Debemos garantizar que la Cuarta Revolución Industrial sea una fuerza para el bien

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Vivimos una época de cambios extraordinarios. En esta Cuarta Revolución Industrial, los avances en capacidad informática, conectividad, inteligencia artificial (IA), biotecnología y otras tecnologías innovadoras están afectando a cada persona, empresa, industria y gobierno.

Esta es una revolución sin fronteras que se extiende por todo el mundo a una velocidad increíble.

Para 2020, más personas tendrán teléfonos móviles que electricidad o agua corriente en sus hogares o pueblos. Los automóviles se están convirtiendo en robots inteligentes sobre ruedas. Las fábricas están automatizando la producción y desplazando a decenas de miles de trabajadores. Los centros de atención telefónica recurren a chatbots con IA para gestionar las interacciones con los clientes. Ya hemos delegado mucho trabajo en algoritmos: gestionar carteras financieras, evaluar solicitudes de préstamo, leer resonancias magnéticas, recomendar productos y optimizar rutas de viaje. El genoma humano se ha vuelto tan fácil de leer y editar como un documento de texto, lo que está transformando la medicina de precisión.

La Cuarta Revolución Industrial, sin fronteras, ofrece posibilidades ilimitadas. También plantea grandes dificultades a los responsables de formular políticas y a los reguladores que intentan seguir el rápido ritmo del cambio.

Garantizar que la revolución digital sea una fuerza para el bien

La tecnología no es buena ni mala: lo que marca la diferencia es lo que hacemos con ella. Al igual que en épocas anteriores, las nuevas tecnologías también acarrean consecuencias negativas. En las manos equivocadas, la IA y la ingeniería genética podrían alterar nuestro futuro de maneras indeseables.


Durante demasiado tiempo hemos trabajado de forma aislada, sin ser conscientes de los efectos que nuestras innovaciones tienen en la sociedad y el medioambiente en su conjunto. Como líderes empresariales, funcionarios gubernamentales, educadores y ciudadanos, debemos crear un conjunto común de principios y valores que nos conduzca al futuro que todos queremos construir juntos.

El Foro Económico Mundial, fundado por el profesor Klaus Schwab en 1971, ha desempeñado un papel importante al colaborar con las partes interesadas de los sectores público y privado para crear marcos normativos y de gobernanza que permitan adoptar nuevas tecnologías de forma positiva e inclusiva. Me honra presidir el consejo asesor inaugural del nuevo Centro para la Cuarta Revolución Industrial del Foro Económico Mundial, que acaba de abrir sus puertas en San Francisco.

Como capital mundial de la innovación, con Silicon Valley, destacadas instituciones educativas, investigadores de primer nivel y una increíble comunidad de emprendedores, líderes empresariales y referentes de opinión, San Francisco es el lugar natural para un centro dedicado a abordar el impacto de la Cuarta Revolución Industrial.

El centro ha identificado un conjunto inicial de prioridades, desde los vehículos autónomos y la medicina de precisión hasta el internet de las cosas y la cadena de bloques. Todas las prioridades están interconectadas y, en conjunto, redefinirán la naturaleza del trabajo.

La IA y la creciente automatización ya están teniendo un impacto significativo en el empleo y podrían provocar una crisis en el desarrollo de la fuerza laboral, contribuyendo a una brecha de desigualdad mundial cada vez mayor. Según una estimación, casi la mitad de los empleos de todo el mundo podrían estar en riesgo durante las próximas dos décadas debido a la IA y la automatización. Al mismo tiempo, están surgiendo categorías de empleos completamente nuevas para sustituir a los afectados por la profunda transformación del trabajo. Según una estimación, el 65 % de los niños que hoy comienzan la escuela primaria trabajarán en categorías profesionales que aún no existen.

Todos a una

A principios de este mes asistí en la Casa Blanca a una mesa redonda sobre el desarrollo de la fuerza laboral con el presidente Donald Trump, el vicepresidente Michael Pence, la canciller alemana Angela Merkel y los directores ejecutivos de IBM, Dow Chemical, BMW, Schaeffler Group y Siemens. Coincidimos en que se necesita un esfuerzo conjunto para afrontar este desafío de desarrollo de la fuerza laboral, y tenemos previsto dar seguimiento con estrategias futuras para programas de aprendizaje profesional orientados a los trabajadores de hoy y de mañana.

Solo en Estados Unidos hay más de 500 000 puestos vacantes en tecnología, pero nuestras universidades forman apenas a 50 000 graduados en ciencias cada año. Debemos preparar a nuestros jóvenes para la fuerza laboral del mañana, invirtiendo en áreas como la educación STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) y en la creación de programas de aprendizaje profesional que les preparen para iniciar una carrera. Además, estos programas pueden acreditarse y reconocerse como verdaderas vías educativas.

Al mismo tiempo, debemos crear programas que proporcionen a la fuerza laboral actual las habilidades que necesita para prosperar y adaptarse al cambio tecnológico continuo. Y, al formar la fuerza laboral del mañana, debemos garantizar la igualdad de género: que las mujeres reciban el mismo salario que los hombres, a igual trabajo, igual salario.

El papel de las empresas

Creo que las empresas son plataformas extraordinarias para el cambio y que cada líder empresarial puede desempeñar un papel directo en la creación de oportunidades económicas para millones de personas mediante la inversión en programas de educación y formación para el talento actual y potencial.

Las empresas son excelentes universidades para formar a la fuerza laboral del futuro. Invierten en la capacitación de empleados, así como de becarios y aprendices, para impulsar el crecimiento y la innovación; en muchos casos, esto equivale a una formación especializada y experiencia práctica que ni siquiera las universidades más prestigiosas pueden ofrecer. Todos los directores ejecutivos también pueden contribuir ofreciendo oportunidades a las personas de sus comunidades y promoviendo una fuerza laboral más diversa e inclusiva. Además, los empleados de hoy están más comprometidos con la responsabilidad social y deseosos de dedicar su tiempo a asumir este desafío.

Muchas empresas ya están invirtiendo en ayudar a las personas a adquirir nuevas habilidades. Dow, IBM y Siemens han establecido programas de aprendizaje profesional para ayudar a reducir la brecha de competencias en sus industrias. CareerWise Colorado se propone crear 20 000 plazas de aprendizaje profesional en el estado durante la próxima década, en ocupaciones muy demandadas de distintos sectores empresariales.

En mi empresa, abordamos el desarrollo de la fuerza laboral mediante Futureforce, un conjunto diverso de programas que incluye la adopción de escuelas públicas locales para impulsar la educación STEM desde el jardín de infancia hasta el último curso de secundaria, la colaboración con organizaciones sin fines de lucro y ONG en la formación profesional, la contratación de graduados de universidades y centros de educación superior comunitarios, y la creación de cientos de programas de aprendizaje profesional para jóvenes de zonas urbanas, más de la mitad de los cuales hemos contratado.

Durante los últimos 18 años, nuestros empleados han dedicado más de 2 millones de horas al voluntariado, muchas de ellas en nuestros programas Futureforce. Ofrecemos formación gratuita a miembros de las fuerzas armadas de Estados Unidos, veteranos y sus cónyuges, y gestionamos Trailhead y VetForce, programas interactivos de aprendizaje que proporcionan a las personas las habilidades necesarias para conseguir empleos tecnológicos. Me inspira personalmente TJ McElroy, quien, tras perder la vista en el Cuerpo de Marines, obtuvo mediante este programa una certificación como administrador de tecnologías de la información. Hoy instruye a otros veteranos con discapacidad para prepararlos para carreras en tecnología.

Los directores ejecutivos pueden y deben hacer mucho más para formar la fuerza laboral del futuro y, a la vez, acompañar a la de hoy. Nuestras empresas cuentan con un vasto ejército de millones de personas en todo el país que podrían tener un impacto enorme enseñando a los aprendices y trabajando codo con codo con ellos. Así contribuimos a cerrar la brecha de competencias, apoyamos a los futuros empleados y desarrollamos la fuerza laboral que sostendrá una economía sólida y en crecimiento.

En lugar de actuar por separado, todas las grandes empresas —en colaboración con centros de educación superior comunitarios, universidades, grupos de veteranos, ONG, escuelas desde el jardín de infancia hasta el último curso de secundaria, el gobierno y el Foro Económico Mundial— deberían unirse para alcanzar objetivos ambiciosos en materia de fuerza laboral. He propuesto una iniciativa ambiciosa para Estados Unidos: crear 5 millones de plazas de aprendizaje profesional en todo el país durante los próximos cinco años.

En las próximas décadas, debemos establecer salvaguardas que mantengan las innovaciones de la Cuarta Revolución Industrial encaminadas a beneficiar a toda la humanidad. Todos podemos desempeñar individualmente un papel directo en la configuración de nuestro futuro y en la creación de oportunidades económicas para millones de personas, invirtiendo nuestro tiempo y nuestros recursos en ayudar a los demás.

Como dice el profesor Schwab: «La Cuarta Revolución Industrial puede socavar las fuentes tradicionales de sentido para la humanidad —el trabajo, la comunidad, la familia y la identidad— o puede elevar a la humanidad hacia una nueva conciencia colectiva y moral basada en la sensación de un destino compartido. La elección es nuestra».

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