Andorra está ayudando a cambiar el mundo. Así es como

Andorra's flag-bearer Mireia Gutierrez leads her country's contingent during the opening ceremony of the 2014 Sochi Winter Olympic Games February 7, 2014. REUTERS/Brian Snyder (RUSSIA - Tags: SPORT OLYMPICS) - TB3EA271AIB2H
Andorra has served as a “living lab” for researchers from MIT Media Lab’s City Science Initiative.Image: REUTERS/Brian Snyder
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Cuando pensamos en centros de innovación de todo el mundo, puede que Andorra, un pequeño país enclavado entre España y Francia, no nos venga a la mente.

Pero, desde hace varios años, esta nación de 180 millas cuadradas y 77.000 habitantes sirve de «laboratorio viviente» para que investigadores de la iniciativa City Science del MIT Media Lab creen prototipos, desplieguen y prueben innovaciones urbanas.

Por ejemplo, los investigadores han desarrollado CityScope Andorra, una plataforma de realidad aumentada en 3D que visualiza datos urbanos complejos en tiempo real sobre un modelo a pequeña escala del país. La plataforma simula el impacto de diversas intervenciones urbanas —desde propuestas de planificación urbana hasta vehículos autónomos de uso compartido— y facilita la participación ciudadana y la toma de decisiones.

Los investigadores también han probado el Persuasive Electric Vehicle (PEV), un vehículo autónomo ultraligero de tres ruedas y uso compartido, diseñado para circular por carriles bici. Si se desplegara a gran escala, el PEV podría ayudar a resolver los graves problemas de tráfico y aparcamiento de Andorra, un país dependiente del automóvil que no tiene aeropuerto ni servicio ferroviario.

El PEV en acciónImage: Creative Commons

«La innovación urbana centrada en la interacción humana debe probarse en un contexto real», afirma Kent Larson, director de la iniciativa City Science y líder de los proyectos. «Trabajar en Andorra es una oportunidad fantástica. En un país tan pequeño podemos trabajar directamente con los ministros, las decisiones políticas pueden tomarse con rapidez y eficiencia, y tenemos acceso a datos de movilidad y energía de todo el país que nos ayudan a comprender los complejos comportamientos de residentes y turistas».

Modelización y simulación urbanas

En 2014, funcionarios del Gobierno andorrano se reunieron con la iniciativa City Science de Larson para hablar de posibles colaboraciones. Andorra aspiraba —y sigue aspirando— a convertirse en el primer «país inteligente» del mundo, aprovechando los macrodatos para ayudar a desarrollar y desplegar innovaciones.

Esto dio lugar a una colaboración en la que Andorra financiaría a la iniciativa City Science para desarrollar proyectos relacionados con la recopilación y el análisis de datos, la movilidad urbana, la planificación urbana de un nuevo distrito de innovación y el uso de sensores educativos en las escuelas.

«Para resolver los grandes desafíos sociales de nuestra época —desde el cambio climático hasta el empleo, la atención sanitaria, los alimentos y el agua—, debemos lograr que las ciudades respondan mejor a las condiciones económicas cambiantes, las necesidades humanas y las oportunidades que ofrece una tecnología en rápida evolución», afirma Larson.

De la colaboración han surgido varios proyectos destacados. Uno de ellos es CityScope Andorra, que actualmente se utiliza en la remodelación de un distrito de Andorra la Vella. Los urbanistas y la comunidad pueden probar escenarios de forma interactiva en el modelo, como cuántos parques incluir, si conviene construir edificios más altos, cuál es la combinación óptima de inmuebles residenciales y comerciales, y si se debe permitir el uso de vehículos privados o solo de servicios de coche compartido. Al sopesar la densidad, la proximidad y la diversidad del distrito, añade Larson, Andorra también podría determinar el «potencial de innovación» de la ciudad, es decir, «la probabilidad de encuentros creativos, que puede estimarse a partir de la densidad y la combinación de personas con experiencias diversas que tienen oportunidades de intercambiar ideas».

Los usuarios pueden añadir y mover módulos que representan distintos tipos de viviendas u oficinas, ajustar la altura de cada elemento y activar o desactivar sistemas de movilidad alternativos. A continuación, se actualiza en tiempo real el impacto de estos cambios en el tráfico, el acceso peatonal a los servicios y otras métricas.

En el caso de Andorra, cuya superficie geográfica es apenas el doble que la de Boston, los investigadores modelizaron el país entero para analizar, entre otras cosas, los distintos comportamientos de los turistas, un motor económico del país.

Por ejemplo, al visualizar cómo miles de turistas llegan y se van de los grandes eventos a lo largo del año, CityScope ayudó al Gobierno andorrano a mejorar la experiencia y analizar el impacto de los eventos, afirma Josep Maria Missé, secretario de Estado de Diversificación Económica e Innovación de Andorra.

«CityScope nos ha ayudado a ver cuántos días viene la gente, cuántas personas acudieron a los eventos, qué zonas del país concentraron más personas y cómo se desplazaron», afirma. «Esto ayudará a planificar futuros eventos».

Los investigadores también desarrollaron y desplegaron una aplicación para que niños, docentes, funcionarios del Gobierno y el público de las principales ciudades de Andorra pudieran fotografiar distintas zonas y documentar los lugares que les gustan o les disgustan. «Así podemos generar estos conjuntos de datos poco habituales sobre la percepción humana de un entorno y visualizarlos en CityScope. Nos interesa saber cómo pueden percibir la ciudad de manera diferente los niños y los adultos», afirma Larson.

Otro proyecto, llamado TerMITes (siglas en inglés de la tercera generación de sensores ambientales del MIT), despliega pequeños sensores en escuelas de la capital de Andorra para que los estudiantes aprendan a medir el consumo de energía de sus edificios e ideen estrategias para reducirlo, mientras se recopilan datos sobre la eficiencia de los edificios para CityScope.

«Es una forma de inculcar la innovación en los estudiantes… y ayudarles a aprender sobre eficiencia energética», afirma Missé, «a la vez que se utiliza como herramienta para planificar el futuro de Andorra».

Repensar la movilidad

Para impulsar la innovación a pie de calle, los investigadores desarrollaron el PEV, un vehículo autónomo bajo demanda que se parece un poco a las bicicletas de carga de Ámsterdam. En funcionamiento, el PEV «combinaría las características de un sistema de bicicletas compartidas, como Hubway de Boston, con la recogida y el descenso bajo demanda de un servicio como Uber o Lyft», afirma Larson.

El vehículo se diseñó como alternativa a los populares coches y taxis sin conductor. Larson dice que, al conducir en Boston, suele promediar unas 12 millas por hora, una velocidad inferior a la media de las bicicletas. «No tiene sentido meter a una persona en un coche de 4.000 libras que va a 120 millas por hora para recorrer una distancia corta a baja velocidad», afirma.

La idea es que los usuarios soliciten el PEV mediante una aplicación. Luego, el vehículo recorre los carriles bici de la ciudad para recoger al pasajero. La visión artificial lo mantiene dentro de las líneas pintadas y un sistema Lidar de bajo coste detecta objetos, como personas y otros vehículos. Los usuarios pueden pedalear o viajar en modo totalmente automatizado.

El PEV utiliza piezas menos costosas que las de los coches automatizados —por lo que su precio sería comparable al de una bicicleta de gama alta— y enfrenta menos obstáculos para estar listo para circular en un lugar como Andorra, donde no hay restricciones para probar vehículos autónomos en carriles bici. Al sustituir los automóviles convencionales en ciudades como la capital andorrana, el PEV podría reducir las emisiones en más de un 60 %, afirma Larson.

Hasta ahora, el grupo de Larson ha probado el vehículo en las calles de Cambridge y en la Base de la Fuerza Aérea de Taiwán, en Taipéi. En Andorra, el grupo aspira a desplegar una pequeña flota de PEV para estudiar cómo afectan a las ciudades, con miras a su comercialización. «Los próximos pasos consisten en realizar pruebas cada vez más ambiciosas en entornos reales», afirma Larson. «Si tienen éxito, consideraríamos convertirlo en una empresa emergente o asociarnos con uno de nuestros patrocinadores corporativos».

Una vida propia

Siguiendo el ejemplo del MIT, otras entidades también están recurriendo a Andorra como laboratorio viviente, entre ellas empresas patrocinadoras del Media Lab, como Denso, el proveedor japonés de automoción.

Esto es bueno para Andorra, afirma Missé. A largo plazo, el PEV podría servir de plataforma para que distintas empresas tecnológicas sigan desarrollando vehículos autónomos. Andorra también analiza datos del comercio minorista con CityScope para ayudar a las empresas a llegar mejor a sus clientes y atenderlos. «Es una forma importante de incluir al sector privado en estos proyectos», afirma Missé.

En septiembre, Larson, investigadores del MIT y funcionarios del Gobierno andorrano organizaron la primera reunión de la City Science Summit 2017. Presentaron sus trabajos investigadores representantes de la red internacional de colaboradores de City Science: la Universidad Tongji (Shanghái), la Universidad Nacional de Ciencia y Tecnología de Taipéi (Taipéi), la Universidad Aalto (Helsinki) y la Universidad HafenCity (Hamburgo).

El evento también fue escenario de la inauguración de un centro de innovación en la capital. Ubicado en la planta baja de un edificio público, el centro cuenta con espacios de trabajo compartido para reuniones, colaboraciones tecnológicas, talleres y conferencias. Uno de sus objetivos es reunir a funcionarios del Gobierno, urbanistas, arquitectos y al público para trabajar juntos y utilizar tecnologías desarrolladas por el MIT con el fin de mejorar el país.

«Este es un espacio de participación comunitaria muy visible, una plataforma donde se podrá presentar y debatir todo lo relacionado con la innovación y el futuro de Andorra», afirma Larson.

Larson afirma que, dentro de un par de años, su grupo concluirá su trabajo en Andorra. Sin embargo, espera que los investigadores y las empresas andorranas tomen el relevo: «Consideraré que nuestro proyecto ha sido un éxito si, al final de nuestra participación, todos los proyectos que hemos puesto en marcha siguen adelante por cuenta propia».

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