Una nueva mirada a cómo empoderar a los inversores minoristas

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  • En 2021, los inversores minoristas representaban el 52% de los activos globales bajo gestión, y se espera que esa proporción supere el 61% para 2030.

  • Sin una aceptación plena, la industria podría desaprovechar la oportunidad que ofrece el cambio en la base de inversores, lo que afectaría negativamente al crecimiento de la economía en general.

  • La industria de servicios financieros debe dar prioridad a métodos menos convencionales para llegar a la nueva generación de inversores.

Henry Ford dijo: «Si siempre haces lo que siempre has hecho, siempre obtendrás lo que siempre has obtenido». Estas palabras han sido ciertas durante generaciones. El cambio es difícil. Sin embargo, en cuanto se acepta que el cambio se ha producido, el progreso y las mejoras pueden llegar rápidamente.

Según el Banco Mundial, en 1990, la capitalización bursátil de Estados Unidos rondaba los 3,1 billones de dólares, mientras que la población rondaba los 250 millones. Eso equivale a unos 12.400 dólares en valor bursátil por persona. Treinta años después, esa cifra supera los 122.000 dólares en valor de acciones cotizadas por persona. Sin embargo, también desde 1990, la productividad por trabajador ha aumentado un 82%, pero los ingresos medianos ajustados por inflación de los trabajadores a tiempo completo solo han aumentado un 15%.

Dicho de otro modo, el valor bursátil per cápita de Estados Unidos casi se multiplicó por diez durante ese período de tres décadas, mientras que los salarios y sueldos de los trabajadores solo aumentaron un 15%. Incluso al ajustar por la inflación el crecimiento del valor de las acciones, este se ha multiplicado varias veces.

Los inversores minoristas de a pie están ganando influencia

Sin embargo, los avances tecnológicos han traído cambios y disrupciones al sector de los servicios financieros. La influencia de la persona promedio es cada vez mayor: los inversores de a pie representan el 52% de los activos globales bajo gestión en 2021, proporción que se espera que supere el 61% para 2030. Esto ofrece la oportunidad de equilibrar y hacer crecer la economía mundial. Pero también pone de manifiesto las diferencias entre las instituciones financieras «tradicionales» y las «nuevas».

Sin la aceptación de los «tradicionales», la industria podría desaprovechar la oportunidad que ofrece el cambio en la base de inversores, lo que también afectaría negativamente al crecimiento de la economía en general.

El informe Insight de agosto de 2022 del Foro Económico Mundial (FEM), El futuro de los mercados de capitales: democratización de la inversión minorista, se centra en el poder del inversor de a pie y reconoce la tensión entre las instituciones financieras «tradicionales» y las «nuevas». Aquí exploramos cómo aprovechar la oportunidad que se presenta, centrándonos en la confianza, la educación y el acceso.

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La confianza como una vía de doble sentido

En los últimos años se ha formado un relato que aborda por qué y cómo esta nueva base de clientes afecta a corto plazo el statu quo de las instituciones financieras y los mercados. El informe del Foro señala: «Los inversores minoristas están moviendo los mercados, influyendo en los inversores institucionales y generando efectos macroeconómicos». Además, términos como «retailización» enfrentan a los inversores de las plataformas «nuevas» con las vías tradicionales de inversión, ya sean fondos de inversión o plataformas de asesores. En esencia, a menudo se considera que la base de inversores no tradicionales es un efecto, en lugar de un logro.

¿Acaso sorprende que un estudio mundial del CFA Institute de 2022 revelara que cerca del 60% de los inversores minoristas encuestados confía en la industria de servicios financieros, frente al 86% de los inversores institucionales? ¿Cómo podemos crear, en cambio, una relación de confianza recíproca?

La confianza genera confianza. En nuestra opinión, las empresas financieras, tanto tradicionales como nuevas, deberían tratar a todos los inversores como merecedores de información y educación confiables. La transparencia y la empatía son ingredientes clave. Por experiencia propia, muchas empresas financieras utilizan modelos de ingresos y selecciones de productos poco claros que no siempre parecen responder al interés de los clientes. Esto puede excluir a los inversores minoristas de a pie que carecen de recursos —como contables, abogados y otros asesores— con los que sí cuentan las instituciones y los inversores con un elevado patrimonio neto para defender sus intereses.

En la práctica, el desarrollo de productos y servicios debería orientarse a atender a clientes de todo el espectro financiero, en lugar de dirigirse a un solo tipo. Las empresas deberían ayudar a sus clientes en todos los niveles de patrimonio, poner en práctica la visión que recomiendan mediante diversas soluciones y evitar incentivar las opciones más rentables para la empresa. También deberían reconsiderar cómo se accede a los productos financieros y cómo se recomiendan, sobre todo cuando pueda percibirse un conflicto de intereses. Por último, deberían explicar con franqueza cómo se generan las comisiones.

Esto debería generar economías de escala a largo plazo para las empresas y atender las necesidades inmediatas y futuras de una base de clientes cuyo patrimonio podría crecer con el tiempo.

Aceptación en la educación

Los mercados de capitales pueden ser difíciles de entender, incluso para los inversores minoristas con experiencia. Durante nuestros años de trabajo con clientes en una institución tradicional, descubrimos que los estilos de aprendizaje son tan distintos como las personas. La falta de una educación inclusiva puede llevar tanto a invertir menos de lo debido como a exponerse en exceso a activos de riesgo; ambas cosas ponen a los inversores en peligro de no alcanzar sus objetivos.

Históricamente, solo se podía acceder a la educación mediante el asesoramiento, que todavía presenta ciertas barreras de entrada. El informe del Foro señala que «el asesoramiento de inversión adecuado suele ser un servicio remunerado prestado por asesores de inversión registrados, que recomiendan medidas específicas según las circunstancias particulares y los objetivos financieros del consumidor». Esto plantea la pregunta: ¿puede variar también de una persona a otra el camino hacia el empoderamiento, de modo que la educación, con o sin asesoramiento, dote a los inversores minoristas de herramientas acordes con su trayectoria personal?

No solo deberían seguir reduciéndose las barreras al asesoramiento, sino que también debería separarse la educación del asesoramiento. Hay que proporcionar a los inversores de a pie los conocimientos necesarios para tomar decisiones, sin dar por sentado que no entenderán los conceptos. Las plataformas deberían transformarse para ofrecer herramientas educativas y de asesoramiento empáticas, que vayan más allá de proporcionar información estandarizada o basarse en suposiciones.

Además, muchos inversores de a pie, en particular los de la Generación Z, obtienen información de las redes sociales. Aunque algunos hallazgos se basan en hechos y están respaldados por datos, muchos otros son especulaciones y opiniones. Las empresas financieras que lideren con éxito el cambio llegarán a los inversores minoristas allí donde estén. Esto significa interactuar con ellos en esas plataformas para desmentir la información errónea y difundir información útil, generar confianza y ayudar a la cambiante base de inversores a crear patrimonio.

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Ampliar el acceso mediante la tecnología

Por último, el informe del Foro señala: «El panorama actual de los servicios de inversión es suficiente en cuanto a la variedad de servicios ofrecidos, pero está fragmentado en lo que respecta al alcance». Coincidimos en que el acceso a los mercados de capitales se ha ampliado enormemente en los últimos años, pero persisten algunas limitaciones, sobre todo en el capital privado.

Las expectativas de rentabilidad de los mercados públicos han disminuido, mientras que los mercados privados pueden ofrecer una rentabilidad potencial superior y beneficios adicionales de diversificación. Sin embargo, la asignación media al capital privado representa menos del 5% de las carteras de los inversores particulares de a pie, frente al 28% en el caso de las instituciones. Las restricciones regulatorias y las limitaciones de liquidez y transparencia obstaculizan la participación, pero los avances tecnológicos pueden resolver varios de estos problemas.

La creación y el uso de plataformas digitales que ofrezcan un mercado secundario permitirían a los inversores comprar y vender participaciones en activos privados para mejorar la liquidez. Otra vía es utilizar la tecnología blockchain. Los activos combinados con innovaciones cripto, como las monedas estables y los protocolos automatizados de creación de mercado, ofrecen una base para ampliar la participación. También deberían considerarse enfoques innovadores para estructurar los fondos. Por ejemplo, crear fondos privados abiertos, en los que las ganancias realizadas de las inversiones se reinviertan, parcial o totalmente, en el fondo en lugar de distribuirse entre los socios comanditarios, puede abrir las puertas a más tipos de inversores minoristas.

La participación continua es crucial para el crecimiento económico mundial. La industria de servicios financieros ha tardado en abandonar algunas de sus viejas prácticas y en dar prioridad a métodos menos convencionales para llegar a la nueva generación de inversores minoristas. Las instituciones financieras que reconozcan y adopten los cambios descritos pasarán a ocupar un lugar destacado en el cambiante panorama de la inversión y contribuirán a una posible prosperidad económica más amplia.

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