Capitalismo de las partes interesadas es una serie de vídeos y pódcast que analiza cómo se pueden transformar las economías para que estén al servicio de las personas y el planeta.
En este episodio exploramos el papel de la tecnología en la sociedad y, en particular, el creciente poder de las mayores empresas tecnológicas.
Con las aportaciones de Zia Qureshi, investigador del Instituto Brookings; y Marietje Schaake, exmiembro neerlandesa del Parlamento Europeo.
Toda una generación de jóvenes no ha conocido un mundo sin acceso instantáneo al conocimiento, el entretenimiento y la comunicación: son nativos digitales que han crecido con internet y las redes sociales.
La vida transcurre tanto en línea como en el mundo real. Y casi todas las industrias utilizan ahora macrodatos, inteligencia artificial, automatización e internet de las cosas para mejorar sus procesos y productos.
Y eso ha supuesto un auge para las empresas que ofrecen esos servicios: compañías que no existían hace unos años y que ahora figuran entre las más grandes del mundo. Nacidas en un entorno de libre mercado, ¿significan ahora su tamaño y poder que dificultan, o incluso hacen imposible, que sus competidores prosperen e innoven?
¿Se está haciendo demasiado grande la gran tecnología?
Vea el debate con los destacados académicos Zia Qureshi y Marietje Schaake en el vídeo de arriba, o escuche aquí el pódcast:
Tecnología para el bien: transcripción completa del vídeo
Natalie Pierce: En el episodio de hoy exploraremos el tema de la tecnología y, en particular, el poder de mercado de las grandes empresas tecnológicas. Peter, ¿puedes plantear el problema que analizaremos en el episodio de hoy?
Peter Vanham: Por supuesto. Veamos algunos gráficos. Hablemos de las grandes empresas tecnológicas y de su impacto económico. Primero quiero mostrarles un gráfico con las mayores empresas del mundo según su capitalización bursátil. En 2004, su capitalización bursátil media rondaba los 250.000 millones de dólares. Para 2019, se había cuadruplicado y, en algunos casos, superaba el billón de dólares. ¿Y cuáles eran las empresas más grandes del mundo? En 2004 había todo tipo de compañías, industriales y de otros sectores. Para 2019, eran principalmente empresas tecnológicas, como Amazon, Apple y Microsoft: las grandes tecnológicas.

Veamos ahora qué ocurrió en la economía durante el mismo periodo. Quiero mostrarles dos cosas. La primera es lo que llamamos crecimiento de la productividad laboral: cuánto más rápido conseguimos producir cosas en un periodo determinado. Ese crecimiento de la productividad cayó de más del 2 % en 2004 a menos del 1 % en 2019. En otras palabras, no mejoramos mucho nuestra capacidad de producir cosas respecto a principios de siglo.
La segunda cosa que ocurrió fue que, durante ese mismo periodo, disminuyó la proporción de los ingresos correspondiente al 50 % de los trabajadores con menores ingresos. En 2004, en Estados Unidos, la proporción de los ingresos totales que recibía la mitad más pobre —o con menores ingresos— de la población era del 14,5 %. Para 2019, se acercaba al 13 %. Así que los trabajadores recibieron una proporción menor de los ingresos y, durante ese tiempo, el crecimiento de la productividad disminuyó.

Natalie Pierce: Entonces, si lo entiendo bien, el valor de las empresas aumenta drásticamente. Y, sin embargo, seguimos viendo una disminución de los ingresos de los trabajadores. ¿Qué relación hay entre estas dos tendencias?
Peter Vanham: Bueno, no lo sabemos. Creo que es algo que tenemos que averiguar.
Natalie Pierce: Nuestro primer invitado experto es Zia Qureshi. Es investigador del Instituto Brookings, donde estudia el desarrollo económico y la relación entre tecnología y productividad. Hola, Zia. Gracias por acompañarnos en el episodio de hoy.
Zia Qureshi: Hola. Es un placer acompañarlos a ambos.
Natalie Pierce: Zia, Peter acaba de mostrarnos un gráfico muy interesante. En él mostró que, a medida que crecían las grandes empresas tecnológicas, la productividad en realidad disminuía. Quería preguntarte si podrías hablarnos más de la correlación entre ambas cosas. Pero primero, define qué es la productividad y por qué importa para la productividad de nuestra economía.
Zia Qureshi: Es el nivel de eficiencia de una economía. Si se puede producir más con el mismo nivel de insumos, la productividad es mayor. También cuentan las mejores habilidades humanas, las mejoras en el capital organizativo y las distintas formas de organizar y gestionar las cosas. Para alcanzar el mismo nivel de crecimiento económico o aumentarlo, se necesita una mayor productividad laboral. La productividad no lo es todo, pero a largo plazo lo es casi todo.
Peter Vanham: Entonces, Zia, vemos ahora esta correlación entre el auge de las grandes empresas tecnológicas y el descenso del crecimiento de la productividad. ¿A qué se debe esta contradicción?
Zia Qureshi: A las empresas exitosas, las grandes tecnológicas, ahora gigantes tecnológicos, les va bien. El problema es que los beneficios del cambio tecnológico no se han difundido ampliamente por toda la economía. Hay varias razones por las que observamos este fenómeno. La competencia en los mercados ha disminuido. Cuando aumenta el poder monopolístico y se debilita la competencia, eso no favorece una difusión más amplia de las tecnologías ni la innovación futura, porque la competencia es una fuerza fundamental para promover esos resultados.
También importa la forma en que las grandes empresas ejercen su poder de mercado para mantener a raya a sus posibles competidores. Para las pequeñas y medianas empresas, hay muchos otros elementos complementarios que deben darse: las habilidades necesarias, la adaptación de la organización y la inversión en nuevas tecnologías. También influye la lenta respuesta de la oferta en los sistemas de educación y formación ante los cambios en la demanda de habilidades. Todos estos factores han influido.
Peter Vanham: Dijiste que han aumentado los monopolios y oligopolios. ¿A qué se debe? ¿Cómo se refleja eso en el mercado?
Zia Qureshi: Por ejemplo, en Estados Unidos, si se observa la proporción de las ventas totales del sector que corresponde a las tres o cuatro principales empresas, estas han captado una proporción cada vez mayor. Se estima que la proporción de las rentas —es decir, los beneficios que superan los que se obtendrían en condiciones de mercado competitivas— ha aumentado hasta cerca de una quinta parte de la renta nacional, frente a niveles insignificantes en los años 80. Es un aumento enorme.
Natalie Pierce: Retomando lo que acabas de decir, en el gráfico de Peter vimos que aumenta el valor de las grandes empresas tecnológicas, pero, al mismo tiempo, disminuyen los ingresos de la clase media. ¿Crees que las grandes tecnológicas tienen la culpa?
Zia Qureshi: Estos elementos están relacionados con la aparición de los gigantes tecnológicos, pero también hay un fenómeno más amplio: la tecnología y la naturaleza misma del cambio tecnológico han desplazado la demanda de mano de obra, que antes se centraba en habilidades de nivel bajo o medio, hacia habilidades de nivel superior. Esto ha aumentado significativamente la desigualdad de los ingresos laborales y ha provocado una polarización en los mercados, sobre todo porque disminuye la proporción de empleos que requieren habilidades rutinarias de nivel medio, ya que este tipo de trabajo se automatiza con mayor facilidad. Parte de esto se debe simplemente a los efectos macroeconómicos más amplios del cambio tecnológico y a cómo ha transformado el mercado laboral.
Natalie Pierce: Zia, al cerrar la primera parte de este episodio, ¿cuáles crees que son las medidas concretas que deben adoptar las políticas públicas?
Zia Qureshi: La tecnología ha provocado grandes transformaciones en los mercados, pero las políticas no se han adaptado a ellas de manera que produzcan mejores resultados. En cuanto al papel de las políticas públicas, es necesario reforzar y renovar la política de competencia. En primer lugar, por supuesto, hay que endurecer las normas antimonopolio. Más importante aún es responder a los nuevos desafíos regulatorios de la economía digital y regular los datos. En segundo lugar, hay que mejorar el ecosistema de innovación para que promueva la innovación y, al mismo tiempo, una difusión más amplia del conocimiento incorporado en las nuevas tecnologías, mediante la reforma de los sistemas de patentes. En tercer lugar, hay que reforzar la infraestructura que respalda la transformación digital para reducir la brecha digital en sus distintas manifestaciones. Hoy, el acceso a la banda ancha es tan importante como lo era el acceso a la electricidad en el siglo XX. En cuarto lugar, tenemos que reformar los sistemas de educación y formación para hacer hincapié en adquirir habilidades complementarias a las nuevas tecnologías. Hace falta mucha más inversión, y del tipo adecuado, para mejorar las habilidades de los trabajadores, capacitarlos para nuevas ocupaciones y promover el aprendizaje permanente, entre otras cosas.
También están los sistemas de protección social: debemos adaptarlos a los cambios en los mercados y en la naturaleza del trabajo para que apoyen mejor a los trabajadores durante su recapacitación y posterior transición a nuevos empleos. Si aplicamos políticas más receptivas en estas áreas, que se adapten mejor y más rápido a los cambios y transformaciones que está desencadenando la tecnología, el propio proceso de crecimiento será más inclusivo. Así, antes de plantearnos cómo redistribuir los beneficios del crecimiento, lograremos que el crecimiento mismo sea más inclusivo.
Peter Vanham: Así que, para que nuestra economía vuelva a ser más productiva y haya menos desigualdad, tendremos que hacer muchas cosas. Muchísimas gracias, Zia.
Zia Qureshi: Gracias, Peter. Disfruté mucho de esta conversación.
Peter Vanham: Nuestra segunda invitada es Marietje Schaake. Fue miembro del Parlamento Europeo por los Países Bajos y ahora estudia políticas tecnológicas en la Universidad de Stanford. Hola, Marietje.
Marietje Shaake: Hola, qué gusto verte.
Peter Vanham: Hoy analizamos el poder de las grandes empresas tecnológicas. Quiero empezar preguntándote: hemos visto, por supuesto, que las mayores empresas del mundo hoy son, efectivamente, tecnológicas. Son muy grandes. También has estudiado su poder de mercado y la estructura de los mercados en los que operan. ¿Podrías contarnos un poco más cómo son esos mercados?
Marietje Shaake: Hay un puñado de actores muy grandes y crece la preocupación por los abusos que estas grandes empresas tecnológicas podrían cometer con su poder de mercado. Hay perjuicios económicos: cabe preguntarse si los nuevos participantes podrán alguna vez ponerse al día. Pero también aumenta el debate en Estados Unidos y la Unión Europea sobre los perjuicios sociales derivados de que un puñado de empresas tenga un poder excesivo. Esto es especialmente relevante porque varias empresas son, en esencia, compañías de datos y publicidad, guiadas por intereses comerciales. No es de extrañar, pero ocupan muchos espacios donde se desarrolla el debate público y político. Por eso hay muchas preguntas sobre lo que significa que los gigantes de la publicidad diseñen la arquitectura de la información de nuestras sociedades democráticas. Diría que es un debate animado sobre cuál es el papel adecuado de las grandes tecnológicas en el mercado y dónde se ha vuelto excesivo y requiere regulación.
Peter Vanham: Marietje, hablas de este poder de mercado como si fuera evidente que existe. Pero ¿por qué tienen poder de mercado las grandes empresas? ¿Se debe a que operan en un mercado competitivo? No parece ser el caso. ¿O a que operan en un mercado monopolístico u oligopolístico? ¿Qué opinas?
Marietje Shaake: En mi opinión, no hay suficiente competencia. Además, las normas que tenemos para impedir la existencia de monopolios y cárteles, así como la discriminación de precios y los perjuicios a los consumidores, provienen de una época anterior a la expansión de estas grandes empresas tecnológicas.
Imaginemos un servicio por el que el consumidor, en esencia, no paga. Son servicios «gratuitos», por así decirlo. Pero, al mismo tiempo, el consumidor aporta todos los rastros de datos que deja: las amistades que hace, sus aficiones y sus compras. Para los gigantes de los datos, esta es la contribución más valiosa. Sin embargo, las normas que tenemos no permiten evaluar del todo si se trata de una propuesta justa. ¿Se evalúa el mercado para determinar si hay actores dominantes? ¿O todos esos datos acaban reunidos en un gran conjunto y deberíamos considerar que el mercado es, en realidad, el de los datos?
Otra forma en que estas grandes empresas tecnológicas han adquirido tanta relevancia y poder es mediante fusiones y adquisiciones. Su escala y tamaño también importan: si tienes miles de millones en el banco, es fácil comprar a un competidor antes de que siquiera tenga oportunidad. Así acumulas más datos y reduces la competencia. Es un círculo vicioso que tenemos que romper.
Natalie Pierce: Marietje, ¿la solución es simplemente una mayor regulación?
Marietje Shaake: No creo que haya soluciones sencillas, pero la regulación es sin duda parte de la respuesta. En Estados Unidos, durante mucho tiempo, Silicon Valley ha difundido el mensaje de que la regulación frena la innovación. Pero también ocurre lo contrario: si el mercado no es justo, se frena la innovación. Si solo hay un puñado de actores muy cómodos y adinerados, los pequeños competidores y las empresas emergentes innovadoras no tienen la oportunidad que merecen.
Considero que la regulación es una condición que hace posible la libertad y un marco para una sociedad abierta. Creo que es hora de dar el siguiente paso y preguntarnos «¿regular qué y para qué?», porque la regulación es un proceso que puede conducir a un sinfín de destinos distintos. También debemos examinar su contenido: ¿a qué conduce el proceso regulatorio y supone una mejora? De eso tratan las políticas públicas, y creo que las decisiones al respecto deben tomarse con mandatos públicos, no en salas de juntas como ocurre ahora. Hemos visto una privatización de las políticas públicas sin precedentes, que, a mi juicio, también requiere regulación para preservar la democracia y el tipo de proceso transparente, basado en el Estado de derecho, en el que creemos en las democracias.
Peter Vanham: Has dicho que otra forma de restablecer el equilibrio en los mercados es introducir algo que llamas empresas de «middleware». ¿Podrías hablarnos un poco más de esa idea?
Marietje Shaake: La idea del middleware es que se sitúe entre el usuario de internet y las grandes empresas tecnológicas, y pueda ayudarle a seleccionar la información que encuentra en internet según sus propias preferencias, y no las de los anunciantes o las grandes empresas tecnológicas. Imagina, por ejemplo, un middleware creado por las bibliotecas públicas que te ofrezca más resultados de búsqueda de literatura, o uno que pudiera crear la EFF, una organización de derechos civiles centrada en internet y los derechos digitales. Podrían, por ejemplo, ofrecer condiciones que protejan la privacidad cuando navegas por internet, entre otras cosas. Esta idea daría más capacidad de decisión a cada usuario de internet, más interoperabilidad y, por tanto, más competencia en estas plataformas de enorme poder. Y, con suerte, ofrecería más posibilidades para que cada persona eligiera por sí misma, en vez de recibir toda esta información sin saber realmente por qué ni cómo obtuvo esos resultados.
Natalie Pierce: Una posible solución sería que los consumidores reunieran sus datos para negociar colectivamente con las grandes empresas tecnológicas. Por supuesto, esta fue una solución que defendió el destacado empresario Andrew Yang. ¿Qué opinas de esta estrategia?
Marietje Shaake: Se habla mucho de cómo la gobernanza de los datos puede servir mejor al interés público y a los valores públicos, así como a las personas. Creo que los fideicomisos de datos, que probablemente reflejan la línea de pensamiento que él planteaba, son una idea interesante. Pero realmente depende de quién los gobierne. A mi juicio, un riesgo de estos fideicomisos es que podrían afianzar el modelo que convierte los datos en mercancía, mientras que, al menos en Europa, también existe la firme convicción de que, por ejemplo, el derecho a la privacidad y, por tanto, los datos personales son derechos fundamentales. No queremos adoptar un modelo en el que, por ejemplo, quienes puedan permitírselo paguen más para proteger mejor su privacidad, mientras se incentiva a los demás a intercambiar sus datos. Así que existe un riesgo real de que la gobernanza de los datos acabe convirtiéndose en una lucha de clases. Creo que sería un camino equivocado. Sí creo que necesitamos democratizar la gobernanza de los datos frente a las grandes empresas tecnológicas. Veo mucho potencial para reforzar los valores públicos y los derechos individuales y colectivos.
Peter Vanham: ¿Es un problema en sí mismo que las empresas de internet sean grandes?
Marietje Shaake: Lo cierto es que algunos mercados están dominados por muy pocas empresas, y eso puede conducir fácilmente a abusos, como hemos visto. Es importante que la supervisión independiente de productos y servicios se aplique también a las empresas tecnológicas, no solo mediante normas antimonopolio, sino también mediante la transparencia y una mejor protección de los principios contra la discriminación. De algún modo, han logrado reservarse una posición excepcional, y no creo que sea sostenible. Vemos una enorme erosión de la confianza en las empresas tecnológicas, por lo que también les interesa recuperarla. Creo que la única forma de lograrlo es establecer reglas claras y justas que puedan verificarse de manera independiente.
Natalie Pierce: Marietje, ¿cuál es tu propuesta concreta? ¿Qué políticas o regulaciones específicas recomendarías?
Marietje Shaake: Ojalá hubiera una solución mágica, pero no la hay. Por eso hará falta una serie de iniciativas que, por ejemplo, obliguen a ofrecer más transparencia en los anuncios políticos o en el tratamiento de los datos, como la microsegmentación: ¿por qué ve cada persona los anuncios que ve?
Otro aspecto es el acceso a la información. Existe un problema real, sobre todo ante el creciente uso de la inteligencia artificial: como personas, reguladores, periodistas o integrantes de la sociedad civil, necesitamos poder entender estos sistemas y conocer su funcionamiento. Cuanto más poderosos se vuelven, más importante es comprender cómo funcionan y que tanto las empresas como el público y la sociedad puedan aprender sobre ellos.
Hemos hablado mucho de las normas antimonopolio. Creo que hay que reforzar las normas de competencia antimonopolio. También me entusiasman bastante las propuestas que están surgiendo en la Unión Europea en materia de gobernanza de datos y el plan de acción para la democracia, cuyo objetivo es proteger la democracia por sí misma. Todo esto está interrelacionado. Muchas veces se trata de ajustar una palanca y asegurarse de que eso no tenga efectos colaterales. El impacto de la revolución digital y el hecho de que haya un puñado de actores dominantes son enormes, pero es importante analizar todos los ámbitos en los que se sienten los perjuicios: desde el trato injusto a las minorías o a las personas de categorías vulnerables hasta la falta de oportunidades para las nuevas empresas que no logran abrirse paso en el entorno actual.
Queda mucho por hacer, y espero que podamos seguir conversando sobre cómo es el mercado, por qué importa prácticamente a todo el mundo y qué se puede hacer para que sea justo, seguro y abierto.
Natalie Pierce: Muchísimas gracias, Marietje, por acompañarnos y compartir tus valiosas reflexiones. A continuación, nuestro análisis posterior al partido.
En el episodio de hoy analizamos el poder de mercado de las grandes empresas tecnológicas y nos preguntamos: ¿son demasiado grandes? Esto nos lleva a nuestro análisis posterior al partido. Peter, me pareció especialmente llamativa la paradoja que presentaron tú y Zia. Vivimos en la era moderna de una enorme innovación tecnológica y, sin embargo, vemos disminuir la productividad, que ha sido un importante motor del crecimiento económico. Me sorprendió mucho.
Peter Vanham: Sí, es sorprendente y, sin duda, una paradoja. Y eso nos lleva a preguntarnos: ¿qué salió mal? Una posible explicación, bastante sólida, es que la concentración del mercado ha aumentado. Las empresas que han generado este enorme progreso tecnológico, de hecho, se aferran a él con demasiada fuerza como para que se traduzca en un progreso social y económico más amplio.
Natalie Pierce: Por suerte, Zia no solo presentó los desafíos, sino también algunas soluciones y posibles vías de avance.
Peter Vanham: Sí, así es. Una vez establecido que el problema es la estructura del mercado y la falta de competencia, la solución consiste en restablecer la competencia. Hay que asegurarse de que suficientes nuevos participantes puedan entrar y generar competencia, crecer en los mercados y convertirse en competidores de las grandes empresas ya establecidas. Y, por supuesto, está la cuestión de las políticas fiscales. Hay que asegurarse de que esa empresa tan, tan grande pague la parte justa de impuestos, y reformar esas políticas fiscales si es necesario. Esas dos soluciones me parecieron destacables.
Natalie Pierce: Sí, el tema de la reforma de las políticas públicas también surgió en las conclusiones de Marietje. Habló en particular de la necesidad de reformarlas para proteger la privacidad digital y también para asegurar y salvaguardar la democracia. Así que presentó soluciones no solo para combatir las consecuencias económicas, sino también algunas de las consecuencias sociales de las grandes empresas tecnológicas.
Peter Vanham: Sí, porque, por supuesto, hemos analizado el impacto de la tecnología principalmente desde la perspectiva de la economía. Pero, por supuesto, también está la cuestión de sus consecuencias para la sociedad. Hay que garantizar una mayor privacidad digital, que los datos estén mejor protegidos y que tengamos control sobre ellos. Esto, a su vez, también puede favorecer una mayor competencia en el mercado. Así que todo vuelve a la cuestión de la concentración del mercado y de restablecer la competencia.
Natalie Pierce: Gracias, Peter. ¡Qué conversación tan reveladora! Parece que apenas hemos arañado la superficie, pero espero que sigamos hablando más sobre el tema.
Con esto llegamos al final del episodio de hoy. Gracias por acompañarnos y esperamos verles en el episodio final de nuestra serie, en el que exploraremos los pasos concretos necesarios para implementar el capitalismo de las partes interesadas. ¡Hasta la próxima!
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