¿Tendrá la Cuarta Revolución Industrial un corazón humano?

¿Tendrá la Cuarta Revolución Industrial un corazón humano?
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Mire hacia el futuro dentro de 10 años y haga algunas predicciones. ¿Tendremos coches impresos en 3D? ¿Tendremos farmacias robotizadas, teléfonos móviles implantables y trasplantes de hígado impresos en 3D? ¿Tendremos máquinas que lean nuestra mente?

Si cree que la respuesta a estas preguntas es «sí», no está solo. Una reciente encuesta del Consejo de Agenda Global del Foro Económico Mundial sobre el Futuro del Software y la Sociedad planteó precisamente esas preguntas. Más del 75 % de los encuestados consideró realistas muchas de ellas. Estamos a punto de presenciar una Cuarta Revolución Industrial, que afectará a todos los aspectos de la sociedad. ¿Será el mundo mejor por ello o peor?

Para responder a esa pregunta, permítame comenzar explicando qué es esta Cuarta Revolución Industrial y en qué se diferencia de las anteriores.

En primer lugar, ¿por qué es la Cuarta Revolución Industrial? La primera revolución industrial comenzó en la segunda mitad del siglo XVIII y nos trajo la producción mecánica mediante la máquina de vapor, el hilado de algodón y, después, los ferrocarriles. La segunda revolución industrial tuvo lugar hacia el cambio del siglo XX y trajo la producción en masa mediante las cadenas de montaje y la electrificación. La tercera revolución industrial fue la revolución informática, que comenzó en la década de 1960 y nos trajo primero la computadora central y, luego, la informática personal, además de internet.

Hoy nos encontramos en plena Cuarta Revolución Industrial, que afectará a los gobiernos, las empresas y las economías de formas muy sustanciales. No debemos subestimar el cambio que nos espera, ya que existen al menos tres diferencias entre esta revolución y las anteriores:

  • La primera es la velocidad. Las revoluciones industriales anteriores tardaron décadas en desarrollarse. La revolución actual nos envuelve como un tsunami.

  • La segunda es que no está relacionada con un único ámbito. No se trata solo de las redes móviles o los sensores, sino también de la nanotecnología, la investigación del cerebro, la impresión 3D, la ciencia de los materiales, la informática, las redes y la interacción entre todos ellos. Esta combinación generará una fuerza muy poderosa. Además, la accesibilidad y la asequibilidad de las tecnologías complejas las difundirán más lejos y más rápido.

  • La tercera diferencia es que esta revolución no se basa en la innovación de un único producto o servicio – sino en la innovación de sistemas completos. Tomemos, por ejemplo, la plataforma de transporte compartido Uber. No produce coches nuevos; produce un sistema de movilidad completamente nuevo. Está creando la economía colaborativa.

Eso nos lleva a la cuestión del impacto. En resumen, veremos los efectos de esta revolución en todas partes. Permítame dar tres ejemplos:

  • El impacto en los negocios y las economías. El espíritu emprendedor y la agilidad cobrarán mucha más importancia y, en general, las pequeñas y medianas empresas son más ágiles que las grandes. En el futuro, no será el pez grande el que se coma al pequeño, sino el pez rápido el que se coma al lento. Considérese el caso de Google, que ha creado Alphabet como plataforma para varias empresas más pequeñas y más centradas en su actividad. En la banca, la revolución de la «tecnología financiera», o fintech, provocará una desintermediación rápida. Al final, los modelos de negocio de cada industria se reestructurarán.

  • El impacto en las competencias y el empleo. En el pasado teníamos la destrucción creativa. Los empleos destruidos por la innovación podían ser sustituidos por nuevos puestos en nuevos sectores. Hoy ya no tenemos certeza de cómo sucederá esto. La tecnología reemplazará muchos empleos del sector de alta cualificación. Solo ganarán los países que se preparen para ello mediante la mejora de competencias y la recualificación.

  • El impacto en los gobiernos creo que será más importante que nunca. De hecho, en este nuevo mundo de ritmo acelerado, el mayor ritmo de la innovación deberá ir acompañado de normas y reglas gubernamentales más ágiles. Los gobiernos pueden abordar la revolución de dos maneras: pueden decir «todo lo que no está prohibido está permitido» o «todo lo que no está permitido está prohibido». Al final, tendrán que encontrar un término medio.

Un aspecto muy importante: ¿tendrá la Cuarta Revolución Industrial un corazón y un alma humanos? Nuevamente, imagine vivir en el futuro, cuando robots y humanos convivan codo con codo. ¿En quién confiaría más, en un humano o en un robot? Concretamente:

  • Si le dijeran que padece una enfermedad potencialmente mortal y un médico humano le prescribiera el régimen de tratamiento A, mientras que un robot con inteligencia artificial le prescribiera el régimen B, ¿cuál seguiría?

  • Si lo acusaran falsamente de un delito, ¿preferiría ser juzgado por un juez humano o por un juez de inteligencia artificial?

Estas no son necesariamente preguntas hipotéticas: el robot Watson de IBM ya ayuda a recomendar tratamientos contra la leucemia en MD Anderson, en Estados Unidos. Por tanto, debemos estar mejor preparados para esta revolución industrial y sus efectos, y tenemos que empezar ahora. Debemos reflexionar sobre estas cuestiones de forma integrada. Debemos reunir al sector público, al sector privado y a las mentes más brillantes del mundo. Y debemos definir los problemas de manera proactiva, y crear soluciones y posibles acciones.

Creo que, si se gestiona bien, la Cuarta Revolución Industrial puede traer un nuevo renacimiento cultural, que nos haga sentir parte de algo mucho más grande que nosotros mismos: una verdadera civilización global. Creo que los cambios que transformarán la sociedad pueden propiciar una sociedad más inclusiva, sostenible y armoniosa. Pero no será fácil.

El director ejecutivo de Google, Eric Schmidt, en nuestra Reunión Anual de Davos de este año, advirtió de que podríamos presenciar una batalla entre humanos y robots. En esta lucha económica hay dos posibles resultados: la Cuarta Revolución Industrial podría privar a la humanidad de su corazón y de su alma, o podría elevar a la humanidad hacia una nueva conciencia colectiva y moral basada en un sentido compartido de destino.

Podemos elegir esta última opción si trabajamos juntos y creamos modelos a seguir para humanos y robots. Asegurémonos de que los humanos ganen y de que cultivemos los rasgos humanos de pertenencia, creatividad y sensibilidad en la Cuarta Revolución Industrial.

Autor: Klaus Schwab es fundador y presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial

Imagen: Un niño pequeño intenta hablar con un robot durante un evento de promoción científica en Zhengzhou, provincia de Henan, 19 de septiembre de 2015. REUTERS/Stringer

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