«Pedí algunas piezas para construir un dispositivo nuevo para Ahmad y lo programé yo mismo», dijo con una amplia sonrisa.
Asem, un refugiado sirio de 21 años, era estudiante universitario antes de la guerra civil en su país. Dejó los estudios para convertirse en paramédico. Durante una misión para rescatar a civiles heridos, un proyectil alcanzó su ambulancia y todo se volvió oscuro. Cuando recobró el conocimiento, Asem se dio cuenta de que había perdido una pierna en el torbellino de pérdidas y destrucción que hoy es Oriente Medio.
Asem Hasna, técnico voluntario de impresión 3D, Refugee Open Ware. Foto de Maro Kouri
Un año después, Asem aprendió por sí mismo a utilizar una impresora 3D en tres semanas y a programar un Arduino en tres días. «Verán cómo voy mejorando cada vez más mis nuevas habilidades», afirmó con orgullo. Había creado dos soluciones sanitarias de bajo coste y código abierto para otras personas con discapacidad víctimas de conflictos: una mano protésica impresa en 3D y un dispositivo de ecolocalización ultrasónica para su amigo Ahmad, que quedó ciego por el disparo de un francotirador en Siria. Asem adquirió rápidamente conocimientos especializados en tecnología avanzada para ayudar a quienes lo habían perdido todo. Encontró una vía hacia la dignidad y un propósito como voluntario de Refugee Open Ware (ROW), nuestro consorcio de innovación humanitaria. «ROW da a las personas esperanza para vivir», dijo. «Cambiamos la vida de una persona amputada para que pueda hacer algo bueno en este mundo». Los conflictos, la radicalización, el extremismo violento, el desplazamiento forzado y el desempleo juvenil se intensifican rápidamente y se retroalimentan. Los gobiernos carecen de recursos para hacer frente a la situación. El alto comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, António Guterres, señaló: «Con el aumento exponencial de las necesidades que hemos visto tan solo en los últimos tres años, el sistema de financiación humanitaria está casi en bancarrota». La Cuarta Revolución Industrial podría empeorar la situación. La automatización está erosionando las oportunidades laborales para quienes tienen un nivel educativo bajo, y millones de niños refugiados crecerán sin educación o con una educación deficiente. La región de Oriente Medio y Norte de África ya padece las tasas de desempleo juvenil más altas del mundo. Si ahora nos resulta difícil crear suficientes puestos de trabajo en la región, ¿cómo lo haremos en el futuro? Mientras la economía mundial se transforma a una velocidad vertiginosa, las comunidades afectadas por conflictos quedarán aún más rezagadas y la falta de oportunidades para los jóvenes alimentará más violencia. Al definir su enfoque de los conflictos durante las próximas décadas, los líderes mundiales tienen una elección: cabalgar la ola de la próxima revolución industrial o dejarse aplastar por ella. ROW aprovecha las tecnologías de la Cuarta Revolución Industrial para mejorar la provisión de bienes y servicios básicos en zonas afectadas por conflictos. Entre ellas figuran la impresión 3D, la robótica, la inteligencia artificial, el internet de las cosas, los materiales avanzados, la interfaz cerebro-computadora, la realidad virtual y otras. Estas tecnologías pueden permitir que las comunidades desplazadas, atrapadas en un estado liminal, vuelvan a sentirse conectadas con el futuro y empoderadas para reconstruir el mundo destrozado que las rodea. Estamos creando una red de centros de innovación que obtiene ideas de la comunidad, cocrea y pone a prueba soluciones para los desafíos humanitarios más difíciles del mundo. Estos espacios de creación e incubadoras de innovación humanitaria estarán equipados con maquinaria de fabricación avanzada (por ejemplo, impresoras 3D, fresadoras CNC, máquinas de fresado de precisión y cortadoras láser). Serán plataformas físicas para la educación STEAM, el desarrollo de la fuerza laboral, la formación empresarial, los espacios de trabajo compartido, el intercambio de conocimientos, la cohesión social y el apoyo psicosocial mediante el arte interactivo.
Representación arquitectónica de un centro de innovación de ROW, obra de nuestro arquitecto humanitario, Jai Mexis
Tenemos siete centros de innovación en proyecto, centrados en soluciones para tres niveles de conflicto: una zona de guerra activa (Siria), países vecinos (Jordania y Turquía) y países de reasentamiento (Europa). Las alianzas público-privadas son fundamentales para estos proyectos. Estamos construyendo dos centros de formación profesional e incubación empresarial en Jordania: uno en Amán y otro en Irbid, financiados con más de 7 millones de dólares de la Unión Europea, USAID, un filántropo estadounidense, el sector privado jordano y el Gobierno de Jordania. También estamos recaudando fondos para centros de innovación dedicados a la tecnología de rescate, la educación y las prótesis. Deben surgir nuevos mecanismos de financiación para hacer realidad todo el potencial de iniciativas como estas. Proponemos un fondo de inversión de impacto de 100 millones de dólares para la tecnología y la innovación humanitarias, así como bonos de impacto humanitario para la crisis de los refugiados.
Nuestra iniciativa busca proporcionar a los refugiados y a las comunidades de acogida una educación y un conjunto de competencias profesionales adecuados para las próximas décadas.
3Dmena, socio fundador de ROW, imparte un curso de fabricación aditiva (impresión 3D) y computación física en Amán, Jordania. Nuestro programa de formación se centra en la creatividad, la innovación, el emprendimiento y el desarrollo tecnológico, las competencias menos susceptibles de ser automatizadas. Además, buscamos incubar tecnologías que reduzcan drásticamente los costes y aumenten la eficacia de la ayuda humanitaria. Nos centramos en el principal factor de coste de la ayuda humanitaria: las adquisiciones y la logística, que representan entre el 60 y el 80 % de los costes del sector, lo que equivale a entre 10.000 y 15.000 millones de dólares al año. La historia de Asem ejemplifica lo que podemos lograr mediante la fabricación distribuida, impulsada por equipos de fabricación avanzada y fundamental para nuestro enfoque. Cuando se rompió una pieza de la prótesis de pierna de Asem, imprimió un repuesto en 3D. Con la ayuda de un experto internacional de nuestro equipo, tardó veinte minutos en diseñarlo y dos horas en imprimirlo, y redujo el coste de la pieza en un 95 %. Sin esta pieza, no puede caminar. Además de reducir los costes, la fabricación distribuida también puede disminuir la huella de carbono de los bienes humanitarios y promover la autosuficiencia, la dignidad y la creatividad.
La cuña negra, impresa en 3D con elastómero termoplástico, sustituyó a la cuña de goma estándar que aparece detrás. La cuña funciona como el talón del pie protésico. «Haremos lo imposible, hermano», afirmó Asem, mirando al futuro con una esperanza renovada y un nuevo sentido de pertenencia. Sin duda, la Cuarta Revolución Industrial definirá los contornos de la riqueza y el poder durante las próximas décadas. También podría transformar la ayuda humanitaria. Proponemos aprovechar la innovación y las tecnologías de esta revolución para redefinir lo posible, junto con las personas afectadas por conflictos y en beneficio de ellas.
Mano protésica de código abierto impresa en 3D con copoliéster reforzado con fibra de carbono y un reloj Ben10 alimentado por Arduino. Coste: 75 dólares. La mano se creó en colaboración con un refugiado yemení de 6 años atendido por Médicos Sin Fronteras. Cuando le preguntaron quién era su superhéroe, respondió: «Ben10». Después, un diseñador mecánico jordano radicado en Fab Lab Barcelona personalizó esta mano para él, incluido un ordenador integrado con una animación de los alienígenas de Ben10. Asem, junto con nuestro experto internacional en Amán, imprimió y ajustó la mano. Este artículo se publicó originalmente en Medium, como parte del concurso de ensayos del Foro Económico Mundial para Davos 2016. La lista de finalistas se anunciará más adelante esta semana. Autores: Dave Levin y Jamil Wyne, con contribuciones de Loay Malahmeh. Imagen: Migrantes caminan al atardecer tras cruzar a Hungría desde la frontera con Serbia, cerca de Roszke, Hungría, el 30 de agosto de 2015. REUTERS/Bernadett Szabo










