El año 2015 es decisivo para la agenda mundial de desarrollo. Durante la Cumbre Especial de la ONU sobre Desarrollo Sostenible, en septiembre, 193 países definirán la agenda mundial de desarrollo para los próximos 15 años. Si queremos que los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) tengan un impacto real durante la próxima década, la digitalización debería tener mayor presencia en el debate sobre el desarrollo sostenible.
Los ODS sustituirán a los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), que impulsaron el desarrollo durante la década y media pasada. El desafío es gigantesco. De carácter muy específico y centrados en gran medida en los países en desarrollo, los ODM dieron impulso a la agenda internacional de desarrollo. Aunque se debate sobre los resultados precisos y las dinámicas que condujeron al progreso, nadie puede negar que los ODM tuvieron un impacto concreto y positivo en la vida de millones de personas.
Nuevos objetivos de desarrollo para un mundo nuevo
Los nuevos ODS tendrán que renovar este impulso y, al mismo tiempo, reconocer que el mundo ha cambiado considerablemente desde que se formularon por primera vez los ODM. El mundo actual se caracteriza por una multipolaridad creciente. Los equilibrios políticos y económicos actuales difieren drásticamente de los que existían cuando se establecieron los ODM, al comienzo del milenio. Estos cambios han afectado la situación del desarrollo internacional. En la Reunión Anual del Foro de este año, Hans Rossling señaló que los países están convergiendo gradualmente. Al mismo tiempo, los flujos financieros que sustentan los esfuerzos de desarrollo se han transformado radicalmente. Tanto la inversión extranjera directa como las remesas superan actualmente la clásica asistencia oficial para el desarrollo, lo que plantea nuevas e importantes preguntas sobre cómo financiar la agenda de desarrollo sostenible.
Probablemente, una de las principales diferencias entre los ODM y los ODS será su alcance. Mientras que los ODM estaban claramente orientados a los países en desarrollo, los ODS aspiran a ofrecer una agenda universal y transformadora para las generaciones futuras. Por supuesto, esta ambición tiene un profundo impacto, tanto en cuanto al contenido como al método. Por ello, un proceso amplio e inclusivo ha dado lugar a 8 ODS y 17 ODS, así como a 169 metas que ya se han identificado y actualmente son objeto de debate.
Tengo la firme convicción de que, de aquí a la votación de los ODS definitivos en septiembre, la digitalización y la tecnología deberían ocupar un lugar más destacado en los debates sobre la agenda de desarrollo posterior a 2015.
El poder de lo digital
A raíz de megatendencias de la digitalización como internet móvil, el internet de las cosas y los macrodatos, las innovaciones digitales están creando oportunidades de desarrollo más rápido que nunca. Lo digital es un motor crucial del trabajo decente, el crecimiento y el bienestar, y está teniendo un profundo impacto en todos los sectores. Internet y las tecnologías digitales pueden y podrán impulsar el desarrollo económico, social y político, entre otras cosas, al ampliar enormemente la capacidad de las personas para ejercer su derecho a la libertad de expresión, clave para empoderar los derechos humanos.
La tecnología de la información es un formidable facilitador de las libertades. Por ejemplo, reduce los obstáculos a la libertad de expresión y permite a las personas comprender mejor sus vidas. No debería utilizarse para reducir la libertad de las personas. Los 193 países que suscriban la nueva agenda internacional de desarrollo deberían saber que su compromiso no está exento de condiciones.
El objetivo último de los ODS es permitir que las personas, las organizaciones, las comunidades y los pueblos alcancen todo su potencial. Esto se logra promoviendo su desarrollo sostenible y mejorando su calidad de vida. La tecnología no debería utilizarse para lo contrario.
Si queremos sociedades de la información centradas en las personas, inclusivas y orientadas al desarrollo, en las que todos tengan acceso a las tecnologías digitales y cualquiera pueda crear, acceder, utilizar y compartir la información que elija, es necesario establecer marcos jurídicos que protejan la seguridad y la privacidad en la era digital, eviten posibles intrusiones a gran escala y minimicen los abusos.
Autor: Alexander De Croo es viceprimer ministro y ministro de Cooperación para el Desarrollo de Bélgica, y forma parte de la cohorte de 2015 de Jóvenes Líderes Mundiales del Foro Económico Mundial
Imagen: Tres mujeres aparecen vistas a través de un caleidoscopio gigante mientras miran en su interior; la instalación está expuesta para mostrar el efecto geométrico de llenar el espacio con triángulos iguales en el museo interactivo de ciencia “Newton Park”, durante los preparativos de una actuación para escolares dedicada al Día de la Ciencia de Rusia en el Centro de Museos de Krasnoyarsk, Siberia, el 4 de febrero de 2015. REUTERS/Ilya Naymushin


