3 desafíos que las economías latinoamericanas deben superar para impulsar el comercio intrarregional

A container ship is pictured next to cranes in Valparaiso port, Chile, March 21, 2017.
Image: REUTERS/Rodrigo Garrido
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En la segunda mitad del siglo XX, la integración comercial contribuyó a impulsar el crecimiento económico en países desarrollados y en desarrollo, y sacó a millones de personas de la pobreza.

Sin embargo, desde principios de la década de 2000, la desaceleración del ritmo de las reformas comerciales, el repunte del proteccionismo tras la crisis y el riesgo de nuevos retrocesos están afectando al comercio, la productividad y el crecimiento de los ingresos. En este contexto, la integración regional se considera cada vez más un potente motor de crecimiento y de nuevas oportunidades.

Integración regional: una tendencia mundial

La tendencia a largo plazo hacia la integración regional es clara: en las últimas dos décadas se han logrado avances constantes hacia economías regionales más integradas en casi todas las partes del mundo.

En Asia Oriental, se están llevando a cabo esfuerzos para concluir las negociaciones de la Asociación Económica Integral Regional, integrada por 16 países, que abarcaría varias economías importantes y mejoraría el comercio de bienes y servicios, la inversión, la cooperación económica y técnica, la propiedad intelectual, la competencia y la solución de controversias, entre otros asuntos.

En África, los países trabajan para reducir los costos del comercio y atraer inversiones muy necesarias en infraestructura, al tiempo que abordan los desafíos que afrontan las personas en situación de pobreza extrema para beneficiarse del comercio.

América Latina no es la excepción. La aparición de la Alianza del Pacífico, un ambicioso y vanguardista esquema de integración entre Colombia, Chile, México y Perú, ha revitalizado el impulso a la integración regional, con el objetivo de liberalizar la circulación de bienes, servicios, personas y capital entre los países participantes. También constituye una buena plataforma para fortalecer aún más las relaciones comerciales con los países de Asia-Pacífico. El reciente interés de Argentina en la Alianza del Pacífico, los cambios en las dinámicas económicas del Cono Sur y el renovado interés por estrechar los lazos entre México, Brasil y Argentina sin duda darán un nuevo impulso a la integración en la región.

Comercio intrarregional en el mundoImage: Banco Mundial

Por qué tiene sentido desde el punto de vista económico

¿Por qué despierta tanto interés la integración regional entre los responsables de formular políticas de distintas regiones del mundo? Se suele argumentar que la integración regional solo puede desempeñar un papel limitado en la mayoría de las regiones, incluida América Latina y el Caribe, debido a la similitud de las dotaciones de recursos de sus países.

Aunque esto suele ser cierto, esta visión tradicional no reconoce que una cooperación regional más profunda puede aprovechar la proximidad y la complementariedad en la producción de bienes y servicios. Es un hecho que la actividad económica tiende a concentrarse geográficamente, ya sea porque los costos del comercio son más bajos o porque los factores que determinan el desempeño económico, como las dotaciones de recursos y las instituciones, son similares entre países vecinos. Los responsables de formular políticas de todo el mundo reconocen que la integración regional es vital para el crecimiento económico y el comercio y, por tanto, para crear más empleos y de mejor calidad.

Además, en el siglo XXI, la principal motivación para la integración regional es explorar el potencial de dos canales comerciales interrelacionados: la aparición de redes regionales de producción (o cadenas regionales de valor) y el desarrollo del comercio transfronterizo de servicios. El comercio de servicios suele quedar fuera del análisis de la complementariedad comercial, pero está cobrando mayor importancia a medida que sigue creciendo de forma sostenida y contribuye a impulsar el crecimiento económico. En 2014, el comercio de servicios representó el 13,2 % del PIB mundial.

Un estudio recién publicado por el economista jefe del Banco Mundial para América Latina identifica importantes ventajas de la integración regional para las economías latinoamericanas: señala claramente las ganancias de eficiencia asociadas con una integración más profunda entre las zonas sur y norte de la región. Según el estudio, las ganancias de eficiencia promedio que países como Argentina y México podrían obtener de sus socios regionales fuera de su subregión son comparables a las que podrían alcanzar comerciando con países de otras partes del mundo.

Tres obstáculos a la integración latinoamericana

Entonces, ¿qué se necesita para impulsar el comercio intrarregional en América Latina? Algunas medidas son evidentes; por ejemplo, a algunos países les convendría reducir sus aranceles y celebrar acuerdos comerciales formales. Además, los responsables de formular políticas consideran cada vez más que hay tres áreas clave que obstaculizan el éxito de la integración regional y mundial:

1. Costos desproporcionadamente altos del comercio dentro de la región, derivados de una infraestructura deficiente de transporte y logística, así como de una facilitación del comercio ineficiente
La integración latinoamericana sigue lastrada por costos comerciales relativamente altos, asociados en gran medida a la geografía, pero agravados por la mala calidad de la infraestructura física y no física de la región. Si bien mejorar la infraestructura física supone una agenda ambiciosa, dado el volumen de inversiones necesario, podría prestarse más atención a los componentes no físicos relacionados con la mejora de la facilitación del comercio y la gestión fronteriza. Por ejemplo, la aplicación del Acuerdo sobre Facilitación del Comercio ofrece a los países la oportunidad de reforzar la coordinación entre organismos en la frontera y mejorar el diálogo entre los sectores público y privado sobre la facilitación del comercio. Estas medidas pueden contribuir a reducir los costos comerciales.

2. Medidas no arancelarias complejas y poco transparentes
Las medidas no arancelarias son todas aquellas medidas distintas de los aranceles que afectan al libre flujo transfronterizo de bienes y servicios. Incluyen medidas técnicas relacionadas con las normas de los productos y las especificaciones de calidad, como las normas sanitarias y fitosanitarias y los obstáculos técnicos al comercio. También incluyen medidas como las licencias de importación, los controles de precios, las subvenciones y las normas de origen. Las iniciativas para minimizar las distorsiones comerciales asociadas con estas medidas —muchas de las cuales tienen objetivos perfectamente legítimos— pueden tener un gran impacto en la competitividad de América Latina.

3. Restricciones regulatorias al comercio de servicios
La apertura al comercio es un mecanismo clave para atraer inversión extranjera directa y aumentar la competencia en los sectores de servicios. Sin embargo, es necesario garantizar que una mayor apertura comercial se coordine con la reforma regulatoria, de modo que existan normas adecuadas que aborden las fallas de mercado pertinentes y fomenten una prestación competitiva de servicios.

Abordar estos desafíos fundamentales mediante estrategias integrales que incorporen aportes no solo de los gobiernos, sino también del sector privado, ayudará a asegurar un futuro más prometedor para la integración comercial en América Latina.

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