Este dispositivo móvil puede detectar la deshidratación infantil

A girl drinks a bottle of water next to a fan spraying water mist on a hot summer day in Rome July 16, 2010. REUTERS/Alessandro Bianchi (ITALY - Tags: ENVIRONMENT SOCIETY) - RTR2GGW7
Walter Karlen, professor at ETH Zurich, has developed a mobile device that could be used to treat dehydration.Image: REUTERS/Alessandro Bianchi
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Un prototipo de dispositivo móvil ofrece perspectivas prometedoras para controlar la deshidratación en niños.

Dos brazaletes azules idénticos se colocan en la mano y el pie de un niño; cada uno tiene dos electrodos integrados conectados por un cable. A través de los electrodos, una débil corriente eléctrica entra en el cuerpo y se calcula la resistencia.

Walter Karlen, profesor de ETH Zurich, y su equipo de investigadores han desarrollado un dispositivo móvil económico que personas sin formación médica podrían utilizar para tratar la deshidratación con mayor eficacia.

Después de la neumonía, la diarrea y la deshidratación asociada del organismo son la segunda causa de muerte más frecuente entre los niños menores de cinco años, más letal que la malaria, el VIH o la tuberculosis. En 2013, 1,3 millones de personas murieron por deshidratación, en su mayoría niños de regiones empobrecidas, donde la falta de higiene y el agua contaminada hacen que las infecciones diarreicas sean habituales.

«Muchas de estas muertes podrían evitarse con una prevención adecuada y un tratamiento temprano», afirma Karlen, quien trabaja en el Laboratorio de Sistemas de Salud Móvil de ETH Zurich.

Image: ETH Zurich

Karlen vivió dos años en Sudáfrica y realizó investigaciones en la Universidad de Stellenbosch, cerca de Ciudad del Cabo. Conoce las condiciones que afectan a las zonas rurales de África, donde el centro de salud más cercano con médicos cualificados suele estar a cientos de kilómetros y los recursos de los centros de salud de las aldeas son escasos. La situación es peor durante los meses de verano, cuando las condiciones son ideales para la multiplicación de bacterias y virus y el calor acelera la deshidratación.

«Si un médico sospecha que un niño sufre deshidratación, comprobará visualmente la humedad de los ojos y la elasticidad de la piel del niño. También examinará el interior de la boca para determinar si las mucosas están secas», explica Karlen. Sin embargo, se trata de un procedimiento subjetivo que requiere mucha experiencia.

«Buscábamos una solución que pudiera medir objetivamente la deshidratación durante períodos prolongados». El resultado es AMBICA (Accurate Model for Bio-Composition Analysis), un sistema para medir la hidratación en niños pequeños.

Este análisis de impedancia bioeléctrica permite extraer conclusiones sobre la concentración de agua en el organismo. Un conjunto de LED rojos o verdes en la muñeca indica si la hidratación aumenta o disminuye, y una alarma suena cuando la situación es crítica, por ejemplo, cuando se requiere una infusión.

«El seguimiento se realiza en tiempo real y elimina la necesidad de que haya profesionales médicos presentes», explica Karlen. Esto permitiría a personas sin formación médica, como padres o familiares, seguir el éxito de la terapia de rehidratación. «Esto alivia la carga del personal médico en los centros y aumenta las probabilidades de supervivencia de los niños deshidratados».

103 dólares y, en su mayor parte, reutilizable

AMBICA está adaptado a las condiciones de los países en desarrollo y es intuitivo de usar. Los brazaletes están hechos de un plástico EVA ligero que se utiliza en aplicaciones ortopédicas y que podría fabricarse localmente.

Por motivos de higiene, los contactos de los electrodos deben sustituirse después de cada uso, mientras que el cable y los brazaletes son reutilizables. Se trata de un avance crucial, ya que los cables de las aplicaciones médicas suelen tener que sustituirse, pese a que a menudo son uno de los componentes más caros de un dispositivo de medición. Karlen cree que AMBICA podría fabricarse en serie por menos de 100 francos suizos (103 dólares estadounidenses).

«Los pequeños sensores de las muñequeras son bastante inteligentes», afirma Karlen. «Podrían conectarse a una internet de las cosas». Esto permitiría a los expertos visualizar, almacenar y evaluar los datos, que podrían transmitirse a otros dispositivos a través del sensor.

Luego, los análisis de macrodatos podrían determinar exactamente cuándo alcanzan su máximo los casos de deshidratación y en qué regiones, un conocimiento que serviría para organizar de forma más eficaz campañas de información e higiene. AMBICA también podría contribuir a estudios epidemiológicos a largo plazo.

¿Quién fabricará el dispositivo?

AMBICA sigue siendo solo un prototipo. El dispositivo expuesto en la Universidad de las Artes de Zúrich (ZHdK) aún no estaba listo para su uso, ya que el equipo sigue buscando un sensor del tamaño adecuado: los brazaletes se probaron con un sensor externo más grande. Sin embargo, el primer estudio de campo está previsto para diciembre. Los investigadores probarán AMBICA durante tres o cuatro meses en la calurosa temporada de verano, en la provincia del Cabo Occidental de Sudáfrica.

Pero, aunque el estudio arroje resultados positivos, pasarán varios años antes de que AMBICA pueda utilizarse a mayor escala. «Será muy difícil encontrar un fabricante para el dispositivo, porque todavía no existe un mercado lucrativo para él», afirma Karlen.

Esto se debe principalmente a que la deshidratación es una causa de muerte poco frecuente entre los niños pequeños de los países occidentales desarrollados. Sin embargo, a medida que las olas de calor se vuelven más frecuentes como consecuencia del cambio climático, un sistema de alerta de deshidratación también podría salvar la vida de personas mayores y olvidadizas en climas más fríos.

Aun así, Karlen cree que esta aplicación solo entrará en juego una vez que el sistema se haya establecido en los países en desarrollo, donde la demanda y los beneficios son mayores.

Actualmente, Karlen deposita sus esperanzas en grandes fundaciones y ONG, que podrían desempeñar un papel clave en la financiación de los costes de desarrollo hasta la fase de producción, como parte de sus compromisos humanitarios. Esto tendría dos beneficios: «Lo ideal sería que los dispositivos se fabricaran localmente, lo que no solo salvaría vidas, sino que también crearía empleos muy necesarios».

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