Con Estados Unidos y China enfrascados en una guerra comercial, la acción climática rezagada frente a la realidad climática, y el riesgo de que el Órgano de Apelación de la Organización Mundial del Comercio quede inoperante, el tema del foro público de la OMC de esta semana – «Trading Forward: Adapting to a Changing World» – no podría ser más adecuado. Pero si el sistema comercial mundial ha de adaptarse a las realidades del siglo XXI, hay que prestar especial atención a las necesidades de los países en desarrollo.
La trampa del juicio políticoERIC POSNER sostiene que los demócratas están a punto de aprender por las malas lo que los republicanos descubrieron en 1998.45Añadir a marcadoresAnteriorSiguiente
Consideremos África, que en los últimos tiempos ha trabajado intensamente para profundizar el comercio y la integración intracontinentales. Si bien estos esfuerzos –en particular la Zona de Libre Comercio Continental Africana (AfCFTA)– pueden impulsar el crecimiento y el desarrollo, su impacto depende tanto de reformas mundiales complementarias como de la aplicación por parte de los países de los acuerdos de la OMC. El éxito está lejos de estar garantizado.
El Acuerdo sobre Facilitación del Comercio, que entró en vigor en 2017, es un buen ejemplo. Uno de los pocos acuerdos de la OMC ratificados en los últimos años, el AFC sitúa en primer plano las ambiciones de los miembros en desarrollo. Su objetivo es agilizar el movimiento, el despacho y la liberación de mercancías a través de las fronteras; establece medidas para una cooperación eficaz entre las aduanas y otras autoridades competentes; y prevé asistencia técnica y creación de capacidades.
El AFC reconoce que la facilitación del comercio descansa en tres pilares fundamentales: simplificación, armonización y transparencia. Dada su aceptación mundial, tiene el potencial de garantizar que las reformas que reflejan este reconocimiento queden «blindadas» en todos los países, incluidos aquellos cuyos gobiernos podrían, de otro modo, mostrarse reacios a aplicarlas.
Para los países africanos que logren aplicar plenamente el AFC, las ganancias podrían ser enormes. Según un estudio de 2015 de la OMC, el AFC podría traducirse en un aumento del 35% de las exportaciones de los países africanos menos adelantados, en un impulso del 3,5% al crecimiento económico de las economías en desarrollo y en una mejora del 20% en la diversificación de las exportaciones.
Sin embargo, para muchos países africanos, aplicar las reformas de facilitación del comercio exigirá superar desafíos simultáneos, como las limitaciones de oferta, el lento crecimiento económico, los controles aduaneros ineficientes y la deficiente coordinación fronteriza. En este sentido, la AfCFTA –que reconoce los retos de infraestructura física e institucional que dificultan las reformas de facilitación del comercio en el continente– complementa al AFC. Pero, como la AfCFTA aún no se ha aplicado, su contribución sigue siendo teórica.
Para que los países en desarrollo puedan llevar a cabo reformas complementarias, el AFC les permite disponer de periodos de aplicación más largos, en función de sus necesidades y prioridades individuales. Al mismo tiempo, ofrece una especie de «mecanismo de emparejamiento» para que los donantes presten asistencia técnica y financiera.
Pero para que estas asociaciones funcionen, los países receptores deben identificar sus prioridades, los posibles obstáculos al progreso y las intervenciones necesarias para superarlos. A continuación, deben comunicar con claridad sus conclusiones a los donantes con los que han sido emparejados.
Un reciente estudio del Instituto Sudafricano de Asuntos Internacionales (SAIIA) contribuye en cierta medida a demostrar cómo hacerlo, al examinar el caso de Zambia, un país sin litoral y de bajos ingresos. Entre las principales conclusiones del estudio figura que Zambia debe pasar de «país sin litoral» a «país conectado por tierra», mediante la creación de redes regionales de transporte eficaces y el establecimiento de relaciones estrechas con sus vecinos, a fin de garantizar una administración aduanera, un control fronterizo y un acceso a los puertos que funcionen bien. Tanto la infraestructura física como las tecnologías de la información y la comunicación son esenciales.
Aunque Zambia sí colabora con sus vecinos en la puesta en marcha de puestos fronterizos de ventanilla única, estas relaciones de trabajo no están exentas de desafíos y requieren un equilibrio entre los objetivos regionales comunes y las prioridades nacionales. Realizar las operaciones de entrada en un único paso fronterizo común reduciría el tiempo que se pasa en las fronteras, disminuiría los costes logísticos, fomentaría la cooperación y permitiría integrar la información y la gestión de riesgos. Para obtener el respaldo necesario para esta y otras reformas de facilitación del comercio, el sector privado debe participar en la toma de decisiones.
El estudio del SAIIA también subraya la necesidad de que Zambia integre sus prioridades de reforma de la facilitación del comercio en las agendas de una serie de organismos gubernamentales, mejorando así la coordinación. Todos estos organismos deben comprender no solo las prioridades nacionales, sino también cómo pueden orientarse los esfuerzos hacia la mejora de las condiciones comerciales y la profundización de la integración regional, contribuyendo así a los objetivos más amplios de desarrollo mundial. Los programas de formación y el apoyo al desarrollo de capacidades que ofrecen la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo y la Alianza Mundial para la Facilitación del Comercio pueden respaldar este esfuerzo, ayudando a crear un grupo de personal gubernamental con los conocimientos y las competencias necesarios para aplicar reformas a largo plazo.
El AFC, como cualquier acuerdo de la OMC, es una herramienta poderosa para el progreso. Pero no puede funcionar aisladamente. Las reformas complementarias necesarias para abordar los desafíos específicos de cada país dependen del buen funcionamiento del sistema comercial mundial en su conjunto. Por ello, en lugar de permitir que un par de grandes actores descarrilen ese sistema, los expertos reunidos esta semana en el foro público de la OMC deben impulsar una visión de un sistema que tenga en cuenta las necesidades de todos los Estados miembros, empezando por los países en desarrollo que con demasiada frecuencia se quedan atrás.





