La tecnología está transformando el mundo en desarrollo. Pero no siempre para mejor

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El futuro del trabajo no solo fue el primer tema de este año en la Reunión Ministerial de Trabajo y Empleo del G20, sino que también está en plena efervescencia en la blogosfera actual. Sin embargo, la mayoría de los artículos presentan una perspectiva del mundo desarrollado, con énfasis en los robots y en cómo están quitando puestos de trabajo, y en el desarrollo de competencias como principal respuesta normativa. Pero ¿qué significa el rápido cambio tecnológico para la pobreza y la desigualdad mundiales? ¿Cómo afecta al mundo laboral en los países en desarrollo?

Para abordar esta cuestión, conviene distinguir tres formas diferentes en que la tecnología digital afecta al mundo laboral: la automatización, la conectividad y la innovación. Cambian el costo de la mano de obra frente al capital, los costos de transacción, el potencial de las economías de escala y la competencia en los mercados, así como el ritmo de la innovación. En conjunto, determinarán cómo y dónde se producen los bienes y se prestan los servicios y, por tanto, cómo será el mundo laboral, tanto en los países desarrollados como en los países en desarrollo.

Automatización
Empecemos por la automatización, que sustituye el esfuerzo humano por el de las máquinas, a un ritmo y en una escala cada vez mayores. Por ejemplo, el parque de robots de Estados Unidos y Europa occidental se cuadruplicó entre 1993 y 2007. Se estima que un robot más por cada mil trabajadores reduce la proporción entre empleo y población en unos 0,18-0,34 puntos porcentuales y los salarios en un 0,25-0,5 %. Sin duda, la automatización es la forma más directa, y también la más comentada, en que la tecnología afecta al empleo, sobre todo en los países desarrollados.

En los países de ingresos medios y bajos, los efectos directos de la automatización en la demanda de mano de obra quizá sigan siendo limitados durante algún tiempo, ya que las empresas de esos países tardan más en adoptar tecnologías digitales. Aun así, algunos trabajadores y empresas ya las utilizan, lo que les ayuda a ser más productivos. Además, hay indicios de que esto también podría estar provocando la polarización de sus mercados laborales, como ocurre en los países de la OCDE, lo que ejerce presión al alza sobre la desigualdad dentro de los países.

Sin embargo, probablemente las consecuencias indirectas sean más importantes. Si los países occidentales con escasez de mano de obra siguen desarrollando y adoptando tecnologías que ahorran trabajo, puede resultar más rentable para las empresas producir bienes en sus propios países con máquinas que recurrir a trabajadores de países con salarios bajos. La relocalización de tareas y puestos de trabajo en las economías avanzadas amenaza con alterar los mercados laborales del mundo en desarrollo. También cerraría prematuramente la puerta a la creación de empleos formales remunerados en los sectores manufactureros orientados a la exportación de países de bajos ingresos con una población juvenil muy numerosa, como ocurre en gran parte del África subsahariana. Dado que hoy el 50 % de las personas en situación de pobreza extrema del mundo vive en el África subsahariana (y se prevé que la cifra llegue al 66 % para 2030), esto supone un enorme desafío tanto para África como para el mundo.

Conectividad
La tecnología también está cambiando los costos de transacción. El acceso a mercados y recursos gracias a una mejor conectividad ayuda a las empresas a crecer y crear puestos de trabajo, o atrae actividad a nuevos mercados más competitivos. La reducción de los costos de transacción puede generar empleo y mejorar los ingresos, algo especialmente importante en los países de ingresos bajos y medios. Allí, los costos de transacción suelen ser prohibitivamente altos, lo que impide que las explotaciones agrícolas y las empresas se expandan para abastecer tanto los mercados nacionales como los externos. Un ejemplo bien documentado es que los teléfonos móviles ya facilitan el acceso de los agricultores a la información sobre los mercados y mejoran sus ingresos. Otro ejemplo es «Hello Tractor», una plataforma de alquiler de tractores por internet en Nigeria que permite a los pequeños agricultores aprovechar las mejoras de productividad de la mecanización sin necesidad de operar a gran escala. En las ciudades, los servicios de uso compartido de automóviles, como Uber, conectan a pasajeros con conductores cuyos vehículos están infrautilizados.

Sin embargo, aunque las tecnologías disruptivas suelen debilitar el poder de mercado de las empresas ya establecidas desde hace mucho tiempo, también crean nuevos oligopolios cuando el mayor uso de los servicios genera importantes economías de escala. El Informe sobre el desarrollo mundial 2016 muestra, por ejemplo, que unos pocos grupos dominan muchos mercados basados en internet, como las búsquedas web, los pagos móviles o las librerías en línea. Dado que la mayoría de las plataformas se desarrollan en países de ingresos altos o medios, los países en desarrollo podrían correr el riesgo de quedar cada vez más expuestos al poder de mercado de empresas extranjeras.

Innovación
La tecnología ha cambiado no solo la forma en que producimos (robots) y nos conectamos (Twitter, SMS, WhatsApp o Skype), sino que también permite que más personas creen y prueben nuevos objetos e ideas, reduciendo los costos y riesgos de la innovación y del desarrollo de productos, también en los países en desarrollo. Por ejemplo, la animación por computadora ha creado 80.000 puestos de trabajo en India (aunque también ha desplazado empleos tradicionales de animación). La tecnología de drones ayuda a llevar sangre a hospitales remotos de Ruanda, y la impresión 3D permitirá suministrar piezas de repuesto bajo demanda cuando los volúmenes solicitados sean pequeños y el acceso, difícil.

Sin duda, la tecnología cambiará el mundo laboral de maneras nuevas y apasionantes, también en los países de ingresos bajos y medios. Sobre todo, lo hará de formas diversas e inesperadas: los resultados serán mucho menos previsibles de lo que da a entender el discurso popular. En última instancia, dependerán de la compleja interacción entre la forma en que cada uno de estos canales afecta a las fuerzas económicas que impulsan la organización y la ubicación de la producción y el trabajo, es decir, los precios relativos de la mano de obra y el capital, los costos de transacción, las economías de escala y la competencia en los mercados. En cualquier caso, facilitar una adopción más amplia de la tecnología en los países de ingresos bajos y medios será una respuesta clave para reducir la pobreza extrema y evitar que aumente la desigualdad mundial.

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