterales bajo presión y las normas globales en transición, se impone un estilo más transaccional de las relaciones internacionales.
Los acuerdos comerciales y de inversión recientes están remodelando el panorama comercial de maneras que las corporaciones multinacionales no pueden ignorar.
Los centros de poder económico están evolucionando y las empresas deben adaptarse, lo que requiere el diálogo público-privado con los gobiernos.
Actualmente existe un nivel de disrupción sin precedentes en la economía global. Esta disrupción se debe a una combinación de múltiples factores complejos, desde las consecuencias del Brexit y de la pandemia de COVID hasta la extendida tensión geopolítica actual, los conflictos armados y las guerras arancelarias globales.
Con la seguridad nacional y la disrupción geopolítica ya firmemente en la agenda de los altos directivos, la aparición del “Chief Geopolitical Officer” subraya cómo las corporaciones se apresuran a mitigar los riesgos derivados de sanciones, controles de exportación, controles de inversión extranjera y otras medidas regulatorias.
Cambio de guardia
Cabe señalar que, si bien hay rumores de que el antiguo orden mundial –el del multilateralismo– está muriendo, aproximadamente 72% del comercio mundial se sigue realizando con arreglo a las normas de la nación más favorecida (NMF) de la Organización Mundial del Comercio, a pesar de una reciente caída. Esto es un claro recordatorio de que el comercio multilateral sigue siendo muy relevante, y no deberíamos abandonarlo ni los principios sobre los que se fundó.
Sin embargo, con estos marcos comerciales multilaterales tradicionales bajo presión y las normas globales en transición, se impone un estilo más transaccional de las relaciones internacionales. Los países y las empresas también reconocen que la dependencia excesiva de un único socio comercial es hoy una vulnerabilidad y, por ello, la diversificación es una estrategia empresarial fundamental.
Esto ha permitido que surjan con rapidez corredores comerciales bilaterales más ágiles que se convierten en impulsores del crecimiento global, lo que tiene importantes consecuencias para las empresas multinacionales. Acuerdos comerciales y de inversión recientes, como los de Reino Unido-India, Estados Unidos-Japón y UE-Indonesia, ponen de relieve la rapidez y la sencillez de este nuevo mundo, y están remodelando el panorama comercial de maneras que las corporaciones multinacionales no pueden ignorar.
Reajustar el crecimiento: las fusiones y adquisiciones como estrategia de resiliencia
¿Qué significa esto para las empresas? En pocas palabras, la volatilidad combinada con la fragmentación crea oportunidades para quienes están dispuestos a participar, muchas más que en un mundo puramente multilateral. Por ejemplo, se prevé que el nuevo acuerdo Reino Unido-India aumente el comercio bilateral en 25.500 millones de libras, y la inversión y las fusiones y adquisiciones entre estos dos mercados serán más fáciles.
Un buen ejemplo de adaptación a esta nueva realidad se encuentra en el ámbito transaccional. La actividad global de fusiones y adquisiciones se ha recuperado con fuerza tras un período de incertidumbre marcado por presiones regulatorias y cambios geopolíticos. A mediados de noviembre, los volúmenes globales de fusiones y adquisiciones habían aumentado notablemente hasta 4,3 billones de dólares –un 39% más interanual–, impulsados por el fuerte apetito por la diversificación geográfica, las inversiones orientadas a la tecnología y las operaciones relacionadas con la transición energética en sentido amplio.
Esto tampoco es un repunte de fin de año. Vemos que los clientes contemplan un crecimiento significativo de las fusiones y adquisiciones para 2026, lo que indica una confianza sostenida a pesar de la volatilidad y la incertidumbre geopolítica que moldean las prioridades de las operaciones y afectan a las valoraciones. El panorama en el que nos encontramos no frena las fusiones y adquisiciones, sino que simplemente las reajusta. Las empresas recurren cada vez más a adquisiciones estratégicas (en lugar de depender en exceso del crecimiento orgánico) para asegurar la resiliencia, acceder a la innovación y posicionarse para una ventaja a largo plazo. Las empresas se están adaptando al nuevo orden mundial para que los bienes, servicios y capitales sigan fluyendo.
Paralelamente, la agilidad regulatoria se está convirtiendo rápidamente en una ventaja competitiva muy codiciada. A medida que se endurecen los regímenes de inversión extranjera y de seguridad nacional, las empresas dan prioridad a la previsión y a la alineación geopolítica en sus estrategias de fusiones y adquisiciones, con énfasis en la evaluación temprana de riesgos, la estructuración de operaciones para minimizar el escrutinio y las inversiones en jurisdicciones «amigas» o en la relocalización cercana (nearshoring) para maximizar la viabilidad de las operaciones.
En el mercado global de fusiones y adquisiciones, el entorno en evolución está claramente lleno de oportunidades para las empresas que orienten sus estrategias y prioridades en consecuencia y que sepan navegar por el complejo panorama regulatorio, ahora muy impregnado de seguridad nacional. Esto exige no solo una perspectiva global, sino también la experiencia local y el conocimiento del mercado de esos factores de seguridad nacional (que pueden variar considerablemente de un país a otro).
Prosperar en un mundo multipolar
La adaptación también exige reconocer que el comercio mundial es cada vez más multipolar. Si bien Estados Unidos y China seguirán sin duda siendo potencias económicas, las empresas deben prestar ahora más atención a lo que ocurre en otras partes del mundo para navegar por este marco nuevo y más complejo. Con un crecimiento del comercio mundial respaldado en gran medida por el comercio Sur-Sur (un crecimiento interanual de alrededor del 8% a octubre), la forma antigua de centrarse en un puñado reducido de mercados de alto valor ha sido reemplazada por una multitud de oportunidades más pequeñas, pero muy rentables.
Para que las empresas prosperen de verdad hoy, no pueden limitarse a mirar a Estados Unidos, al Reino Unido o a China. Deben diversificarse, y hacerlo de forma estratégica, hacia las economías emergentes del mundo, donde se prevé que el crecimiento supere al de las economías avanzadas en una proporción superior a 2,5:1. Los centros de poder económico están evolucionando, y las empresas deben adaptarse o estancarse.
Para las empresas, esto no solo requiere una planificación cuidadosa y asesoramiento experto, sino también la participación de los gobiernos mediante el diálogo público-privado. Se está produciendo un cambio acelerado, y los gobiernos tienen mucho que considerar: es posible que no detecten oportunidades sectoriales específicas. Por ello, las empresas deben ser proactivas para ayudar a orientar la dirección de los nuevos acuerdos de libre comercio y de los entendimientos en materia de inversión. Por ejemplo, ¿existen normativas que requieran mejoras, o barreras que puedan eliminarse y que actualmente frenen el comercio y la inversión? Este tipo de colaboración beneficia a todas las partes, tanto a las empresas como a los gobiernos.
Las empresas también deben transmitir a sus gobiernos la importancia de mantener los diálogos bilaterales, no solo para facilitar el comercio, sino también para garantizar que se eviten nuevos conflictos. Cuanto más volátil o deficiente sea la relación entre los Estados, mayor será el riesgo de conflicto regulatorio entre ellos. Este mayor riesgo hace que la seguridad nacional penetre aún más en las relaciones empresariales, lo que contribuye a una creciente esclerosis del comercio mundial.
El entorno actual favorece las estrategias de mitigación de riesgos: las empresas practican el friendshoring y reestructuran las cadenas de suministro para reducir la exposición a jurisdicciones hostiles; los seguros de operaciones están aumentando en regiones volátiles; la turbulencia política y económica se incorpora a las estrategias de las operaciones. Pero el mundo está lleno de oportunidades para quienes saben elevarse por encima del riesgo con audacia y ver el horizonte, siempre que cuenten con la perspectiva global y con la experiencia, la preparación y la agilidad en el mercado necesarias para aprovecharlas en 2026.





