Pasar a la conducción sin conductor

Alan Murray, Chief Content Officer, Time, USA.Violeta Bulc, Commissioner, Transport, European Commission, Brussels.Carlos Ghosn, Chairman and Chief Executive Officer, Renault-Nissan Alliance, France.Paul E. Jacobs, Executive Chairman, Qualcomm, USA.Wendell Wallach, Scholar, Interdisciplinary Center for Bioethics, Yale University, USA.speaking during the Session "Shifting Gears to Driverless" at the Annual Meeting 2017 of the World Economic Forum in Davos, January 20, 2017Copyright by World Economic Forum / Mattias Nutt
Image: Mattias Nutt
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Los coches sin conductor están llegando rápidamente, pero quizá no de la forma que espera. Estas son algunas ideas erróneas habituales, aclaraciones y preguntas aún pendientes.

Sin conductor no es lo mismo que autónomo

Un coche autónomo tiene un conductor, pero cuenta con tecnología que le permite elegir no conducir durante cierto tiempo. El conductor permanece al volante y puede decidir en cualquier momento volver a tomar el control. Los coches autónomos también pueden programarse para avisar al conductor y devolverle el control en determinadas situaciones: por ejemplo, cuando se requiere tomar una decisión difícil o cuando el coche está saliendo de una zona delimitada donde se permite la conducción autónoma. Un coche sin conductor no tiene a ninguna persona que lo controle desde el interior. La navegación queda bajo la responsabilidad permanente de la programación o del control externo.

Los coches autónomos ya están en el mercado; los coches sin conductor llegarán en un plazo de cinco años

Las principales empresas automovilísticas ya venden coches autónomos al mercado masivo. En Japón, Nissan vende una miniván que ofrece, como opción, la capacidad de conducir de forma autónoma en un carril especialmente reservado de ciertas autopistas. Según Carlos Ghosn, presidente y director ejecutivo de la Alianza Renault-Nissan, Francia, la mayoría de los consumidores que compran esta miniván optan por pagar más por la opción autónoma. «Los consumidores prefieren más comodidad y menos estrés», afirma. Predice que para 2018 los coches autónomos podrán circular por autopistas de varios carriles y que en 2021 o 2022 veremos la venta masiva de coches realmente sin conductor.

La tecnología no es un obstáculo para los coches sin conductor

Los prototipos de coches sin conductor ya funcionan en entornos controlados. Aunque todavía no se haya instalado la tecnología necesaria para los coches sin conductor a escala de mercado masivo, esto no supondrá un reto significativo. El principal requisito es una red inalámbrica 5G extremadamente fiable para que los coches puedan conectarse entre sí sin interrupciones y casi al instante. Esta conectividad es necesaria para que los coches no solo perciban lo que los rodea, sino que también se comuniquen para evitar accidentes y optimizar la experiencia de conducción. «Un teléfono inteligente podría ofrecer gran parte de esta conectividad para los coches», afirma Paul E. Jacobs, presidente ejecutivo de Qualcomm, Estados Unidos. «Eso ayudará a reducir los costes». Predice que esta tecnología probablemente estará lista para un uso generalizado en 2020.

El riesgo aparece en la interacción entre las personas y las máquinas

Los coches autónomos y de conducción automática pueden programarse para crear un entorno seguro, mucho más seguro que la situación actual del transporte, en la que más de 1,2 millones de personas mueren cada año en accidentes de tráfico. Pero ¿qué ocurre cuando un coche autónomo devuelve el control a un conductor que quizá estaba durmiendo una siesta o viendo una película? Y dado que durante muchos años la mayoría de los coches estarán bajo el control de conductores humanos, ¿qué ocurre si los coches no autónomos (o los peatones) no actúan racionalmente o conforme a las probabilidades? Estos puntos de fricción explican por qué el despliegue inicial de los coches autónomos se está llevando a cabo en un entorno controlado —un carril exclusivo de autopista— y por qué los coches de conducción automática también podrían introducirse primero en espacios controlados, como centros urbanos o campus empresariales.

La sociedad aún tiene muchas preguntas que responder

Una cuestión moral ya se ha vuelto famosa: ¿qué debería hacer un coche de conducción automática si tuviera que elegir entre salvar la vida de su conductor o salvar la vida de un mayor número de personas que viajan en otro coche? La mayoría responde que el coche debería optar por salvar al mayor número de personas, pero probablemente tampoco viajaría en un coche que sacrificara su vida para salvar a otras. Los organismos reguladores y los grupos del sector tendrán que tomar decisiones difíciles sobre la rendición de cuentas: ¿quién pagará las consecuencias cuando haya accidentes y nadie esté al volante? Entre las demás cuestiones pendientes figuran la ciberseguridad —cómo mantener esta red de conducción autónoma a salvo de los piratas informáticos— y el desempleo que podrían generar los coches sin conductor. La tecnología también creará nuevos empleos, pero dista mucho de estar claro que los trabajadores desplazados estén preparados para ocuparlos. Esto podría avivar aún más las tensiones políticas populistas.

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