Estas 10 ciudades asiáticas están más preparadas para el futuro

Mount Fuji is seen to the southwest of Tokyo December 20, 2009. REUTERS/Toru Hanai (JAPAN - Tags: CITYSCAPE) - GM1E5CK1BGZ01
A view of Tokyo, one of Asia's best-prepared cities.Image: REUTERS/Toru Hanai
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El planeta se está urbanizando a una velocidad sin precedentes, lo que genera enormes presiones sociales, económicas y climáticas. Si la urbanización sostenible es uno de los principales desafíos del siglo XXI, Asia es el epicentro para determinar si la humanidad puede tener éxito. Algo menos de la mitad de los asiáticos vive en ciudades, frente a aproximadamente el 82 % de los estadounidenses y el 74 % de los europeos.

Los asiáticos están en movimiento. Las megaciudades de Asia ya han alcanzado una escala inimaginable en Occidente, donde las metrópolis más grandes rara vez superan los 10 millones de habitantes. Las gigantescas ciudades de Asia son archipiélagos en expansión que abarcan enormes extensiones y albergan a más de 60 millones de personas. La pregunta es si están preparadas para beneficiarse del próximo auge de la población urbana.

El ritmo de crecimiento de la población urbana de Asia es vertiginoso. La ONU calcula que bastante más de la mitad de los 4.500 millones de habitantes de Asia vivirá en ciudades para 2026. Algunos se trasladarán a megaciudades; Asia albergará a el 60 % de todas ellas para 2025. Aunque la espectacular expansión de metrópolis como Tokio, Nueva Delhi, Shanghái y Daca resulta fascinante, la mayoría de los asiáticos no se está trasladando a una megaciudad. De hecho, muchas grandes ciudades están registrando una disminución de su población.

En cambio, el giro de Asia hacia las ciudades se debe en gran medida a la rápida migración del campo a la ciudad: la reclasificación de zonas rurales como urbanas representa el 80 % del crecimiento urbano en China y el 67 % en Indonesia durante las últimas tres décadas. En conjunto, las ciudades asiáticas reciben casi un millón de recién llegados cada semana, alrededor de dos tercios del total mundial.

En su mayor parte, el espectacular crecimiento de las ciudades asiáticas ha beneficiado a sus habitantes. Muchas de las grandes ciudades de Asia son cada vez más prósperas y consolidan su posición como nuevo centro de gravedad de la economía mundial. Salvo algunas excepciones, la calidad de vida general de muchos habitantes de las ciudades asiáticas está mejorando.

Aun así, las tendencias de urbanización de la región son diversas y desiguales, y la expansión descontrolada, la congestión, el desempleo y los barrios marginales se perfilan como obstáculos críticos. Persisten amplias bolsas de pobreza y desventaja concentrada, que lastran el potencial de Asia. Asia puede evitar la trampa del «retrovisor» —no anticipar la expansión futura—, pero solo si afronta de lleno los desafíos demográficos, sociales y ambientales que encontrará en el camino.

Por supuesto, el panorama urbano de Asia es extraordinariamente diverso. Algunos países, como China y Japón, han acumulado la riqueza y la capacidad necesarias para hacer frente a medio siglo de urbanización acelerada, y cuentan con infraestructuras, viviendas, servicios públicos y prestaciones de calidad razonable. Sin embargo, no todo marcha necesariamente bien. Las ciudades chinas están acercándose al máximo de su crecimiento demográfico y muchas ciudades japonesas ya han dejado de crecer, y muchas de ellas afrontan una disminución de su población. Aunque gozan de una situación comparativamente favorable, las poblaciones urbanas de ambos países afrontan graves desafíos derivados de la contaminación, el estrés hídrico, el calor extremo, el deterioro de la prestación de servicios, la segregación y el envejecimiento de la población.

Las ciudades del sur y el sudeste asiático suman una población de más de 2.500 millones de personas, superior a la de China. La población urbana de India se disparará hasta los 416 millones de personas para 2050 (frente a los 255 millones de nuevos habitantes urbanos de China). La expansión más rápida de la población urbana tendrá lugar en ciudades secundarias de Indonesia, Filipinas, Tailandia y Vietnam. Estas dos regiones, con sus poblaciones jóvenes, impulsarán la próxima ola de crecimiento de Asia. Sin embargo, aunque sus infraestructuras son adecuadas y hay inversiones ilimitadas en camino, los riesgos sociales y ambientales van en aumento.

Entonces, ¿cómo se comparan las diversas ciudades asiáticas en cuanto a su preparación para el futuro? Identificamos un subconjunto de ciudades del este, centro, sur y sudeste asiático según su ubicación geográfica, tamaño de la población y riqueza per cápita. Después, contrastamos estas mismas ciudades con clasificaciones existentes de sus niveles relativos de fragilidad y adaptabilidad al cambio tecnológico. La fragilidad urbana es una medida compuesta de la exposición de una ciudad a riesgos climáticos y antropogénicos acumulados. La adaptabilidad tecnológica de una ciudad está relacionada con la calidad y la cobertura de sus activos digitales, físicos y socioeconómicos. Las ciudades que ocupan los primeros puestos de nuestra lista son más ágiles y están mejor preparadas que las demás.

Establecer medidas de la agilidad de una ciudad es crucial para que las autoridades urbanas, las empresas y los grupos cívicos puedan anticipar y afrontar el impacto disruptivo del cambio tecnológico. Sin duda, las ciudades asiáticas se enfrentan a la inminente automatización del trabajo y al desplazamiento de empleos en sectores laborales tradicionales, como el trabajo fabril industrial. Estas presiones se verán amplificadas por la rápida automatización de los sectores de las zonas rurales con una alta intensidad agrícola.

La transición a economías urbanas de servicios sustentadas por la conectividad digital será crucial para mantener un alto nivel de empleo y salarios crecientes, así como para adoptar nuevas competencias que permitan prosperar en la economía digital del mañana. Las ciudades asiáticas también deben hacer frente a las múltiples presiones de la superpoblación, la desigualdad, la inseguridad y el estrés ambiental, factores clave para evaluar la sostenibilidad urbana.

Las ciudades asiáticas sencillamente no pueden permitirse ocultar enormes déficits de vivienda asequible, un suministro inadecuado de agua y saneamiento, el aumento de la contaminación atmosférica, las islas de calor, los fenómenos meteorológicos extremos y otros desafíos que a menudo se tratan como externalidades inevitables del crecimiento urbano.

La cuestión es si las ciudades asiáticas están dispuestas y son capaces de equilibrar su enorme crecimiento demográfico y sus necesidades de infraestructura, al tiempo que aprovechan las nuevas tecnologías y limitan su huella de carbono. Más concretamente, ¿pueden hacerlo rápidamente?

No es de extrañar que algunas ciudades estén más preparadas que otras. Observamos que las ciudades costeras chinas con una riqueza considerable también afrontan vulnerabilidades sistémicas, como la disminución de los suministros de agua y el aumento del nivel del mar (Shanghái, Shenzhen y Guangzhou). También identificamos megaciudades del sur de Asia que están surgiendo como importantes centros económicos, pero se encuentran muy rezagadas en su capacidad general para aprovechar la revolución digital (Karachi, Nueva Delhi, Mumbai, Bangalore, Hyderabad, Chennai, Calcuta y Daca).

Varias ciudades del sudeste asiático están bien posicionadas en cuanto a preparación tecnológica, pero afrontan riesgos de fragilidad superiores a la media (Bangkok, Kuala Lumpur, Manila y Yakarta). Agrupar las ciudades por ubicación geográfica permite identificar perfiles económicos, políticos y culturales similares, y destaca el potencial de aprendizaje y resolución de problemas dentro de las regiones y entre ellas.

Hay abundantes pruebas de que las ciudades asiáticas están desarrollando soluciones asiáticas a sus desafíos. Pensemos en Shanghái. Durante mucho tiempo ha sufrido una grave contaminación atmosférica, pero ha ampliado programas ambiciosos para producir energía limpia y promover los vehículos eléctricos. Shenzhen busca equilibrar su escala con la habitabilidad mediante nuevas normativas de construcción, sistemas de comercio de carbono y automóviles eléctricos. En Guangzhou, que ha sufrido escasez de tierras y agua debido al exceso de desarrollo, se está restringiendo drásticamente la construcción en zonas fértiles. La contaminación atmosférica se redujo un 42 % entre 2012 y 2016. Estas tres ciudades y muchas otras se benefician de nuevas normativas nacionales para frenar la contaminación industrial del aire, el suelo y los ríos.

Las bulliciosas megaciudades del sur de Asia afrontan desafíos de una escala aún mayor que los de China, pero carecen de la base de infraestructura, los recursos financieros y la voluntad política necesarios para hacerles frente. En Karachi, centro comercial de Pakistán que representa aproximadamente un tercio del PIB del país, décadas de abandono de los servicios públicos han contribuido a una crisis de residuos sólidos y aguas residuales. El Gobierno federal apenas ha empezado a invertir en proyectos de desalinización y suministro de agua, así como en un sistema integrado de transporte público para aliviar la congestión.

Las megaciudades de India también padecen una planificación urbana notoriamente deficiente y una infraestructura deteriorada, incluido un drenaje inadecuado. Mumbai lanzó recientemente nuevas leyes de zonificación para aumentar la oferta de viviendas asequibles, mientras que Nueva Delhi —que afronta niveles récord de esmog— está ampliando el transporte público y reduciendo el número de vehículos diésel. Nueva Delhi y Chennai sufren una grave escasez de agua; esta última está abordando el problema mediante nuevos programas de reciclaje del agua.

Los centros tecnológicos indios de Bangalore e Hyderabad han crecido tan rápido que también han sacrificado hábitats naturales y vegetación para dar paso a zonas edificadas mal planificadas. Sin inversiones masivas en el suministro básico de agua y saneamiento, el transporte público y la vivienda distribuida, estos nuevos motores del sector tecnológico de India se estancarán.

Las ciudades del sudeste asiático crecen rápidamente sin inversiones proporcionales para reforzar su capacidad de adaptación. En Manila se ha optado por impulsar la rápida transformación de antiguas instalaciones militares e industriales, como «New Clark City», aplicando códigos de construcción sostenible y centrándose en el Internet de las cosas (IoT).

La extracción excesiva de aguas subterráneas en Bangkok ha acelerado el hundimiento de la ciudad hasta alcanzar los 3 cm por año, y el aumento del nivel del mar (que también representa una grave amenaza para Yakarta) y las inundaciones imprevisibles agravan el riesgo para sus cimientos. Mientras Yakarta invierte en barreras marítimas para frenar la subida de la marea, Bangkok trabaja en la modernización de su deteriorada infraestructura hídrica para promover la eficiencia y la conservación.

Incluso un análisis superficial de las megaciudades más grandes de Asia revela varias verdades difíciles y recomendaciones constructivas.

En primer lugar, los habitantes de Asia no están dando la espalda a la urbanización pese a los innumerables riesgos existenciales. Esto significa que las autoridades federales, estatales y municipales deben planificar teniendo en cuenta las realidades demográficas a largo plazo y dotar a las ciudades de la autonomía y la discrecionalidad necesarias para planificar el futuro.

En segundo lugar, las ciudades de Asia deben situar las prioridades ecológicas en el centro de sus políticas para proteger a sus poblaciones vulnerables y fortalecer su resiliencia frente a la volatilidad ambiental. Esto exigirá compromisos mucho mayores de recursos públicos y privados para crear nuevas carteras de proyectos y establecer normativas más estrictas que garanticen el desarrollo de infraestructuras sostenibles.

En tercer lugar, las ciudades asiáticas deben adoptar tecnologías más inteligentes de cara al futuro. El uso de materiales de construcción ecológicos, la implementación de métodos de construcción con impresión 3D, la instalación de redes de sensores ambientales y las inversiones en transporte público integrado y energías renovables están al alcance a costos cada vez menores.

¿La buena noticia? La innovación urbana sostenible es posible incluso en las mayores aglomeraciones urbanas de la humanidad.

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