La profesora Maria Elena Torres-Padilla es directora del Instituto de Epigenética y Células Madre del Helmholtz Zentrum München, donde dirige un equipo que está descifrando los factores necesarios para que el embrión se implante con éxito tras la fecundación. Considera que los responsables políticos, los educadores y la sociedad en general necesitan comprender de manera más profunda cómo funciona la ciencia y cómo debería financiarse. Aquí explica por qué y cómo puede lograrse.
P: ¿Por qué es importante que la sociedad comprenda el proceso científico y, en particular, el papel de la ciencia básica?
R: La investigación científica requiere una inversión considerable de tiempo y dinero, y es importante que la sociedad participe y exija a los científicos que rindan cuentas por el uso responsable de esos fondos. Sin embargo, para que esto sea eficaz tanto para la ciencia como para la sociedad, es importante que esta comprenda el proceso científico. A menudo, cuando la sociedad piensa en la ciencia, busca resultados y productos concretos; quiere medicamentos que curen enfermedades. Es comprensible, y los científicos también valoran esos resultados. Sin embargo, es importante recordar que podemos lograr estos resultados traslacionales porque tenemos la suerte de vivir en una época en la que podemos beneficiarnos de lo que los científicos han descubierto durante los últimos 100 y 200 años. En pocas palabras, ahora podemos desarrollar medicamentos porque sabemos cuáles son las dianas, y eso se debe a la investigación básica, a la ciencia básica.
En mi campo, la ciencia básica se dedica a comprender los mecanismos fundamentales de la vida; pero es igual de esencial para las humanidades, el estudio del espacio y otros ámbitos. Puede considerarse el cimiento sobre el que construimos los componentes traslacionales de la investigación. Si los cimientos son sólidos, el edificio que se levante encima se mantendrá firme.
Si invertimos en generar más conocimientos de este tipo y logramos comprender mejor más mecanismos de las enfermedades, en el futuro podremos identificar más dianas para desarrollar nuevos tratamientos y, en última instancia, curas. Comprender este proceso científico en su totalidad demuestra que la investigación básica y la aplicada —o traslacional— deben trabajar codo con codo para generar beneficios.
Otra razón por la que la investigación básica es importante tiene más que ver con el descubrimiento de medicamentos.
Se puede disponer de un medicamento para tratar el cáncer o la diabetes, pero a menudo se producen efectos secundarios, sobre todo porque aún no hemos logrado entender del todo cómo funcionan los mecanismos completos de la enfermedad, su progresión y sus síntomas. La única forma de comprenderlo es mediante la investigación básica, un proceso muy prolongado y continuo.

P: Entonces, el problema es la financiación de la investigación básica, que produce resultados menos inmediatos.
Sí. Pero todo depende de cómo definamos los resultados.
En la situación actual, cuando hablamos de resultados, se entiende que nos referimos a ganar dinero; y no, la investigación básica no genera ingresos de inmediato.
En última instancia, cuando se produce un gran hallazgo —normalmente gracias al trabajo de muchísimas personas durante al menos unos 100 años— que permite a otros decir «esto es interesante», el objetivo es darle una aplicación traslacional. Por tanto, es importante comprender que la investigación básica y la aplicada no son completamente independientes; debe haber espacio para trabajar entre ambas y permitir que las personas dialoguen.
Dentro de la propia ciencia, esto no supone un problema: las diferencias no son una barrera y la colaboración es una práctica cotidiana, tanto en el plano técnico como en el conceptual. Ni siquiera nos fijamos en la nacionalidad de los demás, porque hablamos el mismo idioma: el de la ciencia.
Y esto es algo profundo: una comunidad mundial de personas que trabajan juntas sin barreras porque nos comunicamos y compartimos valores. Es algo fantástico y muy especial en la ciencia.
P: Entonces, ¿de dónde debe proceder la financiación?
La financiación debe proceder principalmente de los gobiernos y, en algunos países, como el Reino Unido, de organizaciones benéficas. El problema es que, cuando los políticos dirigen la financiación, operan dentro de ciclos electorales de cuatro o cinco años y no pueden señalar resultados dentro de ese plazo. Además, aumenta la presión en Europa, Estados Unidos y algunos países de Asia para financiar investigaciones con impacto traslacional. Por supuesto, es positivo promover este tipo de investigación, pero la investigación básica también debe continuar para garantizar avances a mucho más largo plazo.
P: ¿Qué medidas considera importantes para impulsar el cambio?
En primer lugar, necesitamos la implicación personal de los científicos. Esto se aplica sobre todo a personas como yo, que nos dedicamos plenamente a la investigación básica. Debemos hablar de hechos, no de opiniones, para que la gente conozca este desafío. Tenemos que ayudar a los científicos a sentirse parte de la sociedad en la que trabajan, a relacionarse con el público y a sentir que se escucha su voz.
En segundo lugar, a medio y largo plazo, está la educación. Debemos educar al público para que conozca lo que la investigación básica puede aportar a la sociedad; en realidad, es un concepto muy sencillo. Debemos implicar a las instituciones de investigación y de educación superior, así como a las escuelas primarias y secundarias, para que las generaciones más jóvenes conozcan desde temprano el proceso científico. Algunos países ya tienen iniciativas eficaces con este objetivo. Por ejemplo, el Reino Unido suele hacerlo bien, según mi experiencia al hablar con niños allí. Pueden ayudar los modelos de conducta conocidos por el público, pero, en realidad, necesitamos un proceso educativo más profundo en todos los niveles.
En tercer lugar, necesitamos que los científicos tengan una presencia activa en el gobierno y que los responsables políticos y los órganos consultivos valoren la ciencia. Los científicos conocen de primera mano la importancia de la investigación básica y pueden explicársela a quienes están en el poder. Establecer un diálogo abierto entre funcionarios y científicos permitirá adoptar medidas a largo plazo, ajenas a intereses políticos particulares y con un impacto positivo en la sociedad, ahora y en el futuro. Reducir la preocupación de los científicos por la financiación les permitirá concentrar su energía y creatividad en lo que mejor saben hacer: investigar.
Hace poco viajé a Bruselas con otros cuatro o cinco científicos y visitamos a un alto funcionario de la UE para plantearle estas cuestiones. Nos dijo: «Miren, Europa no puede darles dinero. ¿Por qué no vuelven a sus países y recaudan fondos de particulares? Después regresan y quizá podamos ayudarles».
Por un lado, creo que esto podría considerarse una buena oportunidad para colaborar con el sector privado y establecer alianzas a largo plazo, muy beneficiosas para ambas partes. Sin embargo, por otro lado, mi reacción fue: somos científicos y, espero, somos buenos en lo que hacemos. Y lo que hacemos es investigar. ¡No debería tener que recaudar fondos yo misma! Fue algo parecido a una «ducha fría», como decimos en francés, y muestra la tendencia general de los gobiernos a no financiar la investigación básica. Por eso creo que es importante que tomemos la iniciativa en el gobierno y entre los responsables políticos, pero también que nos acerquemos al sector privado y despertemos el interés de la sociedad en general. Sin embargo, es fundamental que no se olviden de la investigación. Si la descuidamos, no cumpliremos nuestro propósito.


