La urgencia de dar forma a la Cuarta Revolución Industrial

Banksy's robot in Coney Island, NYC
Banksy's robot in Coney Island: 'We need to discuss the social impact of new technologies before it's too late'Image: Flickr/Scott Lynch
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En los 47 años transcurridos desde que fundé el Foro Económico Mundial, he sido testigo directo de que, cuando cambiamos nuestra manera de hablar, también empezamos a pensar de otra forma. Del mismo modo, cambiar nuestra manera de pensar lleva a cambios en nuestra forma de actuar. Esto es válido para todos: tanto si eres un ciudadano particular en casa como si tomas decisiones trascendentales como jefe de Gobierno, el lenguaje que usamos y la manera en que pensamos sobre el mundo moldean nuestro comportamiento posterior.

El cambio de actitudes y enfoques respecto a la configuración de la agenda medioambiental durante la última década es un buen ejemplo de ello. Cuando, en 2005, el Foro Económico Mundial comenzó a promover el diálogo intersectorial y a destacar el potencial de la cooperación público-privada para ayudar a afrontar desafíos medioambientales mundiales apremiantes, como el cambio climático y la seguridad hídrica, faltaba una colaboración sustancial entre las partes interesadas influyentes en este tipo de asuntos. La gente tendía a hablar y actuar ante los desafíos medioambientales de maneras muy distintas, según trabajara, por ejemplo, en el Gobierno, las empresas o las organizaciones de la sociedad civil.

Hoy, aunque aún queda mucho por hacer, una década de importante colaboración público-privada en la que han participado todo tipo de partes interesadas ha dado forma a una nueva agenda de acción más colaborativa. Así, los líderes empresariales, los responsables de la sociedad civil y los responsables de formular políticas hablan, piensan y actúan de manera muy distinta a como lo hacían hace 10 años respecto a la necesidad de proteger la biosfera de la Tierra. De hecho, en 2015, las naciones del mundo acordaron, tras un proceso de diseño colaborativo, que el Objetivo de Desarrollo Sostenible número 17 se centrara por completo en impulsar las alianzas mundiales en favor del medioambiente y el desarrollo sostenible.

Por eso resulta sumamente gratificante ver que, desde la publicación de mi libro de 2016La Cuarta Revolución Industrial, hemos empezado a cambiar la manera de hablar sobre la tecnología y su impacto en el mundo. Cada vez más personas son conscientes del poder de las tecnologías emergentes para transformar nuestras economías, nuestras sociedades e incluso lo que somos como seres humanos. En los medios de comunicación se abordan ahora con frecuencia cuestiones relacionadas con la ética, los valores y el impacto social de las nuevas tecnologías. Hoy es habitual preguntarse cómo podría utilizarse la inteligencia artificial para influir en nosotros, si las criptomonedas son más eficaces para promover la inclusión social o la actividad delictiva, o qué habilidades debemos desarrollar para prosperar en una época en la que las tecnologías son más omnipresentes y poderosas. El término «Cuarta Revolución Industrial» se ha vuelto de uso común y transmite la magnitud de los cambios en curso.

Sin embargo, el desafío es que no disponemos de una década para cambiar poco a poco nuestra mentalidad antes de empezar a actuar frente a los retos que plantea la Cuarta Revolución Industrial. La velocidad, la escala y el alcance del cambio que se está produciendo hoy, junto con el hecho de que los emprendedores, las empresas y los responsables de formular políticas ya están creando reglas, normas, técnicas e infraestructuras en torno a las nuevas tecnologías, significa que dentro de 10 años será demasiado tarde. La estructura de las nuevas tecnologías estará más o menos definida, y las perspectivas y los valores de quienes las crearon estarán firmemente arraigados en las numerosas tecnologías que nos rodean y que han pasado a formar parte de nosotros.

Lo que sabemos de las revoluciones industriales anteriores es que, aunque generan una enorme riqueza y oportunidades, también causan daños considerables: muchas personas no llegan a beneficiarse en absoluto, y quienes suelen sufrir las consecuencias negativas son las poblaciones con menos voz o poder. Por eso, no basta con dejar al azar la evolución de nuestro futuro tecnológico ni con confiar en que las fuerzas del mercado crearán el futuro que queremos. En cambio, debemos hablar, pensar y actuar hoy.

Esa es la motivación que hay detrás de mi nuevo libro,Dar forma a la Cuarta Revolución Industrial. Su objetivo es acelerar la manera en que comprendemos, debatimos y tomamos decisiones sobre las tecnologías emergentes. Expone las dinámicas más importantes de la revolución tecnológica actual, destaca a partes interesadas importantes que suelen pasarse por alto en nuestros debates sobre los últimos avances científicos y se basa en las aportaciones de más de 200 destacados pensadores de todo el mundo para explorar 12 áreas tecnológicas diferentes, fundamentales para el futuro de la humanidad.

Pensar y actuar en torno a la Cuarta Revolución Industrial exige un nuevo tipo de liderazgo: un enfoque que llamamos «liderazgo sistémico». En este contexto, el liderazgo sistémico no consiste solo en dirigir el diseño de las propias tecnologías, sino también en liderar la manera en que se gobiernan y los valores que reflejan en su impacto sobre personas de todos los orígenes.

Todas las partes interesadas, incluidas las personas, los directivos empresariales, las personas influyentes en la sociedad y los responsables de formular políticas, deben adoptar nuevas formas de pensar y actuar. Sin embargo, las diferencias de poder y función entre las partes interesadas hacen que hoy se presenten distintas oportunidades para los gobiernos, las empresas y las personas.

La tarea más urgente para los gobiernos es abrir espacio a nuevos enfoques de gobernanza tecnológica. En particular, deben adoptar el concepto de «gobernanza ágil» de las tecnologías, que esté a la altura de la agilidad, la fluidez, la flexibilidad y la capacidad de adaptación de las propias tecnologías y de los actores del sector privado que las adoptan. Esto implica pensar no solo qué nuevas reglas podrían ser necesarias, sino también encontrar formas totalmente nuevas de crear y actualizar las reglas con el tiempo, en colaboración con otros sectores.

Para las empresas, la estrategia más importante es experimentar más e invertir al mismo tiempo en las personas. La Cuarta Revolución Industrial aún está en sus primeras etapas y estamos lejos de comprender plenamente el potencial de las nuevas tecnologías. Sin embargo, podemos anticipar algunas dinámicas de la revolución, entre ellas que la disrupción se origina cada vez más en la periferia de las industrias y las organizaciones. Solo mediante la experimentación directa con las tecnologías pueden las organizaciones comprobar por sí mismas lo que estas permiten hacer. Dado que quienes están más cerca de una empresa son quienes mejor pueden experimentar, esto también implica realizar esfuerzos decididos para mejorar las competencias de los empleados y adoptar una mentalidad emprendedora.

Por último, para la ciudadanía, la acción más importante es implicarse en estos asuntos y hacer oír su voz como votantes, consumidores, empleados, miembros de organizaciones de la sociedad civil y líderes comunitarios. Quienes tenemos la suerte de vivir hoy tenemos la responsabilidad, ante las generaciones futuras, de garantizar que puedan vivir y encontrar sentido en un futuro sostenible, inclusivo e impulsado por la tecnología.

Por tanto, todos deberíamos contribuir a construir visiones ambiciosas del futuro e influir en cómo se desarrollan y adoptan las tecnologías. Cuando cambiamos nuestra manera de hablar, cambiamos nuestra manera de pensar y creamos nuevas oportunidades para actuar. Actuemos ahora, juntos, para hacer realidad esas visiones ambiciosas del futuro para tantas personas como sea posible, en todo el mundo.

El nuevo libro del profesor Klaus Schwab, Dar forma a la Cuarta Revolución Industrial, se publicó el 18 de enero de 2018 y estádisponible aquí.

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