Por qué necesitamos una mejor gobernanza para gestionar el uso de la tecnología en las ciudades

Smart cities are the future.
Smart cities are the future.Image: Pawel Nolbert/Unsplash
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No sé cuántos cruces de tráfico atravesé esta mañana al llevar a mis hijas al colegio. Ni la última vez que revisé mi correo electrónico en un punto de acceso Wi-Fi público. Pero los responsables de mi ciudad sí lo saben (o podrían saberlo fácilmente).

Estamos rodeados de tecnología digital en los espacios públicos, pero para la mayoría de nosotros es invisible. Al desplazarnos por el centro de la ciudad o pasar el rato en un parque público, podríamos encontrarnos con cámaras de seguridad, cámaras de tráfico, contadores de peatones o de bicicletas, puntos de acceso Wi-Fi o sensores que encienden las luces.

Esta tecnología tiene el potencial de mejorar nuestras vidas: puede ayudar a mantenernos seguros, reducir el tráfico, mejorar la preparación ante desastres, garantizar un acceso fiable a internet y reducir la contaminación.

También puede causar daños graves si no se gestiona de manera responsable. El creciente uso de las tecnologías digitales en nuestros espacios públicos ha planteado una serie de cuestiones políticas y éticas.

Algunas ciudades son capaces de rastrear e identificar a millones de personas cada día con cámaras y líneas de código. Junto con otros sistemas que supervisan las comunicaciones, el uso de internet y el transporte, estas tecnologías pueden amenazar la privacidad y las libertades civiles.

Es fácil culpar a las cámaras o a la tecnología de reconocimiento facial, pero estas herramientas no son buenas ni malas en sí mismas; lo que determina su impacto es nuestra capacidad y voluntad de regular su uso.

La innovación siempre ha sido fundamental para el crecimiento de las ciudades. A lo largo de la historia, las ciudades se han transformado con nuevas tecnologías como la máquina de vapor, la electricidad y el automóvil. Con cada nueva tecnología, las ciudades han tenido que replantearse los patrones de la vida urbana y establecer nuevas normas y procesos que guíen esta transformación.

Cuando el automóvil transformó la planificación urbana en el siglo XX, surgieron multitud de nuevas normas y estándares globales para ayudar a establecer el orden y evitar el caos. Marcos de gobernanza como los límites de velocidad, los permisos de conducir y el seguro de automóviles fueron adoptados de forma universal. Mientras tanto, los gobiernos tenían la flexibilidad de adaptar las leyes locales como considerasen oportuno.

Esta misma base de normas globales y de políticas públicas sólidas es urgentemente necesaria para gestionar la implantación de las tecnologías digitales en nuestras ciudades. Necesitamos normas y reglas universales que no solo determinen cómo y cuándo capturamos datos en los espacios públicos, sino que también definan cómo pueden utilizarse estos datos. No se trata de crear políticas válidas para todos por igual, sino de establecer regulaciones que nos hagan sentir seguros en cualquier lugar del mundo.

Eso es precisamente lo que pretende abordar la Alianza Global de Ciudades Inteligentes del G20 sobre Gobernanza Tecnológica. Establecida en 2019 bajo el liderazgo de Japón y respaldada por Arabia Saudita en 2020, la Alianza ha reunido a más de 200 000 ciudades y gobiernos locales, empresas, startups, instituciones de investigación y organizaciones sin ánimo de lucro en torno a un conjunto compartido de principios para el uso responsable y ético de las tecnologías de ciudades inteligentes.

En los próximos meses, la Alianza comenzará a poner a prueba un conjunto de normas políticas globales para el uso responsable y ético de las tecnologías de ciudades inteligentes. El Foro Económico Mundial, organización internacional de cooperación público-privada, ha sido seleccionado para actuar como secretaría de esta Alianza, proporcionando una plataforma neutral para construir consenso e impulsar la acción colectiva en un mundo cada vez más fragmentado. Nuestra esperanza es que estas normas políticas sirvan de hoja de ruta para que ciudades de todos los tamaños adopten de forma más eficaz nuevas tecnologías de ciudades inteligentes sin tener que preocuparse por multitud de posibles consecuencias imprevistas o daños.

Entonces, ¿me molesta que mi ciudad pueda rastrear mi trayecto matutino o conocer mi comportamiento en internet? Depende de lo que ocurra a continuación.

Estamos en un momento crítico, en el que las decisiones de gobernanza que se tomen en los próximos años determinarán si nuestros hijos crecen en ciudades que se parezcan más a sueños utópicos o a pesadillas. Ha llegado el momento de que los residentes, las empresas, los gobiernos y la sociedad civil se unan para establecer nuevas reglas que garanticen que la tecnología y los datos que captura se utilicen de manera responsable y ética. Hay demasiado en juego como para dejar nuestro futuro al azar.

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