Hasta hace poco, causar daños a una escala muy grande – es decir, más allá del alcance de los medios terroristas tradicionales – requería un gran número de personas (como en un ejército) o una organización grande y sofisticada (para desarrollar, por ejemplo, un arma nuclear). Por lo general, estas capacidades estaban en manos de los Estados. En consecuencia, el mundo acabó desarrollando herramientas – aunque imperfectas – para evitar la escalada de las disputas entre Estados. Entre ellas figuran los tratados, las convenciones y las organizaciones internacionales, pero también el concepto de disuasión y, en la era nuclear, la noción compartida de destrucción mutua asegurada. Esta última fue, después de todo, una de las razones por las que la Guerra Fría se mantuvo fría.
Cuando el mundo abandonó esta lógica de la Guerra Fría, el foco se alejó de la dinámica de poder de los Estados fuertes. A partir de la década de 1990, la principal preocupación de la seguridad internacional pasó a ser el colapso de los Estados más que los Estados fuertes, y las amenazas asimétricas más que la competencia simétrica.
Hoy, parece que tenemos lo peor de ambos mundos: la competencia geopolítica estratégica ha resurgido, pero la fragmentación, la fragilidad y el caos violento «desde abajo» persisten; junto con una grave crisis de gobernanza internacional, este nuevo orden mundial obstaculiza nuestra capacidad de respuesta y adaptación.
Con la Cuarta Revolución Industrial, y su promesa de progreso tecnológico en muchos frentes simultáneamente, llega una realidad oscura: también estamos experimentando una democratización rápida y masiva de la capacidad de causar estragos a gran escala. Desde las armas impresas en 3D hasta la ingeniería genética en laboratorios domésticos, las herramientas destructivas de diversas tecnologías emergentes son cada vez más accesibles.
Hablamos con destacados expertos de diversos campos y les pedimos su opinión sobre las implicaciones para la seguridad de las tecnologías emergentes:
Pueden surgir amenazas inesperadas cuando se fusionan campos de investigación
Con el auge de la fusión tecnológica, los campos tecnológicos reconocidos se desarrollan con rapidez, y se inventan nuevas combinaciones tecnológicas más deprisa de lo que podemos siquiera imaginarlas.
Las interacciones entre alta y baja tecnología también pueden sorprender
Como se está demostrando en Siria e Irak, los modelos tradicionales de guerra – como las fuerzas de infantería que utilizan artillería – se combinan con nuevas técnicas de maneras que generan dinámicas desafiantes e impredecibles.
Los actores no estatales son cada vez más poderosos
El acceso a las tecnologías emergentes permite a los grupos criminales organizados operar con la rapidez y el alcance de las multinacionales; por ejemplo, lanzando ataques DDoS a una escala impresionante.
Resulta difícil abordar el tema de la seguridad en la investigación sobre tecnologías emergentes
El mundo carece de una plataforma creíble para debatir de forma crítica sobre cómo debemos prepararnos para los riesgos que pueden surgir de las nuevas tecnologías.
Necesitamos un nuevo enfoque para regular el espacio
Hace décadas, solo Estados Unidos y la Unión Soviética podían permitirse programas espaciales. Hoy, decenas de países tienen presencia en el espacio, y más de la mitad de todos los satélites son comerciales. Dado que el espacio podría desempeñar un papel en los conflictos futuros, crece la preocupación de que los mecanismos actuales para regular las actividades espaciales ya no sean adecuados para su propósito.
Las armas autónomas se están convirtiendo en una preocupación urgente
¿Son responsables según el derecho internacional los robots avanzados que funcionan con plataformas de inteligencia artificial? Si los robots combaten contra robots, ¿podremos volver a tener situaciones estratégicamente estables, dado que una actualización de software o un hackeo podría alterar el equilibrio de poder de la noche a la mañana? La teoría de juegos sugiere que los robots de combate tendrían que ser adaptativos e impredecibles, pero entonces, ¿cómo podría predecirse su comportamiento futuro una vez desplegados? ¿Llegarán a ser impredecibles incluso para sus creadores? Los debates sobre estas cuestiones apenas comienzan, en parte porque gran parte de la innovación tecnológica se produce lejos de los ámbitos de las conferencias interestatales sobre desarme, no proliferación y derecho humanitario.
«Internet para todos» en un mundo desigual genera resentimiento global
Un mayor acceso a internet promete importantes oportunidades económicas, pero también crea nuevas vías para que un número significativo de jóvenes desesperados y subempleados expresen su enojo ante su sensación de privación relativa. También genera oportunidades para choques culturales – lo que resulta permisible en un contexto puede ser chocante en otro – sin la mediación cultural que tradicionalmente aporta el contacto humano. Gracias al poder de internet, las ideas y expresiones cruzan el planeta en nanosegundos, mucho antes de que pueda producirse cualquier adaptación cultural.
En la ciberguerra, atacar es más fácil que defender
En la mayoría de los Estados, su capacidad destructiva ya supera significativamente su capacidad defensiva. Por ello, tienen un incentivo económico para seguir invirtiendo en sus capacidades ofensivas en lugar de en las defensivas, lo que genera vulnerabilidades en los sistemas de control industriales y gubernamentales. Así, la antigua premisa de que el defensor siempre tiene cierta ventaja sobre el atacante queda completamente invertida.
Ante estos desafíos, ¿cómo logramos que las personas se tomen en serio las amenazas para la seguridad derivadas de las tecnologías emergentes?
En busca de MAD 2.0
Durante la segunda mitad del siglo pasado, el temor a la guerra nuclear dio paso gradualmente a la relativa estabilidad de la destrucción mutua asegurada. La MAD ha funcionado hasta ahora cuando solo un número limitado de entidades posee el poder de destruirse mutuamente, y una proliferación de actores potencialmente letales podría socavarla. Pero ¿podríamos descubrir algún otro equilibrio que convierta, de forma análoga, la vulnerabilidad en estabilidad?
Un modelo de no proliferación para las tecnologías emergentes
¿Cómo podemos crear marcos jurídicamente vinculantes para controlar las tecnologías emergentes potencialmente dañinas, sin impedir que la investigación genere innovación y crecimiento económico? Algunas lecciones podrían encontrarse en la historia del esfuerzo de no proliferación nuclear, aunque los paralelismos no serán exactos y ningún marco existente es capaz de abordar las tecnologías emergentes. Dado que los gobiernos enfrentan dificultades para alcanzar acuerdos, puede corresponder a la industria asumir el liderazgo.
Normas éticas para la enseñanza y el desarrollo de nuevas tecnologías
Las conversaciones sobre las normas éticas que deberían aplicarse entre educadores y desarrolladores de tecnologías emergentes se están produciendo en instituciones individuales, pero en distintas etapas. Necesitamos ampliar, fusionar y acelerar esas conversaciones para desarrollar directrices éticas comunes e integrarlas en la sociedad y en la cultura.
La necesidad de nuevos promotores
¿Quién podría liderar el debate y la promoción de normas éticas y de una acción política seria sobre las implicaciones para la seguridad de las tecnologías emergentes? El papel de las industrias directamente afectadas debería ser claro, pero otros promotores también podrían ser significativos; por ejemplo, en la comunidad de los videojuegos.
Un foro para el debate y el fomento de la acción conjunta
Aunque la cooperación entre Estados sigue siendo de suma importancia, no bastará, ya que la vertiginosa velocidad del cambio tecnológico irá muy por delante de la capacidad para regular y negociar tratados. Necesitamos con urgencia una plataforma seria y creíble para el diálogo multisectorial sobre todas las cuestiones anteriores, que fomente la comprensión de una preocupación y una responsabilidad compartidas.
Autores: Espen Barth Eide es director del Centro de Estrategias Globales y miembro del Consejo de Administración del Foro Económico Mundial; Anja Kaspersen es directora de Seguridad Internacional y miembro del Comité Ejecutivo del Foro Económico Mundial
Imagen: REUTERS/Kacper Pempel/Files


