Es hora de desmontar los mitos sobre la automatización

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La automatización es un tema sobre el que casi todo el mundo tiene una opinión. El grado de conocimiento sobre la materia varía mucho, al igual que el miedo que siente la gente ante la revolución tecnológica que está teniendo lugar.

Tengo la impresión de que incluso quienes escriben con conocimiento de causa —yo incluido— en este ámbito suelen tomar, por numerosas razones, atajos convenientes a la hora de escribir y hablar sobre automatización.

Por tanto, ha llegado el momento de abordar la abundancia de factores que influyen y seguirán influyendo en la manera en que la humanidad avanza con la automatización. Se trata de una red compleja e interconectada de factores que da lugar a múltiples resultados posibles. Este artículo arrojará luz sobre una selección de estos parámetros.

La automatización no se limita a automatizar el trabajo

Solemos centrarnos sobre todo en la automatización del trabajo, ya que dependemos de los salarios que percibimos y nos preocupan la posible pérdida de empleos, el dominio de los robots y una renta básica universal.

Aunque el trabajo es de suma importancia, la automatización debe entenderse en un sentido más amplio, pues ya permea nuestra vida privada: cómo nos comunicamos, dónde comemos, qué compramos, con quién salimos, a qué partido votamos en unas elecciones y mucho, mucho más. Por tanto, deberíamos hablar de la automatización desde una perspectiva más integral, que abarque las dimensiones económica, medioambiental, política, ética, cultural, jurídica y social. Hasta ahora, esto solo ocurre de forma marginal.

La relación entre la inteligencia artificial y la automatización

En la actualidad, la inteligencia artificial (IA), que proporciona a los robots la capacidad de inteligencia, es bastante limitada (algunos dirían que restringida), por lo que la automatización es muy específica y se centra en determinadas tareas. Sin embargo, es probable que en el futuro la IA desarrolle capacidades más generales, lo que se traducirá en trabajo robótico multidisciplinar y más soluciones de software con razonamiento similar al humano. Este desarrollo se ve acelerado por otros campos de investigación, como las tecnologías de sensores, la supercomputación, la neurociencia, la impresión 3D o el uso de nuevos materiales como el grafeno.

¿Cuál es el objetivo de la automatización?

El objetivo es automatizar un conjunto diverso de tareas que, en teoría, nos beneficiarán. Actualmente, la atención se centra en automatizar tareas complejas desde el punto de vista numérico, monótonas y repetitivas. Sin embargo, si la IA lo permitiera, sin duda se ampliaría este abanico. Por tanto, las verdaderas limitaciones son las posibilidades tecnológicas y los límites legales.

La motivación de una empresa reside en la escalabilidad, los mayores beneficios, la reducción de los errores humanos y una menor regulación (la IA no forma sindicatos, al menos por ahora). La motivación de la humanidad consiste en evitar ciertas tareas arduas (como desarrollar una estrategia de negociación en un mercado bursátil volátil), mejorar los procesos de toma de decisiones (el momento óptimo para cosechar un cultivo) o, en algunos casos, externalizar la responsabilidad (la conducción autónoma).

Por qué la automatización es más compleja de lo que la mayoría piensa

La viabilidad tecnológica no es el único factor que influye en la automatización. Hay una lista mucho más larga de parámetros que deben tenerse en cuenta, entre ellos los costes y la regulación.

  • El coste de la automatización: Mientras el coste marginal del trabajo informatizado sea superior al del trabajo humano, automatizar no será rentable. Actualmente, esto ocurre con las tareas intensivas en mano de obra, heterogéneas y no repetitivas. Sin embargo, hay que tener presente que el trabajo informatizado es cada vez más capaz y asequible con cada ciclo de desarrollo.

  • Elasticidad salarial: La automatización podría generar un exceso de oferta de trabajadores dispuestos a trabajar por menos de lo que cobran actualmente. Los salarios mínimos podrían desregularse para que el trabajo humano pudiera competir con el trabajo informatizado. Por tanto, ante la decisión de realizar una inversión inicial relativamente elevada en trabajo informatizado, los empleadores podrían optar por mano de obra humana más barata.

  • Complejidad: Las tareas que requieren conocimientos interdisciplinarios y transferibles, empatía o creatividad podrían ser difíciles de automatizar a largo plazo, debido a su gran complejidad y a la insuficiente comprensión científica.

  • Atractivo de lo analógico: Los seres humanos y otras formas de vida muy desarrolladas son animales sociales. Por ello, tanto los consumidores como los emprendedores crearán sin duda un movimiento en sentido contrario, con productos y servicios analógicos, hechos a mano y no digitales.

  • Disponibilidad de datos: Algunas formas de IA, como el aprendizaje automático supervisado, dependen de conjuntos de datos vastos y muy detallados que podrían no estar disponibles en ciertos ámbitos. En otros casos, contamos con abundantes datos, sobre todo datos no estructurados, pero estos conjuntos permanecen ocultos en silos de datos heterogéneos y quienes toman decisiones simplemente no hacen las preguntas adecuadas. Además, también existe el peligro de utilizar datos de entrenamiento sesgados, lo que puede generar resultados no deseados.

  • Seguridad de los datos: Además, vivimos en una sociedad que no necesariamente comprende las implicaciones de la datificación en materia de privacidad y seguridad de la información. Sin embargo, la conciencia va en aumento y, en algunos casos, la gente podría optar por salir de un sistema basado en datos, lo que limitaría la disponibilidad de estos (los datos relacionados con la salud son un ejemplo).

  • Regulación: Aunque desde una perspectiva tecnológica y científica sea posible automatizar ciertas tareas, puede ocurrir que la regulación frene estos avances. Los retrasos en la revisión de determinadas leyes o normas, las cuestiones éticas sin resolver o las amenazas a la seguridad (cruciales al hablar de tecnologías digitales) plantean un riesgo particular.

  • Velocidad de adopción: En todos los sectores observamos distintos ritmos de adopción de las tecnologías, que podrían deberse a la falta de conciencia, las lagunas de conocimiento, la falta de talento o la falta de visión. Actualmente, escasean los ingenieros y el talento en la intersección entre ámbitos no técnicos y altamente técnicos, lo que genera problemas de comunicación, expectativas poco realistas y malas decisiones estratégicas. Además, la velocidad de adopción también está condicionada por la apertura cultural y la tolerancia.

  • Ética: Toda decisión que pueda provocar pérdidas de empleo planteará un enorme dilema ético. En mi opinión, la manera de responder consiste en evaluar las consecuencias de no automatizar hoy una tarea o unidad de negocio determinada y lo que esto implica para la capacidad de una empresa de mantener el empleo a largo plazo. ¿Evitar la automatización de puestos de trabajo hoy provocará una mayor pérdida de empleos mañana?

  • Consecuencias para la sociedad: Se automatizarán muchos empleos, junto con muchas de las decisiones que tomamos a diario. Esto transformará las sociedades en las que vivimos, tanto a nivel personal como macroeconómico. Los sistemas de recomendación y los algoritmos inteligentes de filtrado podrían reforzar nuestras burbujas de opinión, alejándonos de la realidad.

  • Conflictos: Ante los numerosos conflictos sin resolver, los populistas podrían aprovechar el miedo a la automatización total del trabajo. Sin embargo, creo que, mientras la humanidad no evolucione hacia un mayor humanismo, las tecnologías del futuro serán el menor de nuestros problemas. Deberíamos usarlas, en cambio, para hacer frente al cambio climático, detener la contaminación ambiental y acabar con el hambre en el mundo. Aun así, es realista pensar que ciertas tecnologías podrían provocar protestas e incluso violencia. Esto solo ocurriría si la sociedad, la tecnología y la política evolucionaran de forma desigual. Si la sociedad tiene tiempo para acostumbrarse, establecer un marco jurídico favorable y adaptarse a la tecnología, los escenarios apocalípticos no son más que alarmismo.

  • Política: Aunque los políticos suelen ir a la zaga de las tendencias tecnológicas actuales, aún pueden influir en la difusión de las tecnologías. Pero hoy en día la influencia también puede darse en sentido contrario. Los bots sociales y los anuncios microsegmentados pueden influir en las elecciones, así que necesitamos urgentemente una solución a este problema.

  • Responsabilidad: ¿Quién es responsable si una decisión tomada por un ordenador es errónea? ¿El usuario, el científico de datos que seleccionó los datos de entrenamiento, el ingeniero de aprendizaje automático, la empresa que presta el servicio o alguien más? Esto debe regularse con claridad; de lo contrario, podría abrirse la caja de Pandora de costosos problemas de responsabilidad.

  • Asegurabilidad: Los riesgos mencionados podrían asegurarse en el futuro, pero aún faltan soluciones adecuadas, lo que podría impedir o aplazar una decisión relacionada con la automatización.

Además de estos parámetros, hay otras variables que influyen en el futuro de la automatización, como la cultura, la religión, el medioambiente, la energía, el almacenamiento de datos y otras. Algunas son específicas de cada sector, están impulsadas por las personas o tienen carácter social, económico o medioambiental. Además, debemos reconocer que la automatización o, de hecho, cualquier avance tecnológico, no es determinista, sino que está influido por cada ser humano.

Por un lado, necesitamos un nivel nuevo y sin precedentes de transparencia y debate basado en el conocimiento que aborde los puntos mencionados y otros más. Por otro lado, es fundamental reconocer que no todo el mundo querrá y podrá participar en un diálogo constructivo. A pesar de ello, las empresas, el mundo académico y los gobiernos deberían comunicar abiertamente y de manera comprensible sus visiones sobre nuestro futuro y los avances tecnológicos. Así, cada persona podrá decidir por sí misma cuánta automatización quiere realmente en su vida.

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