El grado en que las empresas pueden sustituir la mano de obra por tecnología es una cuestión de larga data que ha cobrado importancia para las políticas públicas a medida que la tecnología de automatización se extiende a una gama más amplia de empleos. En nuestro próximo artículo, contribuimos a este importante debate cuantificando el potencial de automatización de los empleos de bajos salarios en el mercado laboral estadounidense y examinando su impacto en los trabajadores con salarios bajos.
A partir de los cambios en las leyes sobre el salario mínimo de EE. UU. entre 1999 y 2009, que elevan el coste de la mano de obra de bajos salarios y hacen que la tecnología sea relativamente más asequible, observamos que las subidas del salario mínimo aceleran la sustitución tecnológica en ocupaciones que requieren especialmente muchas tareas cognitivas rutinarias, como las de cajeros y empleados administrativos. Sin embargo, la pérdida de esos empleos se compensa en gran medida con el crecimiento del empleo en otros puestos con remuneraciones similares, principalmente ocupaciones de bajos salarios que requieren muchas tareas interpersonales no rutinarias. Además, no encontramos indicios de sustitución tecnológica en ocupaciones que requieren especialmente muchas tareas manuales rutinarias, como la preparación de alimentos y el manejo de equipos. Por tanto, observamos que el impacto total de la automatización a corto plazo en el empleo de bajos salarios puede ser pequeño en términos económicos incluso cuando se produce una sustitución tecnológica.
La figura 1 ilustra nuestros principales hallazgos mediante dos ocupaciones que suelen trabajar juntas en un mismo establecimiento: cajeros (lado izquierdo) y trabajadores de preparación de alimentos (lado derecho). Para cada una de estas ocupaciones, representamos en el eje horizontal el cambio en el logaritmo del salario mínimo y en el eje vertical el cambio en el logaritmo del nivel de empleo; el cambio en el empleo abarca un período de cuatro años, lo que permite cierto retraso en la respuesta de las empresas a los cambios del salario mínimo. Cada observación representa un estado y un año (por ejemplo, California en 2003), y el tamaño del punto corresponde al nivel de empleo. La figura muestra que un aumento del 10 % del salario mínimo provocó entre los cajeros una caída del empleo del 2,3 %, significativa tanto en términos económicos como estadísticos. En cambio, no encontramos un efecto mensurable entre los trabajadores de preparación de alimentos.
Figura 1. Efecto de un aumento del salario mínimo en el empleo (cajeros frente al conjunto de trabajadores de preparación de alimentos)
¿Por qué reaccionaría de manera distinta el empleo en estas dos ocupaciones ante un cambio en el salario? Creemos que esta divergencia de resultados puede explicarse por la introducción de una tecnología de automatización que sustituye empleos con muchas tareas cognitivas rutinarias, pero cuyo coste quizá sea demasiado elevado para reemplazar ocupaciones con muchas tareas manuales rutinarias. Además, planteamos que la introducción de esta nueva tecnología de automatización podría requerir de hecho mano de obra adicional para tareas no rutinarias a fin de ser productiva. Esto se debe a la naturaleza de la automatización de los empleos de bajos salarios, que a menudo traslada al cliente algunas tareas que antes realizaba el empleado.
Por ejemplo, la instalación de cajas de autopago en tiendas minoristas exige que los clientes escaneen y embolsen sus artículos, y completen el pago. Así, la nueva tecnología sustituye a los cajeros, pero también crea nuevos empleos en los que los trabajadores deben ayudar a los clientes a usar la tecnología o supervisar su uso. En ese contexto, la sustitución tecnológica derivada de un aumento del salario mínimo se caracterizará por una caída del empleo en los puestos de bajos salarios con tareas muy rutinarias. Sin embargo, el efecto total en el empleo a corto plazo es incierto debido al mayor uso de puestos con tareas no rutinarias. Esta predicción concuerda con numerosos estudios que detectan una pequeña pérdida de empleos inmediatamente después de un aumento del salario mínimo.
Ponemos a prueba estas predicciones con datos de todas las ocupaciones de bajos salarios entre 1999 y 2009, procedentes de Occupational Employment Statistics de la Oficina de Estadísticas Laborales de EE. UU. Observamos que las distintas trayectorias del empleo de cajeros y trabajadores de preparación de alimentos forman parte de un patrón más general. Los aumentos del salario mínimo reducen el empleo en ocupaciones que suelen exigir dedicar una mayor proporción del tiempo a tareas cognitivas rutinarias. Sin embargo, no encontramos indicios de una respuesta del empleo en función del grado de rutina manual de una ocupación, y mostramos que la subcontratación en el extranjero no puede explicar estas caídas del empleo. Al mismo tiempo, observamos que los efectos netos de un aumento del salario mínimo en el empleo no se distinguen de cero; esto significa que el crecimiento del empleo en otros puestos de bajos salarios compensa la caída en los empleos con tareas cognitivas rutinarias. En consonancia con nuestro marco teórico sobre la automatización de los empleos de bajos salarios, observamos que el crecimiento compensatorio del empleo se produce en puestos que requieren muchas tareas interactivas y están relacionados con la atención a clientes, como los asistentes de servicios sociales y humanos y los representantes de atención al cliente.
Por último, observamos resultados similares al examinar las trayectorias de las personas en un segundo conjunto de datos, la Encuesta de Población Actual de EE. UU. Observamos que los aumentos del salario mínimo llevan a las personas empleadas en puestos de bajos salarios a cambiar a ocupaciones con menos tareas cognitivas rutinarias. Sin embargo, el coste de esta reasignación para cada trabajador parece relativamente pequeño: las probabilidades de empleo posterior y los salarios son solo ligeramente inferiores a los de trabajadores con salarios bajos en situaciones similares.
En resumen, nuestros resultados sugieren que unos costes laborales más altos aceleran la sustitución tecnológica en ocupaciones de bajos salarios que requieren muchas tareas cognitivas rutinarias. Sin embargo, a diferencia de la automatización de las ocupaciones de ingresos medios, la automatización de los empleos de bajos salarios no parece ser tan costosa para cada trabajador, debido al crecimiento compensatorio del empleo en puestos con remuneraciones similares. No obstante, cabe destacar varias salvedades importantes. En primer lugar, la dinámica del mercado laboral que describimos es de corto plazo, y cada vez hay más indicios de que los salarios mínimos tienen efectos más pronunciados de reducción del empleo a largo plazo. En segundo lugar, a medida que disminuye el coste de la tecnología de automatización, y los clientes que interactúan con ella la aceptan cada vez más, es posible que los efectos de reducción del empleo de un aumento del salario mínimo sean mayores. Estamos replicando nuestro análisis con datos desde 2010 para determinar si ese cambio es visible en EE. UU.
Descargo de responsabilidad: Las opiniones expresadas en esta entrada de blog no representan necesariamente las del Banco de la Reserva Federal de Chicago ni las del Sistema de la Reserva Federal.
Notas:
Esta entrada de blog se basa en el artículo de los autores titulado Perturbaciones salariales y sustitución tecnológica de los empleos de bajos salarios, Economic Journal, 2018, de próxima publicación.
La entrada refleja las opiniones de sus autores, no la postura de LSE Business Review ni de la London School of Economics.



