En los años ochenta, la producción industrial representaba una cuarta parte o más del PIB de todo el mundo
Esa proporción ha ido disminuyendo, como muestra el gráfico siguiente
Tanto las economías emergentes como las avanzadas están experimentando un declive de sus sectores manufactureros, que cada vez son menos importantes para los ingresos nacionales. En los años ochenta, la producción industrial representaba una cuarta parte o más del PIB de todo el mundo, pero esa proporción ha ido en descenso constante. Así lo muestran los datos del Banco Mundial y de las Naciones Unidas.
Como señala el FMI, la pérdida de empleos manufactureros ha sido motivo de inquietud en los países desarrollados, ya que muchos temen la desaparición de empleos bien remunerados para trabajadores con baja y media cualificación y, en última instancia, un agravamiento de la desigualdad. El presidente Donald Trump, por ejemplo, ha hecho de la recuperación de los empleos manufactureros en EE. UU. uno de sus temas emblemáticos.
La pérdida de empleos manufactureros puede, de hecho, tener efectos devastadores en regiones que durante décadas han dependido de ciertas industrias. Pero la mayor automatización también significa que muchos empleos que parecen «trasladarse al extranjero» en realidad nunca llegan a hacerlo. En las economías en desarrollo, los trabajadores pasan directamente de la agricultura al sector servicios, saltándose el empleo manufacturero.
Aunque un sector servicios en crecimiento indica que un país se enriquece, esto podría no ser así para los trabajadores que pasan de la industria manufacturera a los servicios –y que aceptan la reducción salarial que puede conllevar este cambio. Sin embargo, que un trabajador esté empleado en la industria manufacturera o en el sector servicios no es el factor que mejor predice su nivel salarial. Según el FMI, la desigualdad salarial dentro de los distintos sectores económicos ha crecido mucho más rápido que las diferencias salariales entre sectores.

