La extraña ciencia de la memoria olfativa

Customers select vegetables at a supermarket in Hanoi September 20, 2014. REUTERS/Kham (VIETNAM - Tags: FOOD BUSINESS) - RTR470M7
Odours provide a richness to our perception of the world.Image: REUTERS/Kham
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El olfato es un sentido poderoso. Puede mejorar el estado de alerta, reducir la ansiedad e influir en la confianza en uno mismo. Ciertos olores incluso pueden predisponer a las personas a practicar sexo seguro.

Los olores enriquecen nuestra percepción del mundo. Sin embargo, pese a la ubicuidad del olfato, sabemos menos sobre la memoria olfativa que sobre la memoria visual y auditiva.

El ejemplo clásico de la memoria olfativa es lo que se conoce como recuerdo proustiano (o memoria involuntaria). En este fenómeno, la mera exposición a un estímulo puede desencadenar automáticamente un recuerdo intenso del pasado. En el caso de Proust, fue una magdalena empapada en té la que evocó un recuerdo detallado de la casa de su tía.

Como investigador de la memoria olfativa, a menudo me cuentan historias de olores que desencadenaron vívidos recuerdos autobiográficos. Puede tratarse del olor de la comida del hospital, de una bebida alcohólica concreta o del champú de una antigua pareja. Se cree que esta estrecha relación entre el olfato y las emociones se debe a que la parte del cerebro encargada de procesar los olores está situada en el sistema límbico, una zona del cerebro fundamental para las emociones.

Evaluación de la memoria olfativa a corto plazo

Sin embargo, no todos los olores se almacenan en la memoria a largo plazo. Algunos solo se conservan durante períodos breves. Imagina que estás buscando una nueva loción para después del afeitado o un perfume. No olerías dos productos al mismo tiempo, porque sería difícil distinguirlos. Para decidir cuál prefieres, tienes que olerlos uno después del otro. Esto significa que debes almacenar temporalmente el olor y luego recordarlo para compararlo. Hemos estado estudiando cómo almacenan las personas los olores en la memoria a corto plazo y hasta qué punto la memoria olfativa funciona de manera distinta a otros tipos de memoria.

La explicación más sencilla es que las personas realizan tareas de memoria olfativa etiquetando verbalmente los olores (por ejemplo: «huele a queso»). Pero esta estrategia verbal hace que la tarea de memoria evalúe la memoria verbal y no la olfativa, porque almacenamos la palabra «queso» en la memoria verbal, no el olor real del queso en la memoria olfativa. Como investigadores, podemos limitar el uso de esta estrategia seleccionando olores difíciles de nombrar. Por ejemplo, los olores que no son de alimentos suelen ser más difíciles de etiquetar.

Otro recurso que usamos es pedir a los participantes que repitan durante la prueba palabras que no guardan relación con la tarea; esto se llama «articulación concurrente». La articulación concurrente dificulta que los participantes nombren los olores y que repasen mentalmente sus nombres durante la tarea. Por ejemplo, si repites «el, el, el» mientras olfateas algo que huele a hierba recién cortada, no podrás almacenar las palabras «hierba recién cortada» en tu memoria verbal. Es un poco como intentar leer un libro mientras escuchas las noticias.

Se ha demostrado que las personas pueden realizar tareas de memoria olfativa a corto plazo cuando los olores son difíciles de nombrar, y cuando realizan una articulación concurrente. Estos hallazgos sugieren que, aunque etiquetar verbalmente puede mejorar el recuerdo de un olor, las personas también pueden almacenar el olor real en la memoria. Esto cuenta con el respaldo de investigaciones que muestran que se activan distintas partes del cerebro al recordar olores fáciles y difíciles de nombrar; específicamente, la circunvolución frontal inferior y la corteza piriforme, respectivamente.

Un método para comparar la memoria olfativa a corto plazo con otros tipos de memoria consiste en examinar cuán bien recuerdan las personas una lista de olores. Según los detalles de la tarea de memoria, las personas suelen recordar bien el primer y el último elemento de una lista (fenómenos conocidos como primacía y recencia). Hay cierta evidencia de que, en algunas tareas, la memoria olfativa produce efectos de primacía y recencia distintos a los de otros estímulos. Estas diferencias podrían indicar que la memoria olfativa funciona de manera distinta a otros tipos de memoria.

La memoria olfativa como herramienta de diagnóstico

Es razonable preguntarse por qué debería interesarte evaluar la memoria olfativa, ya que la mayor parte del tiempo usamos la percepción olfativa para juzgar los olores (si huelen bien o mal). Pero las investigaciones han demostrado que una memoria olfativa deficiente es un predictor de la aparición de demencia.

Para recalcar aún más este vínculo, las personas portadoras del gen ApoE (un factor de riesgo genético para desarrollar alzhéimer) que no muestran signos de demencia tienen dificultades para identificar olores. Estos hallazgos sugieren que una prueba de memoria olfativa podría utilizarse como parte del conjunto de herramientas para detectar las primeras etapas de la demencia. La detección temprana es importante, ya que cuanto antes se intervenga, mejores serán los resultados.

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