Por qué cambia el sentido del olfato a lo largo del día

A woman smells the cherry blossom flowers blooming near the Washington Monument in Washington, U.S., March 25, 2017.REUTERS/Yuri Gripas
Researchers have experimented to find out whether our sense of smell varies with our body clock.Image: REUTERS/Yuri Gripas
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Una nueva investigación sugiere que la sensibilidad olfativa varía a lo largo del día.

Según los datos recopilados en un estudio con 37 adolescentes, el patrón sigue el ciclo interno de día y noche del cuerpo, o ritmo circadiano.

«Este hallazgo es muy importante para la ciencia de la percepción olfativa», afirma Rachel Herz, autora principal del estudio y profesora adjunta de psiquiatría y comportamiento humano en la Facultad de Medicina Warren Alpert de la Universidad Brown. «No se sabía hasta ahora y esta es la primera evidencia clara y directa».

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A lo largo del ciclo circadiano, ya sea por grados o por hora del día, los sujetos del estudio mostraron patrones en el momento en que alcanzaba su punto máximo su sensibilidad olfativa. Los puntos indican el grado circadiano máximo, o su equivalente horario, de cada sujeto. El área morada muestra el promedio. Cuanto más alejados están los puntos del centro, mayor es el grado de cambio de sensibilidad en el punto máximo.

Herz señala que el olfato, uno de los cinco sentidos, es una capacidad importante, no solo para experimentar y disfrutar el mundo, sino también para recibir información sobre peligros, como un incendio cercano o alimentos en mal estado, y para funciones básicas como comer. Los cambios en este sentido a lo largo del día pueden afectar todas estas capacidades.

Herz, experta en el sentido del olfato, obtuvo estos hallazgos en colaboración con la especialista en sueño Mary Carskadon, profesora de psiquiatría y comportamiento humano. Carskadon está llevando a cabo un estudio más amplio con la hipótesis de que los horarios circadianos y los hábitos de sueño pueden afectar los hábitos alimentarios de los adolescentes y contribuir potencialmente a la obesidad.

El olfato está relacionado con el consumo de alimentos, señala Herz, autora del próximo libro Por qué comes lo que comes (W. W. Norton & Company, 2017); por eso, los investigadores diseñaron un experimento para determinar si el olfato varía con el ritmo circadiano.

Alterar los patrones de sueño

Para realizar el estudio, los investigadores pidieron a los 21 chicos y 16 chicas, de entre 12 y 15 años, que durmieran con un horario fijo durante dos semanas antes de acudir al laboratorio del sueño del Hospital Bradley. Tras una noche de adaptación en el laboratorio, los adolescentes comenzaron una semana de jornadas de 28 horas, durante las cuales su hora de dormir se retrasaba cuatro horas cada «noche».

Durante todo ese tiempo, vivieron en interiores con poca luz, socializando y participando en actividades divertidas entre ellos y con el personal. El objetivo era separarlos temporalmente de las alteraciones habituales del sueño y de las señales externas que regulan el horario circadiano. De este modo, explica Carskadon, se podían medir sus ritmos circadianos internos e inherentes, así como la sensibilidad de su sentido del olfato en todo momento a lo largo de esos ritmos (además de otras medidas, como la ingesta de alimentos).

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El equipo midió el ritmo circadiano detectando en la saliva los niveles de melatonina, la hormona que induce el sueño. La secreción de melatonina comienza aproximadamente una hora antes de que aparezcan las ganas de dormir.

Los investigadores evaluaron la sensibilidad olfativa con «Sniffin’ Sticks», una prueba habitual para medir los umbrales de detección de olores. Cada vez que usaban los bastoncillos, podían determinar la concentración umbral del olor que los adolescentes eran capaces de detectar. Evaluaron el olfato cada tres horas mientras los adolescentes estaban despiertos.

El momento de mayor agudeza olfativa

Hubo grandes diferencias entre las personas en cuanto a cuánto variaba su sensibilidad olfativa durante un ciclo circadiano y cuándo alcanzaba su punto máximo. Sin embargo, se observaron patrones claros tanto en cada individuo como en el conjunto. Por un lado, la variación mostraba un ritmo circadiano; por otro, la sensibilidad olfativa nunca era máxima bien entrada la «noche biológica», es decir, el período mucho después del inicio de la producción de melatonina, cuando es más probable que las personas estén dormidas y menos probable que estén comiendo. Según el reloj, esto ocurre aproximadamente entre las 3:00 y las 9:00.

«Así que hicimos 84 pruebas a cada niño, y cada una corresponde a una fase circadiana», explica Carskadon. «Aquí hay un ritmo: no es constante ni se huele igual todo el tiempo. El sentido del olfato cambia de manera predecible, aunque no igual en todos los niños».

Carskadon afirma que los hallazgos deberían interesar a los profesionales clínicos y a los investigadores que evalúan el sentido del olfato de sus pacientes. El estudio sugiere que la sensibilidad podría ser naturalmente mayor en una consulta por la tarde que a primera hora de la mañana.

Herz señala que también podría haber implicaciones para la seguridad contra incendios. Hace una década, ella y Carskadon descubrieron que el sentido del olfato prácticamente se desactiva durante el sueño. Ahora hay evidencia de que es relativamente débil durante una cuarta parte del ciclo circadiano. Esto, explica Herz, subraya el valor de las alarmas de humo audibles, ya que el olfato puede ser un indicador poco fiable de ese peligro, al menos durante las primeras horas de la mañana.

Punto máximo alrededor de las 21:00

En promedio, la sensibilidad olfativa alcanzaba su punto máximo al comienzo de la noche biológica, es decir, alrededor de las 21:00 en los adolescentes.

Herz afirma que solo puede especular sobre por qué, en promedio, la sensibilidad olfativa podría alcanzar su punto máximo al anochecer. Desde una perspectiva evolutiva, quizá sirva para generar la mayor sensación de saciedad durante la importante comida del final del día; quizá sea una forma de aumentar el deseo de apareamiento o, tal vez, de detectar amenazas cercanas antes de acostarse por la noche.

Para cada persona, señala, saber en qué momento del día podría alcanzar su punto máximo la sensibilidad olfativa permitiría identificar cuándo las experiencias sensoriales podrían resultar más agradables.

Sin embargo, en lo que respecta a problemas de salud menos ancestrales, Carskadon afirma que se están obteniendo más datos de los experimentos para ayudar al equipo a determinar si las fluctuaciones circadianas de la sensibilidad olfativa contribuyen a definir las elecciones alimentarias y los hábitos de alimentación de los adolescentes.

«El sentido del olfato cambia a lo largo de las 24 horas del día», afirma Carskadon. «No sabemos si esa diferencia afectará qué comen las personas o cómo lo hacen. Aún queda mucho por descubrir».

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